BAUTISMO DEL SEÑOR - CICLO A
Domingo 11 de enero de 2026
PRIMERA LECTURA:
"Mirad a mi siervo, en quien
me complazco” (Isaías 42,1-4.6-7)
Lectura del libro de Isaías.
Esto dice el Señor: «Mirad a mi
siervo, a quien sostengo; mi elegido, en quien me complazco. He puesto mi
espíritu sobre él, manifestará la justicia a las naciones. No gritará, no
clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, la mecha
vacilante no la apagará. Manifestará la justicia con verdad. No vacilará ni se
quebrará, hasta implantar la justicia en el país. En su ley esperan las islas. Yo,
el Señor, te he llamado en mi justicia, te cogí de la mano, te formé e hice de
ti alianza de un pueblo y luz de las naciones, para que abras los ojos de los
ciegos, saques a los cautivos de la cárcel, de la prisión a los que habitan en
tinieblas».
Palabra de Dios.
SALMO:
"El Señor bendice a su
pueblo con la paz” (Salmo 28)
R. El Señor bendice a su pueblo con la paz.
- V. Hijos de Dios, aclamad al Señor,
aclamad la gloria del nombre del
Señor,
postraos ante el Señor en el
atrio sagrado. /R.
- V. La voz del Señor sobre las aguas,
el Señor sobre las aguas
torrenciales.
La voz del Señor es potente,
la voz del Señor es magnífica. /R.
- V. El Dios de la gloria ha tronado.
En su templo, un grito unánime:
«¡Gloria!».
El Señor se sienta sobre las
aguas del diluvio,
el Señor se sienta como rey
eterno. /R.
SEGUNDA LECTURA:
"Ungido por Dios con la
fuerza del Espíritu Santo” (Hechos 10, 34-38)
Lectura del libro de los Hechos
de los Apóstoles.
En aquellos días, Pedro tomó la
palabra y dijo: «Ahora comprendo con toda verdad que Dios no hace acepción de
personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la
nación que sea. Envió su palabra a los hijos de Israel, anunciando la Buena
Nueva de la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos. Vosotros conocéis lo
que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que
predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del
Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el
diablo, porque Dios estaba con él».
Palabra de Dios.
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Se abrieron los cielos y se oyó la voz del
Padre: «Este es mi Hijo, el amado; escuchadlo».
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
EVANGELIO:
"Se bautizó Jesús y vio que
el Espíritu de Dios se posaba sobre Él” (Mateo 3, 13-17)
En aquel tiempo vino Jesús desde
Galilea al Jordán y se presenta a Juan para que lo bautice. Pero Juan intentaba
disuadirlo diciéndole: «Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes
a mí?». Jesús le contestó: «Déjalo ahora. Conviene que así cumplamos toda
justicia». Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del
agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una
paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz de los cielos que decía: «Este es
mi Hijo amado, en quien me complazco».
Palabra del Señor.
MARCADOS
VER. -
Hay personas a las que, sin que
lo especifiquen, ‘se les nota’ en qué ambientes han crecido o qué trabajo han
realizado o realizan, porque hay circunstancias del entorno familiar,
educativo, laboral… que nos ‘marcan’. Quizá no seamos muy conscientes de esas
circunstancias, pero lo cierto es que influyen poderosamente en la formación de
la personalidad, y determinan el modo en que nos desenvolvemos en nuestra vida
y, por tanto, se manifiestan en nuestras obras.
JUZGAR. -
Hay una circunstancia de la que
no solemos ser muy conscientes, y que debería habernos ‘marcado’ y determinar
completamente el modo en que nos desenvolvemos en nuestra vida: el Bautismo. La
mayoría lo hemos recibido de pequeños y no hemos caído en la cuenta (ni nos lo
han recordado lo suficiente) de la importancia que tiene este Sacramento, el
primero de los siete.
Hoy celebramos la fiesta del
Bautismo del Señor y, contemplando a Jesús recibiendo el Bautismo, debemos
recordar algo que a menudo pasamos por alto: «El Bautismo imprime en el
cristiano un sello espiritual indeleble (“carácter”) de su pertenencia a Cristo».
El Bautismo nos ‘marca’ para siempre, y esto no es sólo un concepto teológico:
es algo que afecta, o debería afectar, a toda nuestra vida, porque si el
Bautismo nos ‘marca’ o imprime carácter, eso significa que nuestras palabras,
pensamientos, decisiones, acciones… deben manifestar este ‘carácter’, siendo
fieles al Bautismo recibido.
Hemos escuchado que “apenas se
bautizó Jesús, se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios se posaba
sobre Él. Y vino una voz de los cielos”: «Éste es mi Hijo amado, en quien me
complazco»”. Contemplando a Jesús en su Bautismo, vamos a recordar lo que nos
ofrece este Sacramento:
Es el fundamento de toda la vida
cristiana. Nos da una vida nueva como hijos de Dios, capaces de creer en Él, de
esperar en Él y de amarlo. Nos une a la muerte y resurrección de Cristo. Nos
concede poder vivir y obrar guiados por el Espíritu Santo. También nos
incorpora a la Iglesia, y nos hace partícipes de su misión evangelizadora. Todo
esto debería ‘marcarnos’ y ser determinante para desenvolvernos en nuestra vida
cotidiana. Sin embargo, no solemos tener presente todo lo que hemos recibido en
el Bautismo; suele quedar como ‘algo del pasado’, y son multitud los que lo
recibieron en su día pero ahora no influye para nada en su vida. Y demasiadas
veces lo que participamos asiduamente en la vida de la Iglesia pero vivimos una
fe superficial, cómoda, rutinaria, de mero cumplimiento.
Sin embargo, como indica el
Catecismo, «en todos los bautizados, niños o adultos, la fe debe crecer después
del Bautismo» (1254). El Bautismo nos compromete a seguir creciendo y madurando
como cristianos para seguir el ejemplo de Jesús, “ungido por Dios con la fuerza
del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien… porque Dios estaba con Él”.
Nosotros hemos recibido el mismo Espíritu que bajó sobre Jesús, Él nos ha
‘marcado’ y ese carácter debemos manifestarlo en nuestras palabras y obras y en
el estilo con que las realizamos, porque uno de los indicios por los que se
debería notar que una persona es cristiana es el modo en que se desenvuelve en
su vida cotidiana y en su relación con los demás: “No gritará, no clamará, no
voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, la mecha vacilante no
la apagará…” Apliquemos esto a hechos concretos de nuestro día a día, y
descubriremos cuántas ocasiones tenemos para que se nos note el Bautismo y la
‘marca’, el carácter que nos confiere.
ACTUAR. -
¿Se me nota el ambiente en que he
crecido, la educación recibida, el trabajo que realizo…? ¿Me siento ‘marcado’
por el Bautismo, tengo presente todo lo que he recibido, se me nota en mi vida
cotidiana, en mis palabras, pensamientos, decisiones y acciones? ¿Vivo la fe de
forma cómoda y rutinaria, o participo en lo que me permite crecer y madurar en
la fe?
Con la fiesta del Bautismo del
Señor termina el tiempo de Navidad. Mañana iniciamos el Tiempo Ordinario, lo
cual no significa que sea de menor importancia. Precisamente es en el día a día
donde debemos manifestar nuestro Bautismo para continuar, como hijos amados del
Padre y ‘marcados’ con la fuerza del Espíritu Santo, la misión evangelizadora
que Cristo nos ha encomendado.