lunes, 11 de febrero de 2019

EJERCICIOS ESPIRITUALES 2019



DOMINGO V DE TIEMPO ORDINARIO

COMENTARIO AL EVANGELIO

HISTORIA PROGRESIVA HACIA DIOS
1. Nos vemos pequeños y pecadores ante la grandeza de Dios. Para poder conocer a Dios es necesario en primer lugar descubrirnos pequeños ante Él. Ante la grandeza de Dios, Isaías se re-conoce pecador. Del mismo modo, san Pablo, al contarle su experiencia de fe a los Corintios, en la segunda lectura, afirma de sí mismo: “yo soy el menor de los Apóstoles, y no soy digno de llamarme apóstol, porque he perseguido a la Iglesia de Dios”. Final-mente, san Pedro, tras la pesca milagrosa, al ver las maravillas que Dios hace al sacar la red repleta de peces, se arroja a los pies del Señor y exclama: “apártate de mí, Señor, que soy un pecador”. Todo ello nos muestra que el primer paso que hemos de dar para poder conocer a Dios y descubrir su amor es descubrir-nos pequeños ante su grandeza y reconocernos pecadores ante Él.
2. Pero Dios nos purifica y salva. El segundo paso es experimentar el perdón de Dios. El profeta Isaías, en su visión, ve cómo uno de los serafines vuela hacia él con un ascua en la mano que había cogido del altar y la acerca a sus labios purificándolos, y el serafín le dice: “Mira, esto ha tocado tus labios, ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado”. Por su parte, san Pablo, más adelante añade que ha sido la gracia de Dios la que le ha hecho apóstol, a pesar de ser un perseguidor, y asegura que su gracia no se ha frustrado en él. Finalmente, san Pedro, al reconocerse pecador ante Jesús en la barca, escucha cómo el Señor le dice: “desde ahora serás pescador de hombres”. Dios no se fija tanto en nuestro pecado, sino que lo borra y lo hace desaparecer cuando nos postramos arrepentidos ante Él y nos reconocemos pecadores.
3. Y purificados y salvados, Dios nos envía para una misión. Pero la historia no termina aquí. La fe verdadera nos saca de nosotros mismos y nos manda para que vayamos donde Él nos envíe.
Cada uno de nosotros, al celebrar esta Eucaristía, celebramos y experimentamos en nosotros el amor de Dios. Salgamos dispuestos a contagiar el amor de Dios, un amor misericordioso, al mundo entero.


jueves, 27 de diciembre de 2018

MENSAJE URBI ET ORBI
DEL SANTO PADRE FRANCISCO

NAVIDAD 2018

Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz Navidad!
A vosotros, fieles de Roma, a vosotros, peregrinos, y a todos los que estáis conectados desde todas las partes del mundo, renuevo el gozoso anuncio de Belén: «Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad» (Lc 2,14).
Como los pastores, que fueron los primeros en llegar a la gruta, contemplamos asombrados la señal que Dios nos ha dado: «Un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre» (Lc 2,12). En silencio, nos arrodillamos y adoramos.
¿Y qué nos dice este Niño, que nos ha nacido de la Virgen María? ¿Cuál es el mensaje universal de la Navidad? Nos dice que Dios es Padre bueno y nosotros somos todos hermanos.
Esta verdad está en la base de la visión cristiana de la humanidad. Sin la fraternidad que Jesucristo nos ha dado, nuestros esfuerzos por un mundo más justo no llegarían muy lejos, e incluso los mejores proyectos corren el riesgo de convertirse en estructuras sin espíritu.
Por eso, mi deseo de feliz Navidad es un deseo de fraternidad.
Fraternidad entre personas de toda nación y cultura.
Fraternidad entre personas con ideas diferentes, pero capaces de respetarse y de escuchar al otro.
Fraternidad entre personas de diversas religiones. Jesús ha venido a revelar el rostro de Dios a todos aquellos que lo buscan.
Y el rostro de Dios se ha manifestado en un rostro humano concreto. No apareció como un ángel, sino como un hombre, nacido en un tiempo y un lugar. Así, con su encarnación, el Hijo de Dios nos indica que la salvación pasa a través del amor, la acogida y el respeto de nuestra pobre humanidad, que todos compartimos en una gran variedad de etnias, de lenguas, de culturas…, pero todos hermanos en humanidad.
Entonces, nuestras diferencias no son un daño o un peligro, son una riqueza. Como para un artista que quiere hacer un mosaico: es mejor tener a disposición teselas de muchos colores, antes que de pocos.
La experiencia de la familia nos lo enseña: siendo hermanos y hermanas, somos distintos unos de otros, y no siempre estamos de acuerdo, pero hay un vínculo indisoluble que nos une, y el amor de los padres nos ayuda a querernos. Lo mismo vale para la familia humana, pero aquí Dios es el “padre”, el fundamento y la fuerza de nuestra fraternidad.
Que en esta Navidad redescubramos los nexos de fraternidad que nos unen como seres humanos y vinculan a todos los pueblos. Que haga posible que israelíes y palestinos retomen el diálogo y emprendan un camino de paz que ponga fin a un conflicto que ―desde hace más de setenta años― lacera la Tierra elegida por el Señor para mostrar su rostro de amor.
Que el Niño Jesús permita a la amada y martirizada Siria que vuelva a encontrar la fraternidad después de largos años de guerra. Que la Comunidad internacional se esfuerce firmemente por hallar una solución política que deje de lado las divisiones y los intereses creados para que el pueblo sirio, especialmente quienes tuvieron que dejar las propias tierras y buscar refugio en otro lugar, pueda volver a vivir en paz en su patria.
Pienso en Yemen, con la esperanza de que la tregua alcanzada por mediación de la Comunidad internacional pueda aliviar finalmente a tantos niños y a las poblaciones, exhaustos por la guerra y el hambre.
Pienso también en África, donde millones de personas están refugiadas o desplazadas y necesitan asistencia humanitaria y seguridad alimentaria. Que el divino Niño, Rey de la paz, acalle las armas y haga surgir un nuevo amanecer de fraternidad en todo el continente, y bendiga los esfuerzos de quienes se comprometen por promover caminos de reconciliación a nivel político y social.
Que la Navidad fortalezca los vínculos fraternos que unen la Península coreana y permita que se continúe el camino de acercamiento puesto en marcha, y que se alcancen soluciones compartidas que aseguren a todos el desarrollo y el bienestar.
Que este tiempo de bendición le permita a Venezuela encontrar de nuevo la concordia y que todos los miembros de la sociedad trabajen fraternalmente por el desarrollo del país, ayudando a los sectores más débiles de la población.
Que el Señor que nace dé consuelo a la amada Ucrania, ansiosa por reconquistar una paz duradera que tarda en llegar. Solo con la paz, respetuosa de los derechos de toda nación, el país puede recuperarse de los sufrimientos padecidos y reestablecer condiciones dignas para los propios ciudadanos. Me siento cercano a las comunidades cristianas de esa región, y pido que se puedan tejer relaciones de fraternidad y amistad.
Que delante del Niño Jesús, los habitantes de la querida Nicaragua se redescubran hermanos, para que no prevalezcan las divisiones y las discordias, sino que todos se esfuercen por favorecer la reconciliación y por construir juntos el futuro del país.
Deseo recordar a los pueblos que sufren las colonizaciones ideológicas, culturales y económicas viendo lacerada su libertad y su identidad, y que sufren por el hambre y la falta de servicios educativos y sanitarios.
Dirijo un recuerdo particular a nuestros hermanos y hermanas que celebran la Natividad del Señor en contextos difíciles, por no decir hostiles, especialmente allí donde la comunidad cristiana es una minoría, a menudo vulnerable o no considerada. Que el Señor les conceda ―a ellos y a todas las comunidades minoritarias― vivir en paz y que vean reconocidos sus propios derechos, sobre todo a la libertad religiosa.
Que el Niño pequeño y con frío que contemplamos hoy en el pesebre proteja a todos los niños de la tierra y a toda persona frágil, indefensa y descartada. Que todos podamos recibir paz y consuelo por el nacimiento del Salvador y, sintiéndonos amados por el único Padre celestial, reencontrarnos y vivir como hermanos.
 


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SALUDO NAVIDEÑO DEL PÁRROCO

Navidad con Niño
Felicitación del párroco
Es curioso que en nuestro mundo secularizado la navidad cada vez se haga más extensa. Es curioso, pero explicable.
Por un lado la economía de consumo necesita estar permanentemente estimulando a los “consumidores” para que no pare la maquinaria y se ve que las “fiestas de invierno” o el “sol invicto” no tienen tanto tirón comercial como la Navidad. Es verdad que las tarjetas de Navidad (en inglés Chrismas) son cada vez más pudorosas y huyen de portales de Belén para centrarse en árboles, estrellas y copos de nieve pero las fiestas y el sorteo (que parece haberse convertido en la nueva, y antigua liturgia del dios dinero, siguen llamándose de Navidad (en latín Nativitas, que significa nacimiento). Sin saberlo, y algunos sin quererlo nos vemos estimulados y agitados por el nacimiento de un niño al que muchos parecen querer ignorar.
Por otro lado, esta gran fiesta del consumo es fiesta de los regalos y hasta en la publicidad se nos recuerda que el mejor regalo es regalar-nos a los demás, hacernos presentes a los demás. Que de nada sirve un presente, por muy bien envuelto que esté, si no nos hacemos presentes amorosamente a quienes necesitan y gustan de nuestro amor. Así, por poner solo un par de ejemplos, una marca de muebles nos invita a dejar de lado el móvil y escucharnos unos a otros y una marca de coches nos invita a encontrarnos en vez de llamarnos.
Este “buen rollo” que induce la Navidad sería ya una victoria del Niño que nace. Alguien pensaría incluso que se trata de la mejor victoria del Amor: causar bien a los que amamos pasando desapercibidos. Sin embargo ocurre a veces como cuando comemos mucho dulce, que resulta empalagoso si no tiene algo consistente. De hecho no es difícil encontrar personas que nos dicen que no les gusta la Navidad, que los pone tristes o que les parece hipócrita tantos buenos deseos deseados solo porque toca.


A mí no se me ocurre otra salida que reivindicar una Navidad con Niño Jesús. Solo desde la presencia del Amor hecho carne, cobran sentido los gestos de amor responsable (porque son respuesta al amor primero que es Cristo); solo desde la experiencia de sentirse regalado por Dios que se nos da en Jesús, se llena de contenido el regalarnos unos a otros como él nos ha regalado; solo desde la conciencia de que el que era rico se ha hecho pobre por amor a nosotros adquieren plena fecundidad nuestros buenos deseos que se hacen carne en la solidaridad entre nosotros, y en especial con los más pobres.
Por todo esto y mucho más:


Mejor Navidad con Niño Jesús

FIESTAS QUE NOS AYUDAN A REFORZAR NUESTRA IDENTIDAD DE HIJOS DE DIOS

COMENTARIO DEL EVANGELIO
En la primera lectura de este domingo 4º de Adviento, escuchamos la profecía de Miqueas, que subraya el origen humilde de la ciudad de Belén. A pesar de su pequeñez, Belén es una ciudad importante, pues de ella procede el rey David.
Dios no sólo ha escogido la sencillez por la ciudad en la que ha decidido nacer, sino que también lo vemos en la sencillez de la mujer que ha escogido como Madre de su Hijo. María se reconoce a sí misma como esclava, mujer sencilla en la que Dios se ha fijado para hacer cosas grandes. María es ejemplo para nosotros de sencillez y humildad.
Esa sencillez y humildad es la que queda bien patente en la fiesta de la Navidad, cuando en el Evangelio, San Juan nos dice que La palabra se hizo carne y acampó entre nosotros. La Navidad es el misterio del amor de Dios que quiere hablarnos personalmente, al corazón de cada uno. Es el misterio de una Palabra tan fuerte, tan de verdad, que se hace carne. Ya lo dijo San Agustín: “Dios se hace un poco más hombre, para que el hombre se haga un poco más Dios”
Esa sencillez y humildad, son las virtudes que Dios espera que se impartan, con el buen ejemplo, en toda familia cristiana.
La familia ha sido y sigue siendo fundamental para cada uno de nosotros, pues de la familia hemos recibido la educación primera y más importante, en ella hemos forjado nuestra propia personalidad, en nuestra familia nos apoyamos cuan-do tenemos alguna necesidad, y en familia celebramos los acontecimientos más importantes de nuestra vida. Pues del mismo modo que para cualquier persona huma-na la familia es importante, Dios, al tomar la condición humana, nace también en una familia. Es hermoso imaginar cómo Jesús, desde su nacimiento, iría educándose y creciendo de la mano de María, su madre, y de san José.
No hay conciencia hoy de la importancia que tiene la familia, y tampoco se favorece que crezca esta importancia en la conciencia de las nuevas generaciones. Hoy no se valora a los ancianos, ni se buscan medidas que protejan a los más pequeños, incluso a los no nacidos. No hay medidas de ayuda a la maternidad, ni a las familias numerosas. No se favorece la conciliación entre el trabajo y la familia. Y así es hoy muy frecuente encontrar familias que sufren, que pasan por crisis a veces muy duras.
Pero no sólo tenemos la familia carnal. Hay otra familia mucho más grande y también muy importante para nosotros: es la familia de la Iglesia. Porque todos somos hijos de Dios por medio de Jesucristo, todos somos también hermanos. Y por tanto, todos los cristianos distribuidos por todo el mundo somos miembros de una misma familia que es la Iglesia.
Y como cualquier familia, la Iglesia también se reúne alrededor de una mesa para celebrar los acontecimientos más importantes y para compartir el día a día de la vida de familia. La mesa alrededor de la cual se reúne la familia de la Iglesia es el altar de la Eucaristía. Cada domingo nos reunimos los cristianos para celebrar lo me-jor que tenemos en nuestra familia: el amor de Dios Padre que se nos manifiesta en el Hijo.
Que todos nosotros, hijos de Dios por Jesucristo, nos sintamos miembros de la familia de la Iglesia, que en ella aprendamos a vivir el amor, a compartir y a ayudarnos mutuamente, viviendo entre nosotros lo que hoy nos enseña la Sagrada Familia de Nazaret.

miércoles, 19 de diciembre de 2018

RECOGIDA DE ALIMENTOS NAVIDAD DE 2018


III DOMINGO DE ADVIENTO

COMENTARIO AL EVANGELIO
LA ALEGRÍA POR LA LLEGADA DEL SEÑOR
 “Estad siempre alegres en el Señor”. Esta llamada a la alegría llena la liturgia de este domingo gaudete, domingo de la alegría. Ya en la primera lectura, del profeta Sofonías, escuchamos una esperanzadora invitación a estar alegres. Sofonías se dirige a la ciudad de Jerusalén, la hija de Sión, que ha vivido un tiempo de castigo y de penuria. Pero ahora le llama a llenarse de alegría, pues el Señor está en medio de ella, Él es su rey, la protege, y por eso ya no tiene nada que temer. Esta misma llamada a la alegría la encontramos en la segunda lectura, en la que Pablo exhorta a los filipenses a estar siempre alegres en el Señor, pues Él está cerca. Esta cercanía del Señor trae tranquilidad, pues ya nada nos debe preocupar ya que Dios nos escucha siempre, y trae también la paz. También nosotros, que estamos preparando la venida del Señor, hemos de vivir alegres, pues Dios nos trae la salvación, la paz, y ya no hemos de temer nada. Nosotros, que estamos preparando el camino al Señor en este Adviento, hemos de vivir y contagiar esta alegría por la cercanía de Dios con nosotros. “¿Qué hemos de hacer?”. En el Evangelio de este domingo, continuación del Evangelio del domingo pasado, varias personas le preguntan al Bautista qué han de hacer. Juan está llamando a la conversión para preparar la venida del Mesías. Y los que le escuchan le preguntan qué han de hacer para preparar ese camino al Señor. Con la sencillez propia del Bautista, éste responde a cada pregunta explicando en qué consiste la conversión. En primer lugar es la gente que acude a bautizarse la que le pregunta a Juan el Bautista “¿entonces, qué hacemos?”. La respuesta es compartir: aquellos que tienen que compartan con quienes no tienen. En definitiva, se trata de dejarnos un poco a nosotros mismos para darnos a los demás. A continuación se acercan los publicanos y también preguntan a Juan qué han de hacer, a lo que Juan responde: “no exijáis más de lo establecido”. Es la justicia lo que pide Juan. Mientras que a los que venían a bautizarse con espíritu de conversión Juan les pide la misericordia y la solidaridad compartiendo sus bienes, a los publicanos les pide que comiencen practicando la justicia, no exigiendo a los demás más de lo que es debido. Finalmente se acercan unos soldados preguntando también qué han de hacer, a lo que Juan responde que no hagan extorsión, que no se aprovechen de su estatus, sino que se contenten con la paga. Hoy, también nosotros, que deseamos convertirnos para preparar el camino al Señor, le preguntamos a Jesús qué hemos de hacer. Cada uno de nosotros escuchamos qué quiere Dios de nosotros. Él no nos pide cosas abstractas, sino más bien concretas, adaptadas a nuestra vida. ¿Qué tengo que hacer yo? Es una buena pregunta que podemos hacernos en este domingo.

miércoles, 12 de diciembre de 2018

ORFEÓN DE JAÉN

El próximo domingo, día 16 de diciembre, después de la misa de 19:30 horas, el Orfeón de Jaén nos ofrecerá un repertorio de Villancicos en nuestra parroquia, esperamos vuestra asistencia.

II DOMINGO DE ADVIENTO

COMENTARIO AL EVANGELIO
LA FIGURA DE JUAN EL BAUTISTA
En este segundo domingo de Adviento irrumpe con fuerza la figura de Juan el Bautista, que aparecerá tanto en este segundo domingo como en el tercer domingo de Adviento. El Bautista, junto con el profeta Isaías y con María, cuya Concepción Inmaculada celebrábamos ayer, son los personajes que de modo particular nos acompañan en este tiempo de Adviento.
“Vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto”. Comienza san Lucas este relato con una solemne introducción histórica, detallando minuciosamente el momento exacto de la historia en el que aparece Juan. Esto nos indica dos cosas. Por un lado la historicidad de la persona del Bautista. Por otro lado, el Evangelista nos hace ver la diferencia entre los distintos gobernantes, tanto romanos como judíos, que vivían rodeados de lujo y de poder, con la sencillez de Juan el Bautista. Éste aparece con humildad en el desierto, que es el lugar del silencio, y precisamente por esto es también el lugar donde se escucha la palabra de Dios. Es Dios quien desea llevar adelante su proyecto de salvación para los hombres, por eso es Él quien llama a Juan, le envía su palabra, para que predique la conversión.
“Una voz grita en el desierto: preparad el camino del Señor, allanad sus senderos”. En el desierto Juan el Bautista predica un bautismo de conversión. Es la primera llamada que Dios hace a los hombres: volver de nuevo el corazón hacia Dios para que perdone nuestros pecados. Lucas descubre en la persona del Bautista la imagen del profeta Isaías de la voz que grita en el desierto (Is 40, 3-5). Esta imagen se encuentra al comienzo del conocido como “segundo Isaías”, un texto lleno de alegría y de consuelo para Israel. Allanar los senderos, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale… se refiere a sacar de nuestra vida y de nuestro mundo todos aquellos obstáculos que impiden a Dios llegar a nosotros, como nuestros egoísmos, el odio, la injusticia, la pereza… El Adviento es por tanto un tiempo para preparar nuestro corazón y limpiarlo de toda suciedad para que Dios pueda venir de nuevo a nosotros.
Sigamos avanzando por este tiempo de Adviento con el corazón alegre, lleno de esperanza, y poniéndonos en marcha para preparar el camino a Dios que viene. Que cuando llegue ese día nos encuentre bien dispuestos, abajando nuestro orgullo, enderezando el camino de nuestra vida, viviendo los valores que Jesús nos enseña. Con la ayuda de María Inmaculada, limpiemos también nosotros nuestro corazón.

lunes, 3 de diciembre de 2018

I DOMINGO DE ADVIENTO

COMENTARIO AL EVANGELIO

ACOJAMOS LA ESPERANZA EN NUESTRA VIDA 
En este primer domingo de Adviento, Dios nos habla de esperanza, y de vigilancia. En el alma brota el anhelo, el deseo vivo de que Jesús llegue hasta nosotros. Por eso repetimos como los primeros cristianos: ¡Marana tha, ven, Señor Jesús! "A ti, Señor, levanto mi alma..." (Sal 24, 1) Estas palabras expresan lo que han de ser siempre nuestros deseos y anhelos, levantar el alma hacia lo alto, hacia Dios. Hemos de mirar a lo Alto, hemos de pensar en el Señor y tratar de sintonizar con Él. Y decir con el salmista: “Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas, haz que camine con lealtad. Enséñame, porque tú eres mi Dios y mi Salvador”. El mejor cauce para sintonizar con el Señor, es el diálogo de la oración. Intensifiquemos la oración en el Adviento. "Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes...” (Lc 21, 25) Adviento es lo mismo que advenimiento, acción de venir, preludio de una llegada. Son, pues, días de conversión y de penitencia, de mortificación, de plegaria, en los que prepararnos para recibir dignamente al Señor. “Tened cuidado y que no se os embote la mente con el vicio, o con la preocupación por el dinero, y se nos eche de repente aquel día”. Con estas palabras el Señor pone el dedo en la llaga. Ese es nuestro mal, olvidarnos de lo más importante y decisivo, vivir inmersos en cuatro tonterías. A veces nos ocurre que sólo pensamos en lo más inmediato, en lo que resulta placentero, en nuestro bienestar presente. Que este primer domingo de Adviento nos sirva para reflexionar sobre nuestra vida de hijos de Dios y, consecuentemente, prepararnos para su venida. ¿Acaso cuando esperamos la llegada de algún amigo, no nos esmeramos por acogerle como se merece? Pues con mucho mayor motivo debemos prepararnos para con la venida de Jesús, el Señor. 

martes, 27 de noviembre de 2018

SOLEMNIDAD DE JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO

COMENTARIO AL EVANGELIO


TIEMPO DE SALVACIÓN, NO DE CONDENACIÓN.
Nos acercamos al final del Año Litúrgico y las lecturas nos hablan del final de los tiempos en un lenguaje típico de la literatura apocalíptica. En otros tiempos este estilo propio de los tiempos finales era aprovechado para recordar que podría llegar en cualquier momento el fin del mundo, para el cual teníamos que estar preparados y evitar así el castigo eterno.
Sabemos, sin embargo, que no hay que actuar por temor, sino por amor a Dios.
El Evangelio nos dice que estemos atentos a la higuera, es decir a los signos de los tiempos, de los que hablaba el concilio Vaticano II. El Hijo del Hombre, figura que aparece en el profeta Daniel y habla de aquél que vendrá sobre las nubes del cielo, reunirá a los elegidos de los cuatro vientos. Por tanto, vendrá a salvar y no a condenar. El juicio será para la salvación no para la condenación.
En los evangelios Jesús se atribuye a sí mismo este título mesiánico. Lo dice bien claro la Carta a los Hebreos cuando habla de la ofrenda de su propia vida, que Cristo ofreció por nuestros pecados de una vez para siempre. Desde entonces introdujo el perdón de los pecados, como regalo perpetuo que Dios nos hace. Los sabios según Dios y aquellos que enseñaron y practicaron la justicia brillarán por toda la eternidad.
Dios está a favor nuestro. La Palabra de Dios de este domingo nos hace una llamada a reavivar nuestra confianza en Dios y nuestra responsabilidad en hacer de éste el mejor de los mundos posibles. Una vez más constatamos que Dios está a favor nuestro, que cuenta con nosotros para construir el Reino de Dios ya desde ahora. El futuro que nos aguarda no es terrible, sino gratificante y feliz.

martes, 13 de noviembre de 2018

El Obispo invita a dirigir la mirada hacia las personas en situaciones de pobreza

Don Amadeo Rodríguez Magro anima a participar en los actos de la Semana de la Pobreza, del 12 al 18 de noviembre, en el marco de la II Jornada Mundial de los Pobres. 
El Obispo de Jaén, Don Amadeo Rodríguez Magro, ha presentado esta mañana los actos programados en torno a la II Jornada Mundial de los Pobres, convocada por el Papa Francisco. En el caso de la Diócesis jiennense, las actividades se prolongarán del 12 al 18 de noviembre próximos, en lo que se ha dado en llamar como la Semana de la Pobreza. Según ha explicado el Prelado, entidades eclesiales se han unido en Jaén para dotar de contenido a la celebración, que tiene como lema “Este pobre gritó y el Señor lo escuchó”. En concreto, suman fuerzas Cáritas Diocesana de Jaén, CONFER Jaén, HOAC Jaén, Manos Unidas, el Secretariado de Migraciones y la Delegación Episcopal de Pastoral de la Salud. Don Amadeo ha recordado que la Jornada Mundial de los Pobres surgió a raíz de la celebración del Año de la Misericordia. “En la conciencia del creyente debe estar grabado el amor al prójimo y, en concreto, a los pobres. El Papa, con esta jornada, quiere que en toda la Iglesia se mire, de manera intensiva, a las pobrezas que hay a nuestro alrededor”, ha dicho. “Queremos decir a toda la sociedad, y de un modo especial a los católicos, que ante estas situaciones de pobreza hay que responder.  Nuestro deseo, como decíamos en el Domund, es cambiar el mundo, cambiar la sociedad”, ha añadido el Obispo. 
Por su parte, el director de Cáritas Diocesana de Jaén, Rafael López‐Sidro, en representación de las entidades organizadoras de la Semana de la Pobreza, ha afirmado que uno de los fines de la Semana de la Pobreza es “denunciar una situación sangrante que está ocurriendo en nuestra sociedad y en nuestro mundo”. 

La Misión diocesana se presenta el  y miércoles en Jaén

En el Año de la Evangelización en el que está inmerso la Diócesis, y después de haber presentado los puntos esenciales de trabajo que a lo largo del curso se desarrollarán, como parte del Plan Pastoral; el próximo lunes y miércoles, el Obispo explicará en qué consiste esa Misión de una forma más concreta. Lo hará en  en Jaén el miércoles.
La misión se desarrollará en el corazón de cada cristiano, en las instituciones diocesanas y en las parroquias, sobre todo. Esta misión, este primer anuncio es necesario para poner al Señor como centro de la vida de los cristianos.  No solo a los cercanos, sino también pretende llegar a los alejados del Señor y a aquellos que estén a medio camino.
Va a ser un tiempo de gran actividad misionera. En las parroquias se formarán agentes y habrá una Eucaristía antes de iniciar la misión propiamente dicha.
El día 14 en Jaén, en el Seminario. Noviembre y diciembre serán los meses de la fase arciprestal y de la creación de los equipos.  Estas presentaciones están dirigidas a sacerdotes, laicos, miembros de movimientos cristianos y cofradías.

EL CIENTO POR UNO Y LA VIDA ETERNA

COMENTARIO DEL EVANGELIO

En este domingo, la Palabra de Dios, nos habla, tanto en la primera lectura y en el Evangelio, de una viuda: figura de la más extrema pobreza y marginación en el pueblo de Israel.

En la primera lectura, hemos escuchado cómo el profeta Elías obedeciendo  la voz del Señor, se dirige a Sarepta y es ayudado, tal y como se le había anunciado, por una viuda. De una pobre viuda poco se podía esperar. La viuda hace lo que le manda el profeta, se fía de las palabras de Elías. Él también se había fiado de Dios.
Hermosa lección la que nos imparte esta mujer: darlo todo, hasta quedarse sin nada. Dar lo más que podamos. Y mientras más entreguemos, mayor será la recompensa... Qué tontos somos, qué malos negociantes. No nos damos cuenta de que lo poco que entregamos se nos devuelve centuplicado, revalorizado con valor de eternidad. Ayúdanos, Señor, a darnos por completo, a darte, de un modo o de otro, cuanto tenemos... No comprendemos que nadie te puede ganar en generosidad. Ten compasión de nuestra torpe y absurda tacañería. Y ayúdanos, a saber abrir generosamente nuestro corazón y nuestra cartera.

En el Evangelio, escuchamos a Jesús esta alabanza par con otra pobre viuda: "... ha echado todo lo que tenía para vivir" (Mc 12, 44) 
A los ojos de Jesús, o lo que es lo mismo a los ojos de Dios, aquella modesta limosna valía más que la de los otros. Estos echaban mucho al parecer, pero echaban de lo que les sobraba. 
Quien da, movido por la caridad, recibe del Señor el ciento por uno y la vida eterna. 

miércoles, 7 de noviembre de 2018

AMAR A DIOS Y AL PRÓJIMO, RESUMEN Y SÍNTESIS

DOMINGO 31 DEL TIEMPO ORDINARIO
En el Evangelio de este domingo, cuando Jesús es interrogado acerca del mandamiento más importante contesta recitando la "shemá". Y añade que el segundo es amar al prójimo como a uno mismo. En esto se encierra toda la Ley y los Profetas. Amar a Dios sobre todas las cosas y amarlo con todas las fuerzas de nuestro ser, he aquí el mandamiento primero que hemos de tener siempre en cuenta. Sólo Dios puede ocupar el centro de nuestro corazón, sólo él ha de ser amado por encima de todo. Ninguna criatura, ningún bien por grande que sea, puede sustituir el amor que a Dios debemos. Son tan decisivas estas palabras para la vida, y para la muerte, del hombre que nunca se pueden olvidar. De ellas depende nuestra salvación temporal y eterna, nuestra dicha
terrena y celestial. Amar a Dios y al prójimo, he aquí el resumen y la síntesis
de toda la Ley de Dios. El que ama a Dios, necesariamente ha de amar a las criaturas que han salido de sus manos, máxime a los hombres, que están llamados a ser sus hijos. Por otra parte el que ama a su semejante nunca le
ofenderá en lo más mínimo. Si le ama de verdad no se atreverá ni a pensar mal de él. Esto vale más que todo lo demás, que por mucho que nos parezca valer, de nada vale si no hay amor. Las mayores hazañas y los más grandes heroísmos, si no se hacen por amor de Dios, no son más que meras anécdotas