lunes, 16 de marzo de 2026

Virgen 

de la  

Cabeza  Peregrina

  

19 y 20 de marzo  Desde las 20:30 h  Misión Mariana con  motivo del:  

VIII Centenario de su  aparición  

Parroquia de San Félix de Valois. Jaén   Jueves 19 de Marzo  

 20:30 Acogida de la Virgen de la Cabeza Peregrina y   Oración de Bienvenida.  

 21:00 Vigilia de Oración  

 Viernes 20 de Marzo  

 9:30 Eucaristía  

 De 10:00 a 13:00  

 El Templo permanecerá abierto para todo aquel que quiera   visitar la Imagen de la Virgen  

 17:30 Encuentro y Ofrenda floral con los niños de Catequesis   18:00 Rezo del Santo Rosario  

 19:00 Vía Crucis  

 19:30 Eucaristía  

 20:15 Despedida de la Virgen de la Cabeza Peregrina    


 

CONVIVENCIA DEL GRUPO SCOUT SAN BARTOLOMÉ SAN FÉLIX 

PARROQUIA SAN FÉLIX 21 Y 22 DE MARZO 




viernes, 13 de marzo de 2026

DOMINGO IV DE CUARESMA - CICLO A

DOMINGO IV DE CUARESMA - CICLO A

Domingo 15 de marzo de 2026

 

PRIMERA LECTURA:

"David es ungido rey de Israel” (1 Samuel 16, 1b.6-7.10-13a)

Lectura del primer libro de Samuel.

En aquellos días, el Señor dijo a Samuel: «Llena tu cuerno de aceite y ponte en camino. Te envío a casa de Jesé, el de Belén, porque he visto entre sus hijos un rey para mí». Cuando llegó, vio a Eliab y se dijo: «Seguro que está su ungido ante el Señor». Pero el Señor dijo a Samuel: «No te fijes en su apariencia ni en lo elevado de su estatura, porque lo he descartado. No se trata de lo que vea el hombre. Pues el hombre mira a los ojos, más el Señor mira el corazón». Jesé presentó a sus siete hijos ante Samuel. Pero Samuel dijo a Jesé: «El Señor no ha elegido a estos». Entonces Samuel preguntó a Jesé: «¿No hay más muchachos?». Y le respondió: «Todavía queda el menor, que está pastoreando el rebaño». Samuel le dijo: «Manda a buscarlo, porque no nos sentaremos a la mesa mientras no venga». Jesé mandó a por él y lo hizo venir. Era rubio, de hermosos ojos y buena presencia. El Señor dijo a Samuel: «Levántate y úngelo de parte del Señor, pues es este». Samuel cogió el cuerno de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. Y el espíritu del Señor vino sobre David desde aquel día en adelante.

Palabra de Dios.

 

SALMO:

"El Señor es mi pastor, nada me falta” (Salmo 22)

R.  El Señor es mi pastor, nada me falta.

V.  El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas. /R. 

V.  Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan. /R. 

V.  Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa. /R. 

V.  Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida,

y habitaré en la casa del Señor por años sin término. /R

 

SEGUNDA LECTURA:

"Levántate de entre los muertos y Cristo te iluminará” (Efesios 5, 8-14)

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios.

Hermanos: Antes erais tinieblas, pero ahora, sois luz por el Señor. Vivid como hijos de la luz, pues toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz. Buscad lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien denunciándolas. Pues da vergüenza decir las cosas que ellos hacen a ocultas. Pero, al denunciarlas, la luz las pone al descubierto, y todo lo descubierto es luz. Por eso dice: «Despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo te iluminará».

Palabra de Dios.

 

Versículo antes del Evangelio

V.  Yo soy la luz del mundo —dice el Señor—; el que me sigue tendrá la luz de la vida.

EVANGELIO:

"Él fue, se lavó, y volvió con vista” (Juan 9, 1-41)

+  Lectura del santo Evangelio según san Juan.

En aquel tiempo, al pasar, vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento. Y sus discípulos le preguntaron: «Maestro, ¿quién pecó, este o sus padres, para que naciera ciego?». Jesús contestó: «Ni este pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día tengo que hacer las obras del que me ha enviado; viene la noche y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo». Dicho esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, y le dijo: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado)». Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: «¿No es ese el que se sentaba a pedir?». Unos decían: «El mismo». Otros decían: «No es él, pero se le parece». Él respondía: «Soy yo». Y le preguntaban: «¿Y cómo se te han abierto los ojos?». Él contestó: «Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé, y empecé a ver». Le preguntaron: «¿Dónde está él?». Contestó: «No lo sé». Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé y veo». Algunos de los fariseos comentaban: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado». Otros replicaban: «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?». Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?». Él contestó: «Que es un profeta». Pero los judíos no se creyeron que aquel había sido ciego y que había comenzado a ver, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron: «¿Es este vuestro hijo, de quien decís vosotros que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?». Sus padres contestaron: «Sabemos que este es nuestro hijo y que nació ciego; pero cómo ve ahora, no lo sabemos; y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Preguntádselo a él, que es mayor y puede explicarse». Sus padres respondieron así porque tenían miedo a los judíos; porque los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por Mesías. Por eso sus padres dijeron: «Ya es mayor, preguntádselo a él». Llamaron por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron: «Da gloria a Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un pecador». Contestó él: «Si es un pecador, no lo sé; solo sé que yo era ciego y ahora veo». Le preguntan de nuevo: «¿Qué te hizo, cómo te abrió los ojos?». Les contestó: «Os lo he dicho ya, y no me habéis hecho caso; ¿para qué queréis oírlo otra vez?, ¿también vosotros queréis haceros discípulos suyos?». Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron: «Discípulo de ese lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ese no sabemos de dónde viene». Replicó él:

«Pues eso es lo raro: que vosotros no sabéis de dónde viene, y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es piadoso y hace su voluntad. Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento; si este no viniera de Dios, no tendría ningún poder». Le replicaron: «Has nacido completamente empecatado, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?». Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del hombre?». Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?». Jesús le dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es». Él dijo: «Creo, Señor». Y se postró ante él. Dijo Jesús: «Para un juicio he venido yo a este mundo: para que los que no ven, vean, y los que ven, se queden ciegos». Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron: «¿También nosotros estamos ciegos?». Jesús les contestó: «Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado; pero como decís “vemos”, vuestro pecado permanece».

Palabra del Señor

 

EFECTO AMANECER

VER. -

Hay un modelo de despertador que tiene ‘efecto amanecer’: lleva incorporada una luz que se va ganando intensidad progresivamente hasta lograr que despertemos, de un modo más ‘natural’, sin el sobresalto que provoca el timbre o la música, y así podemos empezar la jornada con buen ánimo

JUZGAR. –

El Miércoles de Ceniza el Señor nos invitó a vivir la Cuaresma con verdadero deseo y pasión. El primer domingo de Cuaresma nos enseñó que debemos alimentarnos del Pan de la Palabra de Dios, para vencer la tentación y que mantenga bien encendidos nuestro deseo y pasión por convertirnos más al Señor. Y segundo domingo el Señor se transfiguró para reavivar el deseo y la pasión de los Discípulos, haciéndoles vivir una experiencia de lo que será la manifestación plena de su gloria, y dijimos que también a nosotros nos regala experiencias de transfiguración, momentos muy personales y especiales de encuentro con Dios, a veces muy sencillos, que nos dan fuerzas para afrontar los problemas, porque reavivan nuestro deseo y pasión por seguir a Jesús.

El tercer domingo de Cuaresma vimos que a menudo sentimos ‘sed’ de algo que nos llene, y lo buscamos saciar por caminos equivocados, que nos siguen dejando sedientos porque, en el fondo, es sed de Dios, y sólo Él puede saciarnos. Y preguntábamos si sentimos verdadera sed de Dios, y si buscamos saciarla con deseo y pasión.

Como dijimos el Miércoles de Ceniza, en nuestra vida a veces el deseo y la pasión se manifiestan de forma repentina y arrolladora, pero otras veces no surgen de golpe, sino que se van encendiendo poco a poco, como ese despertador con ‘efecto amanecer’. Y lo mismo ocurre con el deseo y la pasión por convertirnos, por volvernos más hacia Dios: va encendiéndose progresivamente.

El Evangelio de este cuarto domingo de Cuaresma nos ha ofrecido el ejemplo del ciego de nacimiento. El Señor ya nos dice que esa ceguera es “para que se manifiesten en él las obras de Dios”, es decir, para que los oyentes de entonces y de ahora no nos quedemos sólo en lo que es y significa la ceguera física y su curación, sino que aprendamos a ‘ver’ progresivamente los signos de la presencia de Dios.

El ciego de nacimiento se encuentra en oscuridad, no sólo física, sino también espiritual. No siente deseo ni pasión por Jesús, apenas sabe nada de Él, y por eso, cuando le preguntan cómo se le han abierto los ojos, sólo sabe referirse a ese “hombre que se llama Jesús”, pero no sabe dónde está. Pero, junto con la luz para sus ojos, ya se ha encendido también la luz en su alma, y poco a poco, en los diálogos que va manteniendo, esa luz se irá haciendo más intensa y se enciende su deseo y pasión por Jesús.

Cuando al rato “volvieron a preguntarle al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?»”, él responde ahora: “Que es un profeta”, alguien enviado por Dios. Y, en contraste con las respuestas evasivas de sus padres, “porque tenían miedo a los judíos”, y la presión de los judíos: “nosotros sabemos que ese hombre es un pecador”, él se atreve a responder: “Si es un pecador, no lo sé; sólo sé que yo era ciego y ahora veo”. Más aún, se atreve a cuestionarles: “¿También vosotros queréis haceros discípulos suyos?”.

Y su deseo y pasión por Jesús siguen en aumento, como manifiesta la réplica que les ofrece con valentía: “Sabemos que Dios no escucha a los pecadores… Si éste no viniera de Dios, no tendrían ningún poder”. Pero aún no se ha encendido del todo su deseo y pasión, faltaba el encuentro directo con Jesús: “¿Crees tú en el Hijo del hombre?” ‘El Hijo del hombre’ es el nombre que el profeta Daniel da al Mesías que vendría a instaurar el Reino de Dios, un título que Jesús se aplica a sí mismo como verdadero Dios y hombre. “¿Y quién es, Señor, para que crea en Él? Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es. Él dijo: Creo, Señor”. Jesús ya no es para él ‘un profeta’, sino que es ‘el Señor’, la palabra con la que se denomina a Dios. Por esta profesión de fe se ha encendido completamente en él el deseo y la pasión por Jesús.

ACTUAR. -

La Cuaresma es el tiempo de gracia para ‘despertar’ nuestra fe, para abrirnos los ojos, y lo está haciendo de un modo progresivo, como ese ‘efecto amanecer’ del despertador. Como el ciego de nacimiento, dejémonos tocar por Jesús y hagamos lo que nos pide, para que se vaya encendiendo en nosotros el deseo y la pasión por Jesús, sin miedo a lo que otros puedan decirnos o cuestionarnos, y así se abran nuestros ojos y podamos afirmar con convencimiento, como el que era ciego: “Creo, Señor”.




 

viernes, 6 de marzo de 2026

DOMINGO III DE CUARESMA - CICLO A

DOMINGO III DE CUARESMA - CICLO A

Domingo 8 de marzo de 2026

 

PRIMERA LECTURA:

"Danos agua de beber” (Éxodo 17, 3-7)

Lectura del libro del Éxodo.

En aquellos días, el pueblo, sediento, murmuró contra Moisés, diciendo: «¿Por qué nos has sacado de Egipto para matarnos de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?». Clamó Moisés al Señor y dijo: «¿Qué puedo hacer con este pueblo? Por poco me apedrean». Respondió el Señor a Moisés: «Pasa al frente del pueblo y toma contigo algunos de los ancianos de Israel; empuña el bastón con el que golpeaste el Nilo y marcha. Yo estaré allí ante ti, junto a la roca de Horeb. Golpea la roca, y saldrá agua para que beba el pueblo». Moisés lo hizo así a la vista de los ancianos de Israel. Y llamó a aquel lugar Masá y Meribá, a causa de la querella de los hijos de Israel y porque habían tentado al Señor, diciendo: «¿Está el Señor entre nosotros o no?».

Palabra de Dios.

 

SALMO:

"Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón»” (Salmo 94)

R.  Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón».

V.  Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva; entremos a su presencia dándole gracias, aclamándolo con cantos. /R. 

V.  Entrad, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro. Porque él es nuestro Dios, y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía. /R. 

V.  Ojalá escuchéis hoy su voz: «No endurezcáis el corazón como en Meribá, como el día de Masá en el desierto; cuando vuestros padres me pusieron a prueba y me tentaron, aunque habían visto mis obras». /R. 

 

SEGUNDA LECTURA:

"El amor ha sido derramado en nosotros por el Espíritu que se nos ha dado” (Romanos 5, 1-2.5-8)

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos.

Hermanos: Habiendo sido justificados en virtud de la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo, por el cual hemos obtenido además por la fe el acceso a esta gracia, en la cual nos encontramos; y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado. En efecto, cuando nosotros estábamos aún sin fuerza, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; ciertamente, apenas habrá quien muera por un justo; por una persona buena tal vez se atrevería alguien a morir; pues bien: Dios nos demostró su amor en que, siendo nosotros todavía pecadores, Cristo murió por nosotros.

Palabra de Dios.

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V.  Señor, tú eres de verdad el Salvador del mundo; dame agua viva, así no tendré más sed.

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EVANGELIO:

"Un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna” (Juan 4, 5-42)

En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José: allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía. Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice: - Dame de beber. (Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida.) La samaritana le dice: - ¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana? (Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.) Jesús le contestó: - Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva. La mujer le dice: - Señor, si no tienes cubo y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados? Jesús le contesta: - El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed; el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna. La mujer le dice: - Señor, dame ese agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla.

[Él le dice: - Anda, llama a tu marido y vuelve. La mujer le contesta: - No tengo marido. Jesús le dice: - Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad. La mujer le dice:] - Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén. Jesús le dice: - Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad. La mujer le dice: - Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga él nos lo dirá todo. Jesús le dice: - Soy yo: el que habla contigo. [En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: «¿Qué le preguntas o de qué le hablas?». La mujer, entonces, dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente: - Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿será éste el Mesías? Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él. Mientras tanto sus discípulos le insistían: - Maestro, come. Él les dijo: - Yo tengo por comida un alimento que vosotros no conocéis. Los discípulos comentaban entre ellos: - ¿Le habrá traído alguien de comer? Jesús les dijo: - Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra. ¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así se alegran lo mismo sembrador y segador. Con todo, tiene razón el proverbio: «Uno siembra y otro siega». Yo os envié a segar lo que no habéis sudado. Otros sudaron y vosotros recogéis el fruto de sus sudores.] En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él [por el testimonio que había dado la mujer: «Me ha dicho todo lo que he hecho».] Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer: - Ya no creemos por lo que tú dices, nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo.

Palabra del Señor.

SEÑOR, ¿YO TENGO SED DE TI?

VER. -

El Miércoles de Ceniza dijimos que el deseo y la pasión son dos impulsos constitutivos del ser humano. Y también experimentamos otras sensaciones que a veces se manifiestan con mucha fuerza; una de ellas es la sed, la necesidad de ingerir líquidos para regular el contenido de agua en nuestro cuerpo y que éste funcione correctamente.

JUZGAR. -

El Miércoles de Ceniza el Señor nos invitó a vivir la Cuaresma con verdadero deseo y pasión. El primer domingo de Cuaresma nos enseñó que debemos alimentarnos del Pan de la Palabra de Dios, para vencer la tentación y que mantenga bien encendidos nuestro deseo y pasión por convertirnos más al Señor. Y el domingo pasado se transfiguró para reavivar el deseo y la pasión de los discípulos, haciéndoles vivir una experiencia de lo que será la manifestación plena de su gloria. Y dijimos que también a nosotros nos regala experiencias de transfiguración, momentos muy personales y especiales de encuentro con Dios, a veces muy sencillos: una celebración, un tiempo de oración, una lectura, una conversación con alguien… que no eliminan las dificultades de la vida guiada por la fe, ni los otros problemas de la vida, pero nos dan fuerzas para afrontarlos con nuevo ánimo, porque reavivan nuestro deseo y pasión por seguir a Jesús.

En este tercer domingo de Cuaresma el Señor nos invita a que, a ese deseo y pasión, unamos la sed; nos invita a que, desde la experiencia de la sed física, reflexionemos sobre la sed espiritual, sed de Él, porque, además de la «necesidad de beber», es también el «apetito o deseo ardiente de algo». Y tenemos la experiencia de esos otros tipos de ‘sed’ que a menudo nos afectan: sed de amor, de felicidad, de verdad, de seguridad... y cómo nos afecta no poder saciar esa sed.

Unas veces experimentamos la sed por la dureza de las circunstancias que debemos vivir. En la 1ª lectura hemos escuchado que el pueblo de Israel, en su peregrinar por el desierto, “sediento, murmuró contra Moisés”, y se preguntaron: “¿Esté el Señor con nosotros o no?” Más allá de la necesidad de beber agua, las dificultades del camino hacen que el pueblo se cuestione la presencia de Dios. Y esto también nos ocurre a nosotros cuando atravesamos situaciones difíciles, que hacen que cuestionemos la fe: ‘¿Está Dios con nosotros? Y, si está, ¿por qué no me ayuda?’ Y nos quedamos ‘sedientos’.

Otras veces es simplemente el discurrir de los días, en su rutina y monotonía, lo que nos hace experimentar la sed de plenitud, de sentido a nuestra vida. En el Evangelio hemos escuchado el encuentro de Jesús con la mujer samaritana, que fue a sacar agua al pozo de Jacob. Para ella, ésa era la rutina diaria, trabajosa y sin mayor aliciente, pero Jesús sabe que, en el fondo, ella está ‘sedienta’ de algo más, que ha buscado saciar erróneamente (“no tienes marido: has tenido ya cinco…”)

Por eso, aunque en un primer momento ella sigue hablando de la necesidad de beber (“Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla”), Jesús la ayuda a pasar al plano espiritual y a descubrir cuál es su verdadera sed: “el que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna”. Y ella entonces ve por fin saciada su sed: “dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente: «Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho; ¿será éste el Mesías?»”

También a nosotros nos afecta la rutina y la monotonía, sentimos ‘sed’ de algo que nos llene, y lo buscamos saciar por caminos equivocados, con actividades, distracciones… que nos siguen dejando sedientos porque, en el fondo, es sed de Dios, y sólo Él puede saciarnos.

ACTUAR. –

En la segunda estrofa del conocido canto ‘Hambre de Dios’, cantamos: «Señor, yo tengo sed de Ti, sediento estoy de Dios…» Y este tercer domingo de Cuaresma nos llama a preguntarnos si, del mismo modo que necesitamos beber para que nuestro cuerpo funcione correctamente, también sentimos verdadera sed de Dios y si buscamos saciarla con deseo y pasión para que nuestra alma ‘funcione’.

“Si conocieras el don de Dios…” La Cuaresma es el tiempo de gracia; aprovechémoslo para encontrarnos con Jesús de un modo tranquilo, como la samaritana, para ‘conocerle’ y dejar que Él nos dé su agua viva, la única que puede saciar de verdad nuestra sed de plenitud y felicidad eternas.