sábado, 3 de octubre de 2026

XXVII Domingo del Tiempo Ordinario

XXVII Domingo del Tiempo Ordinario

Domingo 4 de octubre de 2026

 

PRIMERA LECTURA:

Isaías 5, 1-7 - “La viña del Señor del universo es la casa de Israel”

Lectura del libro de Isaías.

Voy a cantar a mi amigo el canto de mi amado por su viña. Mi amigo tenía una viña en un fértil collado. La entrecavó, quitó las piedras y plantó buenas cepas; construyó en medio una torre y cavó un lagar. Esperaba que diese uvas, pero dio agrazones. Ahora, habitantes de Jerusalén, hombres de Judá, por favor, sed jueces entre mí y mi viña. ¿Qué más podía hacer yo por mi viña que no hubiera hecho? ¿Por qué, cuando yo esperaba que diera uvas, dio agrazones? Pues os hago saber lo que haré con mi viña: quitar su valla y que sirva de leña, derruir su tapia y que sea pisoteada. La convertiré en un erial: no la podarán ni la escardarán, allí crecerán zarzas y cardos, prohibiré a las nubes que lluevan sobre ella. La viña del Señor del universo es la casa de Israel y los hombres de Judá su plantel preferido. Esperaba de ellos derecho, y ahí tenéis: sangre derramada; esperaba justicia, y ahí tenéis: lamentos.

Palabra de Dios.

 

SALMO:

Salmo 79 - “La viña del Señor es la casa de Israel”

/R.  La viña del Señor es la casa de Israel.

V.  Sacaste una vid de Egipto, expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste. Extendió sus sarmientos hasta el mar, y sus brotes hasta el Gran Río. /R. 

V.  ¿Por qué has derribado su cerca para que la saqueen los viandantes, la pisoteen los jabalíes y se la coman las alimañas? /R. 

V.  Dios del universo, vuélvete: mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña. Cuida la cepa que tu diestra plantó y al hijo del hombre que tú has fortalecido. /R. 

V.  No nos alejaremos de ti: danos vida, para que invoquemos tu nombre. Señor, Dios del universo, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve. /R.

 

 

SEGUNDA LECTURA:

Filipenses 4, 6-9 - “Ponedlo por obra, y el Dios de la paz estará con vosotros”

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses.

Hermanos: Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y en la súplica, con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios. Y la paz de Dios, que supera todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Finalmente, hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta. Lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis, visteis en mí, ponedlo por obra. Y el Dios de la paz estará con vosotros.

Palabra de Dios.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

V.  Yo os he elegido del mundo —dice el Señor—, para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

 

EVANGELIO:

Mateo 21, 33-43 - “Arrendará la viña a otros labradores”

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: Escuchad otra parábola: «Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos. Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, les mandó a su hijo diciéndose: “Tendrán respeto a mi hijo”. Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: “Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia”. Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?». Le contestan: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo». Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos

EL CUIDADO DE LA CREACIÓN

VER. –

El verano de 2026 ha sido el más cálido desde que se tienen registros, y esto ha sido el indicativo de una situación que se había ido gestando con anterioridad. Como ha indicado la Subcomisión Episcopal para la Acción Caritativa y Social, «la ciencia nos advierte que hemos traspasado peligrosamente los límites para mantener la vida en la Tierra, y esto se traduce en una realidad innegable: sufrimos una intensificación alarmante de las olas de calor, de sequías prolongadas y cronificadas, de incendios forestales, de lluvias torrenciales inéditas y una preocupante tendencia a la desertificación. Vemos con dolor la degradación de nuestros ecosistemas, el agotamiento de nuestras cuencas hidrográficas». No sólo en España, sino en muchas otras zonas del mundo.

 

JUZGAR. –

El pasado 1 de septiembre comenzó el ‘Tiempo de la Creación’, una iniciativa ecuménica de oración, con multitud de actividades en las diócesis de todo el mundo, y que finaliza hoy, 4 de octubre, festividad de San Francisco de Asís. El Papa León escribió un Mensaje con motivo de este Tiempo de la Creación, que comienza con estas palabras: «Nuestro Señor Jesucristo vino para que tengamos viday la tengamos en abundancia (cf. Jn 10,10). En esta Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, se nos invita a contemplar el don de la vida y a apreciar la tierra que la sustenta, ya que son modos tangibles de alabar a nuestro Creador».

En la 1ª lectura hemos escuchado a Isaías, refiriéndose a Dios: “Mi amigo tenía una viña en fértil collado. La entrecavó, quitó las piedras y plantó buenas cepas; construyó en medio una torre y cavó un lagar”. Y en el Evangelio, Jesús ha insistido en esta imagen: “Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores…” Esta Palabra de Dios nos hace una llamada, precisamente, a contemplar ese don que es la Creación, para ser más conscientes de todo lo que el Señor nos ha entregado y sentirnos verdaderamente agradecidos por ello.

Pero también, contemplando la situación actual, nos hace una llamada a la reflexión: “Esperaba que diese uvas, pero dio agrazones” (1ª lectura);  “Llegado el tiempo de los frutos… los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon” (Evangelio). ¿Qué hemos hecho con el don de la Creación que Dios nos ha entregado? El Papa indica en su mensaje: «Actualmente, estamos siendo testigos de múltiples crisis y de un gran sufrimiento humano. Al mismo tiempo, la alteración del equilibrio armónico de la Creación se está acelerando». Y señala una causa directa: «La guerra deja una destrucción social y ecológica que perdura por generaciones. La interacción entre conflictos armados y degradación ambiental crea círculos viciosos que destruyen ecosistemas, contaminan recursos esenciales, como el aire y el agua, y merman la seguridad de los alimentos. Esto genera pobreza, desigualdad y nuevos conflictos sociales que pueden contribuir al resurgimiento de conflictos futuros.»

Y este aumento de los conflictos bélicos «no es sólo un fracaso político, sino también moral y espiritual. Pone de manifiesto un fracaso más profundo cuando se trata de vivir a imagen y semejanza de Dios, de respetar la vida y de cuidar la Tierra que se nos ha confiado.» Y cita a Benedicto XVI, que «nos recordó que ‘los desiertos exteriores se multiplican en el mundo, porque se han extendido los desiertos interiores’ (Homilía en el Solemne Inicio del Ministerio Petrino, 24 abril 2005). Esto nos llama a reconocer que lo que está arruinando en nuestro entorno, de alguna manera también está dentro de nosotros».

 

ACTUAR. -

 Nosotros somos esos labradores de la parábola, a los que Dios ha entregado la viña de la Creación y que, ante esta situación de ‘desierto’ exterior e interior, nos cuestiona: “¿Qué hará con aquellos labradores?” Y el Papa nos indica el primer paso: «Para construir una sociedad pacífica, debemos no sólo reformar estructuras, sino renovar nuestros corazones. Las crisis mencionadas no sólo exigen responsabilidad sino también una conversión del corazón». Como decía san Pablo: “en toda ocasión, en la oración y en la súplica, con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios”, para avanzar en «una conversión, un regreso a Dios que reordene nuestros deseos».

En segundo lugar, «estamos llamados al cuidado de los múltiples ‘ecosistemas’ que nos han sido confiados: los ecosistemas de la Creación, de las relaciones humanas y los del propio corazón humano». También decía san Pablo: “Todo lo que es verdadero, noble, justo… tenedlo en cuenta”, aunque no sea específicamente eclesial, apoyándolo «para que rinda frutos en una fidelidad más profunda a Dios, en el amor mutuo y en el respeto por el don de la Creación.

Los instrumentos son la verdad, el diálogo, la paciencia, la bondad, la justicia, la misericordia, la comprensión, el cuidado y el amor. Estos instrumentos brotan de los corazones formados por el Evangelio y sostenidos por la gracia de Dios. Sólo estas cualidades poseen el poder de transformar individuos, renovar comunidades y sanar las heridas de nuestro mundo.

A pesar de que los desafíos que tenemos por delante son enormes, Dios no nos deja. Es claro el camino que tenemos por delante, aunque no sea fácil. Estamos llamados a dejar que nuestros corazones sean renovados, de tal manera que favorezcamos la paz y el cuidado de la Creación

 

 


 

 

viernes, 25 de septiembre de 2026

XXVI Domingo del Tiempo Ordinario

Domingo 27 de septiembre de 2026

 

PRIMERA LECTURA:

Ezequiel 18, 25-28 - “Cuando el malvado se convierta de la maldad, salva su propia vida”

Lectura de la profecía de Ezequiel.

Esto dice el Señor: «Insistís: “No es justo el proceder del Señor”. Escuchad, casa de Israel: ¿Es injusto mi proceder? ¿No es más bien vuestro proceder el que es injusto? Cuando el inocente se aparta de su inocencia, comete la maldad y muere, muere por la maldad que cometió. Y cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, él salva su propia vida. Si recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá».

Palabra de Dios.

SALMO:

Salmo 24 - “Recuerda, Señor, tu ternura”

R.  Recuerda, Señor, tu ternura.

V.  Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas: haz que camine con lealtad; enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador, y todo el día te estoy esperando. /R. 

V.  Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas; no te acuerdes de los pecados ni de las maldades de mi juventud; acuérdate de mí con misericordia, por tu bondad, Señor. /R. 

V.  El Señor es bueno y es recto, y enseña el camino a los pecadores; hace caminar a los humildes con rectitud, enseña su camino a los humildes. /R. 

SEGUNDA LECTURA:

Filipenses 2, 1-11 - “Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús”

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses.

Hermanos: Si queréis darme el consuelo de Cristo y aliviarme con vuestro amor, si nos une el mismo Espíritu y tenéis entrañas compasivas, dadme esta gran alegría: manteneos unánimes y concordes con un mismo amor y un mismo sentir. No obréis por rivalidad ni por ostentación, considerando por la humildad a los demás superiores a vosotros. No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todos el interés de los demás. Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús. El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres. Y así, reconocido como hombre por su presencia, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Palabra de Dios.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

V.  Mis ovejas escuchan mi voz —dice el Señor—, y yo las conozco, y ellas me siguen.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO:

Mateo 21, 28-32 - “Se arrepintió y fue. Los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios”

+  Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”. Él le contestó: “No quiero”. Pero después se arrepintió y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: “Voy, señor”. Pero no fue. ¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?». Contestaron: «El primero». Jesús les dijo: «En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis».

Palabra del Señor.

ARREPENTIMIENTO

VER. -

En bastantes ocasiones, y más de un tiempo a esta parte, he escuchado decir a algunas personas respecto a su vida: ‘Yo no me arrepiento de nada’. Siempre me sorprende esta afirmación tan rotunda: ¿Nunca han hecho o dicho algo que ha tenido consecuencias negativas, para ellos mismos o, sobre todo, para otros, y hubieran querido actuar de otra forma? A veces lo dicen en el sentido de que todo lo que han hecho, bueno y malo, les ha servido de experiencia, pero en la mayoría de ocasiones lo que se refleja es un enorme egocentrismo, que lleva a vivir como si uno fuera el centro del universo y lo demás y los demás no cuentan. Y no se trata de vivir siempre atormentados por el pasado, pero tampoco de no querer ser conscientes de las repercusiones de nuestros actos.

JUZGAR. -

Hoy la Palabra de Dios nos habla del valor del arrepentimiento, de sentir verdadero pesar por haber hecho o dicho algo, o por haberlo dejado de hacer o decir. En el Evangelio, Jesús nos ha propuesto la parábola de los dos hijos, que reaccionan de forma diferente ante la misma petición de su padre: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”. El segundo hijo respondió: “‘Voy, señor’. Pero no fue”. Este hijo es egocéntrico, para él lo primero son sus intereses, sus apetencias… y no piensa en el padre. Del segundo hijo, en cambio, nos dice que su primera respuesta fue: “No quiero”. A este hijo, como a su hermano y a la mayoría de nosotros, lo primero que le sale es el egocentrismo. “Pero después se arrepintió y fue”. Este hijo no piensa sólo en sí mismo y en lo que le apetece, sino que piensa también en su padre, y por eso siente arrepentimiento: le duele la mala respuesta que ha dado, pero sobre todo haber fallado al amor y confianza de su padre. El arrepentimiento le sirve como estímulo para salir de su egocentrismo, convertirse y a hacer las cosas bien.

Esta parábola nos enseña a vivir el verdadero arrepentimiento: no se trata solamente de hacer un examen de conciencia y lamentar lo que hemos hecho o dicho. Además de esto, el arrepentimiento cristiano nos hace ser conscientes de que estamos ante un ‘Tú’, ante Dios mismo y su amor infinito por nosotros, y nos dolerá fallarle a Él y a su amor. Y ese ‘Tú’ que es Dios mismo se hace presente en los diferentes ‘tú’ que forman parte de nuestra vida cotidiana, como nos recordó el mismo Jesús: “cada vez que lo hicisteis con uno de éstos… conmigo lo hicisteis (…) cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos… tampoco lo hicisteis conmigo” (Mt 25, 40.45).

La parábola nos enseña a ser conscientes de que nuestros ‘no quiero’ se los estamos diciendo a nuestro Padre del cielo; y éste ha de ser el punto de apoyo de nuestro arrepentimiento. Y entonces podremos hacer nuestra, con sinceridad, humildad y confianza, la súplica que hemos escuchado en el Salmo: “Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas; no te acuerdes de los pecados ni de las maldades de mi juventud”. Una súplica que no significa estar siempre culpabilizándonos por nuestro pasado. Como hemos escuchado en la 1ª lectura: “cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo, y practica el derecho y la justicia… si recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá”. El filósofo alemán Max Scheler escribió una obra con un título muy significativo, “Arrepentimiento y nuevo nacimiento”, y en ella dice: «Arrepentirse significa imprimir un nuevo sentido a un fragmento de vida pasada». El arrepentimiento, al sacarnos de nuestro egocentrismo, también nos libera de permanecer encadenados a nuestras faltas y pecados y que podamos dar una nueva orientación a nuestra vida.

ACTUAR. -

¿Soy de los que afirman ‘no me arrepiento de nada’? ¿Me culpabilizo mucho por errores de mi pasado? ¿He vivido alguna vez el verdadero arrepentimiento? ¿Cambió en algo mi vida?

El verdadero arrepentimiento no se va a producir sólo por nuestro empeño y esfuerzo; la principal motivación será descubrir y vivir la presencia de Dios en nuestra vida, y esa presencia se ha hecho carne en Jesús. Por eso san Pablo pedía: “Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús”. Necesitamos vivir unidos a ese ‘Tú’ que es Cristo Resucitado por la oración, la Eucaristía, la Reconciliación, por la formación… para ir adquiriendo sus mismos sentimientos y concretarlos en nuestra vida cotidiana. Y, cuando pequemos, sentiremos verdadero arrepentimiento y nos sentiremos animados a seguir adelante con el propósito, sobre todo, de no volver a fallarle a Él y a su amor.




sábado, 19 de septiembre de 2026

Domingo XXV del Tiempo Ordinario Ciclo A

Domingo XXV del Tiempo Ordinario Ciclo A

Domingo 20 de diciembre de 2024

 

PRIMERA LECTURA:

“Mis planes no son vuestros planes” (Isaías 55, 6-9)

Lectura del libro de Isaías.

Buscad al Señor mientras se deja encontrar, invocadlo mientras está cerca. Que el malvado abandone su camino, y el malhechor sus planes; que se convierta al Señor, y él tendrá piedad, a nuestro Dios, que es rico en perdón. Porque mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos —oráculo del Señor—. Cuanto dista el cielo de la tierra, así distan mis caminos de los vuestros, y mis planes de vuestros planes.

Palabra de Dios.

SALMO:

“Cerca está el Señor de los que lo invocan” (Salmo 141)

R/. Cerca está el Señor de los que lo invocan.

V.- Día tras día, te bendeciré y alabaré tu nombre por siempre jamás. Grande es el Señor, merece toda alabanza, es incalculable su grandeza.   R/.

V.- El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas.    R/.

V.- El Señor es justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones. Cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente.    R/.

SEGUNDA LECTURA:

“Para mí la vida es Cristo” (Filipenses 1, 20c-24.27a)

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses.

Hermanos: Cristo será glorificado en mi cuerpo, por mi vida o por mi muerte. Para mí la vida es Cristo y el morir una ganancia. Pero, si el vivir esta vida mortal me supone trabajo fructífero, no sé qué escoger. Me encuentro en esta alternativa: por un lado, deseo partir para estar con Cristo, que es con mucho lo mejor; pero, por otro, quedarme en esta vida veo que es más necesario para vosotros. Lo importante es que vosotros llevéis una vida digna del Evangelio de Cristo.

Palabra de Dios.

 R.- Aleluya, aleluya, aleluya.

V.- Abre, Señor, nuestro corazón, para que aceptemos las palabras de tu Hijo.

R.- Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO:

“¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?” (Mateo 20, 1-16)

Pues el reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo: “Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido”. Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: “¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?”. Le respondieron: “Nadie nos ha contratado”. Él les dijo: “Id también vosotros a mi viña”. Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: “Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo: “Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”. Él replicó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”. Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».

“OFERTA DE EMPLEO”

VER. –

Según los datos de la Encuesta de Población Activa del segundo trimestre de 2026, publicada por el INE, en España hay 2.495.300 parados. Dentro de esta dolorosa realidad nos encontramos con dos circunstancias llamativas: por una parte, que hay miles de puestos de trabajo vacantes que no se logran cubrir, debido a diversos factores, como puede la falta de capacitación para ejercerlos o las condiciones laborales abusivas que se ofrecen; y, por otra parte, están los parados mayores de 50 años, que superan el millón y que ya no encuentran trabajo debido a prejuicios por edadismo.

JUZGAR. –

Hoy en el Evangelio hemos escuchado la parábola conocida como ‘los trabajadores de la viña’, en la que encontramos la ‘oferta de empleo’ que Dios nos hace a todos. Normalmente, cuando se escucha esta parábola, una reacción común en quienes no la conocen es sentirse de acuerdo con la protesta que hacen los trabajadores de primera hora; desde nuestra mentalidad materialista nos parece injusto que reciban la misma paga que quienes sólo han trabajado una hora. Pero hemos de recordar que en las parábolas los detalles y personajes están en función de la verdad de fe que se quiere transmitir.

Y la verdad de fe es que Dios “quiere que todos se salven” (cfr. 1Tim 2, 4), que todo el que lo desee pueda formar parte de su Reino. Y esta verdad de fe Jesús la escenifica con esta parábola en la que “un propietario salió a contratar jornaleros para su viña”. Dios es ese propietario, los jornaleros somos nosotros, llamados a ser discípulos misioneros que anuncian el Evangelio, la viña es el mundo, y la paga (“un denario”) al final de la jornada (nuestra vida) es la vida eterna en el Reino de los cielos.

El propietario realiza su ‘oferta de empleo’ en diferentes momentos a lo largo del día: “al amanecer, a media mañana, a mediodía, a media tarde y al caer la tarde”. Y llama a todo tipo de jornaleros: los del amanecer serían los mejor capacitados y por eso los más solicitados; y los que han estado “el día entero sin trabajar” serían los menos capacitados, los que nadie desearía contratar, pero esto al propietario no le importa: para él lo importante es que respondan a su llamada, sea cuando sea.

Con esta parábola, Jesús nos está diciendo que Él nos llama a todos a su Reino, que en la viña que es el mundo hay trabajo para todo el que quiera ser discípulo y apóstol suyo, como camino de santidad.

Que para la misión evangelizadora no se requieren unas cualidades especiales, que no pongamos la excusa de ‘no sé hacerlo’; como dijo el Papa Francisco al Foro Internacional de Acción Católica: «Eviten caer en la tentación perfeccionista de la eterna preparación para la misión. Se aprende a evangelizar evangelizando».

Que para Dios no hay edadismo, que Él sale a nuestro encuentro a lo largo de toda nuestra vida, desde la infancia hasta la ancianidad, porque como también dijo el Papa Francisco, «todos pueden misionar aunque todos no puedan salir a la calle o al campo. Es muy importante el lugar que le brindan a las personas mayores».

Que lo más importante para Dios no es cuándo se responde a su invitación ni la cantidad o tipo de trabajo desarrollado en la misión evangelizadora, sino el hecho mismo de responder a su llamada.

Que, teniendo presente la protesta de los primeros jornaleros de la parábola, si nosotros somos también ‘jornaleros desde el amanecer’, si hemos tenido el regalo haber conocido al Señor desde la infancia y haber sido ‘contratados’ por Él desde una temprana edad, ante todo hemos de sentirnos dichosos y agradecidos por ello, y no poner el punto de atención en “el peso del día y el bochorno”, en el esfuerzo y renuncias que hemos realizado como discípulos misioneros.

Y, además, como discípulos misioneros, hemos de ser acogedores con quienes se van incorporando a la comunidad parroquial: «estamos llamados a cultivar la cercanía, apertura al diálogo, paciencia y acogida cordial que no condena». (Proyecto Empalabra – Tema 6 Primer Anuncio y Discipulado), alegrándonos sinceramente porque Dios es bueno y a todos ofrece la misma paga, ese “denario” que es la vida eterna en el Reino de los Cielos.

ACTUAR.  –

¿He respondido a las llamadas que Dios me hace para trabajar en su viña? ¿Dónde creo que puedo desarrollar mejor la misión evangelizadora? ¿Soy acogedor con las ‘nuevas incorporaciones’?

La misión evangelizadora se concreta particularmente en la parroquia. Respondamos a la ‘oferta de empleo’ del Señor y formemos entre todos «comunidades vivas capaces de engendrar discípulos misioneros, un lugar en el que los cristianos se sienten en casa, comprendidos, espacios de fraternidad y acogida, el lugar en el que el discípulo es estimulado, apoyado y motivado en su vocación y misión» (Proyecto Empalabra Tema 7 Comunidad y pastoral).





  

viernes, 11 de septiembre de 2026

DOMINGO XXIV DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A

DOMINGO XXIV DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A

Domingo 13 de septiembre de 2026

PRIMERA LECTURA:

"Perdona la ofensa a tu prójimo y, cuando reces, tus pecados te serán perdonados” (Eclesiástico 27,30-28,7)

Lectura del libro del Eclesiástico.

Rencor e ira también son detestables, el pecador los posee. El vengativo sufrirá la venganza del Señor, que llevará cuenta exacta de sus pecados. Perdona la ofensa a tu prójimo y, cuando reces, tus pecados te serán perdonados. Si un ser humano alimenta la ira contra otro, ¿cómo puede esperar la curación del Señor? Si no se compadece de su semejante, ¿cómo pide perdón por sus propios pecados? Si él, simple mortal, guarda rencor, ¿quién perdonará sus pecados? Piensa en tu final y deja de odiar, acuérdate de la corrupción y de la muerte y sé fiel a los mandamientos. Acuérdate de los mandamientos y no guardes rencor a tu prójimo; acuérdate de la alianza del Altísimo y pasa por alto la ofensa.

Palabra de Dios.

SALMO:

"El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia” (Salmo 102)

R.  El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia.

V.  Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios. /R. 

V.  Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades; él rescata tu vida de la fosa, y te colma de gracia y de ternura. /R. 

V.  No está siempre acusando ni guarda rencor perpetuo; no nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas. /R. 

V.  Como se levanta el cielo sobre la tierra, se levanta su bondad sobre los que lo temen; como dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotros nuestros delitos. /R. 

SEGUNDA LECTURA:

"Ya vivamos, ya muramos, somos del Señor” (Romanos 14, 7-9)

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos.

Hermanos: Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; así que, ya vivamos ya muramos, somos del Señor. Pues para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de muertos y vivos.

Palabra de Dios.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

V.  Os doy un mandamiento nuevo —dice el Señor—: que os améis unos a otros, como yo os he amado.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO:

"No te digo que perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete” (Mateo 18, 21-35)

Acercándose Pedro a Jesús le preguntó: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿Cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?». Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”. Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo: “Págame lo que me debes”. El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”. Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: “¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”. Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».

ROMPER EL CÍRCULO DE LA VIOLENCIA

VER. –

Desde hace años estamos asistiendo a guerras entre países y pueblos: algunas son conocidas, otras forman parte de esos ‘conflictos olvidados’ que ya no aparecen en las noticias. Y al ver el nivel de destrucción y de barbarie a la que se llega, es inevitable pensar que, aunque llegue la deseada paz, será muy difícil que las heridas provocadas lleguen a superarse, porque hay una gran acumulación de odio y resentimiento, y es muy probable que, con el tiempo, vuelvan a desatarse los enfrentamientos. Esto también se reproduce a un nivel más cercano: personas enfrentadas con otras, familias con otras familias, por causas que quizá ya nadie recuerda, pero que se perpetúan.

JUZGAR. –

Ante esta situación, surge la pregunta: ¿Cómo romper ese círculo interminable de la violencia? Porque humanamente comprobamos que resulta imposible: tanto a nivel internacional como a nivel personal, cada una de las partes enfrentadas seguro que aduce muchas razones para justificar su posición y continuar su lucha, y quizá en algún caso esas razones sean ciertas. Pero con el enfrentamiento continuo sólo se consigue aumentar el dolor, la muerte y la destrucción.

El único camino para que la paz no sea solamente ‘ausencia de guerra’ basada en el temor a la destrucción mutua, sino una verdadera reconciliación, es el que nos ofrece la Palabra de Dios. Y ese camino de la paz lo debemos empezar a recorrer en nuestro ambiente más cercano.

La pregunta de Pedro a Jesús: “Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?”, recoge una experiencia muy comprensible: en principio, como cristianos, estamos dispuestos a perdonar, pero llega un momento en que nos cansamos y tenemos ganas de decir ‘basta’.

Para ser capaces de perdonar, Jesús no niega las razones que podamos tener contra el otro, ni nos dice que nos olvidemos de lo que nos ha hecho, sino que nos invita a reflexionar sobre nosotros mismos, mediante la parábola ‘del siervo sin entrañas’, dejándonos cuestionar de verdad por ella, y por esa pregunta que el rey dirige al criado: “Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”.

Como hemos dicho muchas veces, con Dios no hay que ser piadosos, hay que ser sinceros. Y, si somos sinceros con el Señor, recordaremos las innumerables veces que Él nos ha perdonado, quizá pecados graves, que nunca hubiéramos podido ‘pagar’, y nos ha permitido poder seguir adelante. Cuando, a nivel personal, tenemos dificultades para perdonar a alguien, el primer paso en el camino del perdón es la oración, y el primer momento en esa oración es recordar esta parábola, uniéndola a la 1ª lectura que hemos escuchado. Merece la pena meditarla y dejarnos interpelar en profundidad por ella, y desde ahí iremos avanzando hacia ese “setenta veces siete” que propone Jesús.

Y lo que cada uno hacemos individualmente adquiere mayor fuerza como miembros del cuerpo de Cristo que es la Iglesia. El Señor cuenta con nosotros para que, como Iglesia, vivamos y generemos una ‘cultura de la paz’ que se vaya extendiendo. Hoy también podemos meditar el texto de la Plegaria Eucarística de la Reconciliación II, como una llamada a la corresponsabilidad en el camino de la paz: «Pues en una humanidad dividida por las enemistades y las discordias, sabemos que Tú diriges los ánimos para que se dispongan a la reconciliación. Por tu Espíritu mueves los corazones para que los enemigos vuelvan a la amistad, los adversarios se den la mano, los pueblos busquen la concordia. Con tu acción eficaz consigues, Señor, que el amor venza al odio, la venganza deje paso a la indulgencia, y la discordia se convierta en amor mutuo».

ACTUAR. –

En el ‘Padre nuestro’ decimos: “Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. Las guerras y enfrentamientos sólo producen dolor, muerte y destrucción. El Señor cuenta con nosotros para que, individualmente y como Iglesia, rompamos el círculo de la violencia, y esto sólo lo lograremos por Cristo, con Él y en Él, desde su presencia real en la Eucaristía: «Él es la Palabra de salvación para los hombres, la mano que tiendes a los pecadores, el camino que nos conduce a tu paz. Cuando nos habíamos apartado de ti por nuestros pecados, Señor, nos reconciliaste contigo, para que, convertidos a Ti, nos amáramos unos a otros por tu Hijo. Te pedimos humildemente, Padre Santo, que nos aceptes también a nosotros, juntamente con tu Hijo, y en este banquete salvífico concédenos el mismo Espíritu, que haga desaparecer toda enemistad entre nosotros. Que este Espíritu haga de tu Iglesia signo de unidad e instrumento de tu paz entre los hombres».


 


 

miércoles, 2 de septiembre de 2026

DOMINGO XXIII DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A

DOMINGO XXIII DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A

Domingo 6 de septiembre de 2026

 

PRIMERA LECTURA:

"Si no hablas al malvado, te pedirá cuentas de su sangre” (Ezequiel 33, 7-9)

Lectura de la profecía de Ezequiel.

Esto dice el Señor: «A ti, hijo de hombre, te he puesto de centinela en la casa de Israel; cuando escuches una palabra de mi boca, les advertirás de mi parte. Si yo digo al malvado: “Malvado, eres reo de muerte”, pero tú no hablas para advertir al malvado que cambie de conducta, él es un malvado y morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre. Pero si tú adviertes al malvado que cambie de conducta, y no lo hace, él morirá por su culpa, pero tú habrás salvado la vida».

Palabra de Dios.

 

SALMO:

"Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón»” (Salmo 94)

R.  Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón».

V.  Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva; entremos a su presencia dándole gracias, aclamándolo con cantos. /R.

V.  Entrad, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro. Porque él es nuestro Dios, y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía. /R. 

V.  Ojalá escuchéis hoy su voz: «No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto; cuando vuestros padres me pusieron a prueba y me tentaron, aunque habían visto mis obras». /R. 

 

SEGUNDA LECTURA:

"La plenitud de la ley es el amor” (Romanos 13, 8-10)

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos.

 

Hermanos: A nadie le debáis nada, más que el amor mutuo; porque el que ama ha cumplido el resto de la ley. De hecho, el «no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no codiciarás», y cualquiera de los otros mandamientos, se resume en esto: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». El amor no hace mal a su prójimo; por eso la plenitud de la ley es el amor.

Palabra de Dios.

 

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

V.  Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, y ha puesto en nosotros el mensaje de la reconciliación.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

 

EVANGELIO:

"Si te hace caso, has salvado a tu hermano” (Mateo 18, 15-20)

+  Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano. En verdad os digo que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en los cielos. Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en los cielos. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

Palabra del Señor.

“¿CÓMO SE LO DIGO?”

VER. –

En las relaciones humanas a veces se producen desencuentros, discrepancias… y sabemos que debemos hablarlo con la otra persona, pero no sabemos cómo hacerlo. Nos preguntamos: ‘¿Cómo se lo digo?’ Porque si lo decimos en un tono demasiado suave, quizá la otra persona no se dé cuenta de la gravedad del problema y de cómo nos afecta; y, si lo hacemos de un modo más agresivo, podemos provocar una reacción de enfado y rechazo. Una tentación es dejar pasar el tiempo sin decir nada, pero esto no soluciona el problema, más bien lo agrava.

JUZGAR. –

Sabemos que la fe se nos tiene que notar en todos los aspectos y dimensiones de nuestra vida, por tanto, también en las relaciones humanas y en el modo de comunicarnos con los demás. Y se nos tiene que notar, sobre todo entre quienes compartimos la misma fe. Es inevitable que entre cristianos surjan discrepancias y desencuentros, y también nos preguntamos: ‘¿Cómo se lo digo?’

Por eso, hoy la Palabra de Dios nos ofrece algunas pistas:

La primera es que, si el asunto es importante, no hemos de posponerlo ni, menos aún, callarnos. En la 1ª lectura el Señor decía a Ezequiel: “Si tú no hablas para advertir al malvado que cambie de conducta… a ti te pediré cuenta. Pero si tú adviertes al malvado… habrás salvado la vida”. A la hora de hablar con la otra persona, no hemos de pensar tanto en su posible reacción, ni temerla; si con sinceridad, desde la oración y reflexión, tenemos la certeza de que debemos hablar con ella, no debemos callarnos o desentendernos, porque quizá necesite de nosotros para darse cuenta de lo que está haciendo. Y hemos de hacerlo por su propio bien y también por el nuestro.

La respuesta a ‘¿Cómo se lo digo?’ no afecta sólo a las palabras a utilizar, sino también al modo de decírselo. En el Evangelio Jesús nos ha enseñado el proceso que debemos seguir:

“Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas”. El primer paso ha de ser una conversación de tú a tú, en privado, para llegar a un encuentro.

“Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos…” Quizá sentimos que la situación nos supera y no sabemos cómo orientarla, y necesitamos ayuda de personas de confianza. No se trata de hacer público el problema, sino de seguir buscando el encuentro.

“Si no les hace caso, díselo a la comunidad…” A veces el hecho puede tener repercusiones que afectan a más personas, ya sea en la familia, en la comunidad parroquial, grupo, asociación… por lo que se hace necesario dárselo a conocer, para que puedan también intervenir.

“Y si no hace caso ni siquiera a la comunidad…” Si, después de haber dado estos pasos, la persona sigue sin recapacitar, podremos dejar ya de insistir, con la conciencia tranquila.

Pero, aunque hayamos seguido este proceso, corremos el peligro de creernos ‘los buenos’ y erigirnos en jueces y emitir una ‘sentencia condenatoria’. Por eso, el elemento fundamental de la respuesta a ‘¿Cómo se lo digo?’ lo ha indicado san Pablo en la 2ª lectura: “A nadie le debáis nada, más que el amor mutuo”. La motivación primera y principal para hablar al otro es el amor, y por eso nos ha recordado: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Desde el amor a Dios, queremos amar al prójimo como a nosotros mismos, queremos su bien tanto como nos gustaría que los demás quisiesen nuestro bien. Si tenemos bien presente esto, aunque no sea fácil y nos preguntemos: ‘¿Cómo se lo digo?’, la respuesta viene inmediatamente: con amor. Y por amor y con amor haremos el proceso que Jesús indica, porque “el amor no hace mal a su prójimo”.

ACTUAR. -

¿Me he visto en la situación de tener que hablar con otra persona de un tema grave, me planteé ‘cómo se lo digo’? ¿Hablé o preferí callar? ¿Entiendo el proceso que Jesús nos indica, estoy dispuesto a ponerlo en práctica con y por amor a Dios y al prójimo?

Cuando nos tengamos que hacer la pregunta: ‘¿Cómo se lo digo?’ el primer paso será ponernos en oración y pedir al Señor que sepamos hablar con y por amor, que su Espíritu ponga en nuestros labios las palabras oportunas, que si es necesario haya personas que nos acompañen y ayuden, para que poder llegar al encuentro con la otra persona y que así los dos podamos salvar nuestra vida.

 


 


 

XXVII Domingo del Tiempo Ordinario