sábado, 1 de agosto de 2026

DOMINGO XVIII DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A

DOMINGO XVIII DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A

Domingo 2 de agosto de 2026

 

PRIMERA LECTURA:

"Venid y comed” (Isaías 55, 1-3)

Lectura del libro de Isaías.

Esto dice el Señor: «Oíd, sedientos todos, acudid por agua; venid, también los que no tenéis dinero: comprad trigo y comed, venid y comprad, sin dinero y de balde, vino y leche. ¿Por qué gastar dinero en lo que no alimenta y el salario en lo que no da hartura? Escuchadme atentos y comeréis bien, saborearéis platos sustanciosos. Inclinad vuestro oído, venid a mí: escuchadme y viviréis. Sellaré con vosotros una alianza perpetua, las misericordias firmes hechas a David».

Palabra de Dios.

 

SALMO:

"Abres Tú la mano, Señor, y nos sacias” (Salmo 144)

R.  Abres tú la mano, Señor, y nos sacias.

V.  El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas. /R. 

V.  Los ojos de todos te están aguardando, tú les das la comida a su tiempo; abres tú la mano, y sacias de favores a todo viviente. /R. 

V.  El Señor es justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones. Cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente. /R. 

 

SEGUNDA LECTURA:

"Ninguna criatura podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo” (Romanos 8, 35.37-39)

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos.

Hermanos: ¿Quién nos separará del amor de Cristo?, ¿la tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada? Pero en todo esto vencemos de sobra gracias a aquel que nos ha amado. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni ninguna otra criatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor.

Palabra de Dios.

 

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

V.  No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

 

EVANGELIO:

"Comieron todos y se saciaron” (Mateo 14, 13-21)

+  Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan Bautista se marchó de allí en barca, a solas, a un lugar desierto. Cuando la gente lo supo, lo siguió por tierra desde los poblados. Al desembarcar vio Jesús una multitud, se compadeció de ella y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren comida». Jesús les replicó: «No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer». Ellos le replicaron: «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces». Les dijo: «Traédmelos». Mandó a la gente que se recostara en la hierba y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos y se saciaron y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

Palabra del Señor.

SALUD, DINERO Y AMOR

VER. -

Una conocida canción de finales de los 60 se titula ‘Tres cosas hay en la vida’. Y la letra decía: «Tres cosas hay en la vida: salud, dinero y amor. Y el que tenga estas tres cosas, que le dé gracias a Dios». Todos estaríamos de acuerdo en esta afirmación, pero lo cierto es que estas tres cosas pocas veces se dan a la vez; y, aunque se den a la vez, no suele ser por un tiempo prolongado.

 

JUZGAR. -

Cuando esta canción era más popular, a veces en las tertulias que tenía la gente se preguntaban: ‘Si tuviéramos que elegir una, ¿cuál sería?’. Las respuestas dependían mucho de la edad de las personas. Los jóvenes solían decir que ‘dinero’, porque no solían tener problemas de salud y decían que con dinero puedes tener las otras dos; los mayores solían decir que ‘salud’, porque a determinadas edades la salud ya empieza a ser un problema y ‘si estás bien de salud, puedes soportar mejor la falta de las otras dos cosas’. Pocas veces salía en primer lugar el amor.

Sin embargo, la experiencia de la vida nos muestra que, aunque sea necesario para vivir y en determinados aspectos solucione problemas, el dinero por sí solo no da ni la salud, ni el amor; y también sabemos que, por mucho dinero que tengas, la salud se va deteriorando y acaba perdiéndose más pronto o más tarde. Y también por experiencia sabemos que, cuando atravesamos situaciones difíciles, tener al lado a alguien que nos ama es lo que nos da fuerza y esperanza.

En este sentido, la Palabra de Dios de este domingo nos llama a poner el amor en el primer lugar de las ‘cosas que hay en la vida’. La 2ª lectura nos invitaba a reflexionar: “¿Quién nos separará del amor de Cristo?” Y enumera algunas de esas otras ‘cosas de la vida’ que pueden afectarnos negativamente: “¿La tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada?”. Recordemos experiencias que hemos pasado o estamos pasando de tribulación, de angustia… situaciones en la que nos hemos sentido ‘hambrientos’, ‘desnudos’, en peligro… Ante estas ‘cosas de la vida’, san Pablo afirma rotundamente: “En todo esto vencemos de sobra gracias a Aquél que nos ha amado… Pues ni muerte, ni vida… ni ninguna otra criatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor”.

Jesucristo es el amor de Dios encarnado, que se hace cercano a nosotros. Como recordó el Papa Benedicto XVI en ‘Dios es amor’, «en Jesucristo, el propio Dios va tras la humanidad doliente y extraviada» (12). Así lo hemos visto en el Evangelio de hoy: “Jesús vio una multitud, se compadeció de ella y curó a los enfermos”. Un amor que llega a su máxima expresión en la Cruz: “Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en Él no perezca, sino que tenga vida eterna”. (Jn 3, 16)

Y Jesús realiza el signo de la multiplicación de los panes y los peces como un anticipo de la Eucaristía porque, como también escribió Benedicto XVI en ‘Sacramentum caritatis’: «La Eucaristía es el don que Jesucristo hace de sí mismo revelándonos el amor infinito de Dios. En este admirable Sacramento se manifiesta el amor ‘más grande’. En el Sacramento eucarístico, Jesús sigue amándonos ‘hasta el extremo’, hasta el don de su cuerpo y de su sangre». (1) La Eucaristía es la actualización hoy del amor entregado de Jesús: «el Señor se queda entre nosotros, compañero fiel de nuestro camino. La Eucaristía nos hace descubrir que Cristo muerto y resucitado se hace contemporáneo nuestro» (97) y así, al recibirla, podemos tener la certeza de que nada ni nadie “podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús”.

ACTUAR. -

Con sinceridad, si tuviera que elegir una de las ‘tres cosas que hay en la vida’, ¿cuál sería? ¿Por qué? ¿Qué siento al escuchar que nada “podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús?”.

La 1ª lectura decía: “Oíd, sedientos todos, acudid por agua, venid también los que no tenéis dinero… ¿Por qué gastar dinero en lo que no alimenta…?”. Demasiadas veces ponemos nuestra prioridad y esfuerzo en ‘cosas de la vida’ que no nos alimentan, y nos siguen dejando sedientos.

Hoy el Señor nos invita a que busquemos y elijamos ante todo su amor. Y lo tenemos a nuestro alcance, porque «mediante su Palabra, en los Sacramentos, especialmente la Eucaristía, en la liturgia de la Iglesia, en su oración, en la comunidad viva de los creyentes, experimentamos el amor de Dios, percibimos su presencia y, de este modo, aprendemos también a reconocerla en nuestra vida cotidiana. Él nos ha amado primero y sigue amándonos primero; por eso, nosotros podemos corresponder también con el amor». (DCE 17) Y nada ni nadie podrá separarnos de Él.





miércoles, 22 de julio de 2026

DOMINGO XVII DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A

DOMINGO XVII DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A

Domingo 26 de julio de 2026

 

PRIMERA LECTURA:

Lectura del primer libro de los Reyes.

En aquellos días, el Señor se apareció de noche en sueños a Salomón y le dijo: «Pídeme lo que deseas que te dé». Salomón respondió: «Señor mi Dios: Tú has hecho rey a tu siervo en lugar de David mi padre, pero yo soy un muchacho joven y no sé por dónde empezar o terminar. Tu siervo está en medio de tu pueblo, el que tú te elegiste, un pueblo tan numeroso que no se puede contar ni calcular. Concede, pues, a tu siervo, un corazón atento para juzgar a tu pueblo y discernir entre el bien y el mal. Pues, cierto, ¿quién podrá hacer justicia a este pueblo tuyo tan inmenso?». Agradó al Señor esta súplica de Salomón. Entonces le dijo Dios: «Por haberme pedido esto y no una vida larga o riquezas para ti, por no haberme pedido la vida de tus enemigos sino inteligencia para atender a la justicia, yo obraré según tu palabra: te concedo, pues, un corazón sabio e inteligente, como no ha habido antes de ti ni surgirá otro igual después de ti».

Palabra de Dios.

 

SALMO:

"¡Cuánto amo tu ley, Señor!” (Salmo 118)

R.  ¡Cuánto amo tu ley, Señor!

V.  Mi porción es el Señor; he resuelto guardar tus palabras. Más estimo yo la ley de tu boca que miles de monedas de oro y plata. /R

 

V.  Que tu bondad me consuele, según la promesa hecha a tu siervo; cuando me alcance tu compasión, viviré, y tu ley será mi delicia. /R

V.  Yo amo tus mandatos más que el oro purísimo; por eso aprecio tus decretos y detesto el camino de la mentira. /R

V.  Tus preceptos son admirables, por eso los guarda mi alma; la explicación de tus palabras ilumina, da inteligencia a los ignorantes. /R. 

 

SEGUNDA LECTURA:

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos.

Hermanos: Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien; a los cuales ha llamado conforme a su designio. Porque a los que había conocido de antemano los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó; a los que justificó, los glorificó.

Palabra de Dios.

 

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

V.  Bendito seas, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del reino a los pequeños.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

 

EVANGELIO:

"Vende todo lo que tiene y compra el campo” (Mateo 13, 44-52)

+  Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El reino de los cielos se parece también a un comerciante de perlas finas, que al encontrar una de gran valor se va a vender todo lo que tiene y la compra. El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final de los tiempos: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Habéis entendido todo esto?». Ellos le responden: «Sí». Él les dijo: «Pues bien, un escriba que se ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo».

Palabra del Señor.

EXPERIENCIA INMERSIVA

VER. –

Desde hace unos años, cuando vas a ver una exposición, o a un restaurante, o a ver un espectáculo, se han puesto de moda las ‘experiencias inmersivas’. Mediante olores, sonidos, imágenes… se procura que la persona no sea un simple espectador o consumidor, sino que se sienta formando parte de lo que se le ofrece, que pueda interactuar, y que le deje un recuerdo más profundo.

 

JUZGAR. –

Desde hace varios domingos estamos escuchando en el Evangelio diferentes parábolas. Una parábola es un recurso para transmitir una enseñanza, no a base de conceptos y definiciones teóricas, sino construyendo una narración en la cual los personajes y otros elementos se utilizan para transmitir esa enseñanza. Jesús utilizó mucho las parábolas en su predicación. Podemos decir que Jesús, como Maestro, no quiere simplemente transmitir ideas y pensamientos, sino que quiere ofrecer a sus oyentes una ‘experiencia inmersiva’, proponiéndoles ejemplos y situaciones que forman parte de su vida cotidiana, de su trabajo, de su vida familiar, de sus celebraciones, de lo que ellos conocen y experimentan.

Así, hemos escuchado la parábola del sembrador, la del trigo y la cizaña, la del grano de mostaza, la de la levadura… Y hoy hemos escuchado otras parábolas muy conocidas: la del tesoro escondido, la de la perla de gran valor, la de la red que recoge toda clase de peces y luego se van escogiendo, la del padre de familia que va sacando lo nuevo y lo antiguo… Estas imágenes y actividades permitían a quienes escuchaban a Jesús sentirse inmersos en la narración, que formaban parte de la misma y, por eso mismo, descubrían mejor la verdad de fe que Jesús les transmitía. Seguramente nosotros, que somos ‘urbanitas’, no vemos estos ejemplos como algo que forma parte de nuestra vida cotidiana, pero eso no significa que no podamos vivir también una ‘experiencia inmersiva’ y descubrir mejor la enseñanza que Jesús nos quiere transmitir, para llevarla a la práctica.

Con la parábola del sembrador, podemos identificarnos con él, pensando en las veces que hemos procurado educar y acompañar en la fe, y la escasez de frutos; o podemos identificarnos con alguno de los tipos de tierra, pensando en cómo acogemos la Palabra de Dios.

Con la del trigo y la cizaña, podemos tener presente las veces que, en nosotros mismos o en otras personas, situaciones… los mejores propósitos conviven con el pecado.

Con las del grano de mostaza y la levadura, podemos recordar las veces que una palabra, o una pequeña acción o gesto, ha hecho o nos ha hecho un gran bien.

Con las del tesoro escondido y la perla de gran valor, podemos pensar en la alegría que nos llevamos si nos ha tocado alguna vez un premio, o hemos recibido una buena noticia inesperada, o hemos encontrado un chollo, una ganga; y pensar si para nosotros conocer el Reino de los cielos, con todo lo que significa, es algo que vivimos como un premio, algo muy bueno que nos ha sido regalado… y qué estamos dispuestos a hacer para conservarlo, para que no nos lo quiten.

Con la de la red que recoge toda clase de peces, podemos pensar en nuestra Iglesia, en cómo está abierta a personas de toda cultura y condición; y, con la criba final de los peces, también podemos reflexionar sobre cómo nos estamos preparando para el juicio de Dios, al final de los tiempos.

Con la del padre de familia que va sacando lo nuevo y lo antiguo, podemos pensar si en nuestra vida de fe sabemos aprovechar tanto lo que hemos recibido de quienes nos han precedido (enseñanzas, estilos, costumbres, tradiciones…); y si estamos abiertos a la necesaria conversión pastoral, a adoptar nuevas formas, lenguaje, estilo… para que el anuncio del Reino continúe hoy.

 

ACTUAR. –

¿He participado en alguna experiencia inmersiva? ¿Me ayudó a vivir mejor ese momento? Cuando escucho una parábola, ¿la veo como algo ajeno a mi vida y circunstancias, o me identifico con ella?

En la 1ª lectura, Salomón pedía “un corazón atento para discernir entre el bien y el mal”; y en la 2ª lectura, san Pablo decía: “A los que aman a Dios todo les sirve para el bien”. Pidamos a Dios también un corazón atento a sus parábolas para que las llevemos a la práctica y todo lo que hacemos y decimos en nuestra vida cotidiana vaya reflejando ese Reino de los cielos que Jesús vino a anunciarnos.




 

sábado, 18 de julio de 2026

DOMINGO XVI DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A

DOMINGO XVI DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A

Domingo 19 de julio de 2026

 

PRIMERA LECTURA:

"Concedes el arrepentimiento a los pecadores” (Sabiduría 12, 13.16-19)

Lectura del libro de la Sabiduría.

Fuera de ti no hay otro Dios que cuide de todo, a quien tengas que demostrar que no juzgas injustamente. Porque tu fuerza es el principio de la justicia y tu señorío sobre todo te hace ser indulgente con todos. Despliegas tu fuerza ante el que no cree en tu poder perfecto y confundes la osadía de los que lo conocen. Pero tú, dueño del poder, juzgas con moderación y nos gobiernas con mucha indulgencia, porque haces uso de tu poder cuando quieres. Actuando así, enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano y diste a tus hijos una buena esperanza, pues concedes el arrepentimiento a los pecadores.

Palabra de Dios.

 

SALMO:

"Tú, Señor, eres bueno y clemente” (Salmo 85)

R.  Tú, Señor, eres bueno y clemente.

V.  Porque tú, Señor, eres bueno y clemente, rico en misericordia con los que te invocan. Señor, escucha mi oración, atiende a la voz de mi súplica. /R. 

V.  Todos los pueblos vendrán a postrarse en tu presencia, Señor; bendecirán tu nombre: «Grande eres tú, y haces maravillas; tú eres el único Dios». /R. 

V.  Pero tú, Señor, Dios clemente y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad y leal, mírame, ten compasión de mí. /R

 

SEGUNDA LECTURA:

"El Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables” (Romanos 8, 26-27)

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos.

Hermanos: El Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad, pues nosotros no sabemos pedir como conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables. Y el que escruta los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios.

Palabra de Dios.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

V.  Bendito seas, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del reino a los pequeños.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

 

EVANGELIO:

"Déjalos crecer juntos hasta la siega” (Mateo 13, 24-43)

+  Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente diciendo: «El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras los hombres dormían, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?”. Él les dijo: “Un enemigo lo ha hecho”. Los criados le preguntan: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?”. Pero él les respondió: “No, que al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y cuando llegue la siega diré a los segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero”».

Les propuso otra parábola: «El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno toma y siembra en su campo; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un árbol hasta el punto de que vienen los pájaros del cielo a anidar en sus ramas». Les dijo otra parábola: «El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta». Jesús dijo todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les hablaba nada, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas; anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo». Luego dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle: «Explícanos la parábola de la cizaña en el campo». Él les contestó: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el final de los tiempos y los segadores los ángeles. Lo mismo que se arranca la cizaña y se echa al fuego, así será al final de los tiempos: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles y arrancarán de su reino todos los escándalos y a todos los que obran iniquidad, y los arrojarán al horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga».

Palabra del Señor.

PASTORAL PENITENCIARIA

VER. –

Desde hace tiempo estamos escuchando noticias sobre procesos judiciales abiertos a personas que ocupan lugares destacados en la sociedad, en la política, y en otros ámbitos. Otras veces, las noticias hacen referencia a delitos o crímenes que han causado un gran impacto. Deseamos que sobre estas personas caiga todo el peso de la ley y, cuando se dicta alguna sentencia, el sentimiento general es de satisfacción, y esperamos que quienes han sido juzgados cumplan su condena.

JUZGAR. –

Desde antiguo, las sociedades han visto la necesidad de impartir justicia para asegurar la convivencia, y por eso hoy la Palabra de Dios nos invita a que, como cristianos, no caigamos en una mentalidad estrictamente judicial, tal como la entendemos en la sociedad, sino que vayamos más allá, en el sentido de la justicia tal como Dios nos lo ha revelado.

En la 1ª lectura hemos escuchado: “Tu fuerza es el principio de la justicia. Despliegas tu fuerza ante el que no cree en tu poder perfecto…”. Desde nuestra mentalidad, entenderíamos, y desearíamos, que Dios hiciese justicia utilizando su fuerza todopoderosa, para acabar de una vez con los malvados.

Pero seguía diciendo: “Tú, dueño del poder, juzgas con moderación y nos gobiernas con mucha indulgencia”. Y así ya nos muestra algunas características de la justicia divina.

Moderación: En este aspecto hay relación con la justicia tal como nosotros la entendemos, es el principio de proporcionalidad de las penas: no se trata de hacer caer todo el peso de la ley, sino de que la sanción impuesta guarde estricta relación con la gravedad del delito cometido.

Indulgencia: Aquí ya empiezan las diferencias: nosotros podemos interpretar la indulgencia como ‘aquí no ha pasado nada’. Pero, como vimos durante el Jubileo, la indulgencia no niega ni oculta el pecado cometido: lo que hace es ofrecer una nueva oportunidad al pecador, como señaló el Papa Francisco en la Bula de convocación del Jubileo de la Esperanza: «La indulgencia permite descubrir cuán ilimitada es la misericordia de Dios. No sin razón en la antigüedad el término ‘misericordia’ era intercambiable con el de ‘indulgencia’, precisamente porque pretende expresar la plenitud del perdón de Dios que no conoce límites». (23)

Por eso continúa la lectura: “Actuando así, enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano, y diste a tus hijos una buena esperanza, pues concedes el arrepentimiento a los pecadores”. Dios no está diciendo que no haya que hacer justicia, sino que forma parte de la justicia ofrecer la posibilidad de arrepentimiento.

Así lo ha expresado Jesús en el Evangelio, en la parábola del trigo y la cizaña: “Dejadlos crecer juntos hasta la siega”. Jesús no está pidiendo que no se haga nada, sino que, como cristianos, recordemos que en la vida de cada persona se entremezclan trigo y cizaña. Y que en cualquiera de nosotros, en cualquier momento, también puede triunfar la cizaña. Por eso hemos de ser indulgentes, en el sentido de Dios, con quienes han cometido algún pecado o delito.

Hoy es un día para que tengamos presente y valoremos la pastoral penitenciaria, que descubre en las personas encarceladas la realidad del trigo y la cizaña, y tratan de practicar la justicia divina, porque «las personas encarceladas son uno de los ámbitos privilegiados para toparnos con el Dios del Evangelio, ya que en su fragilidad se manifiesta y encarna más ampliamente la misericordia de Dios, posibilitando el perdón. La comunidad eclesial, alimentándose de la misericordia divina, ha de hacer suyas las miserias y carencias de estas personas para pasarlas por el corazón de Dios y llenarlas de libertad. Ojalá que cuantos nos sentimos Iglesia descabalguemos nuestra comodidad y prejuicios, implicándonos en el dolor de las víctimas y agresores, hasta llegar a transformar el lento tiempo de la cárcel en tiempo de Dios, en tiempo de gracia y misericordia». (Secretariado de Pastoral Penitenciaria de la Diócesis de Valencia).

ACTUAR. –

Recordando que todos tenemos trigo y cizaña, oremos hoy por las personas encarceladas y por sus víctimas, y por quienes desarrollan la pastoral penitenciaria, teniendo presentes las palabras que el Papa León ofreció en su visita al centro penitenciario en Barcelona: «No existe ninguna situación que haga al Señor apartar de nosotros su mirada. Su amor misericordioso está siempre por encima de cuánto bien o mal hayamos hecho. Los errores de la vida no determinan la identidad de una persona. Si confiamos en la gracia divina y nos dejamos guiar y transformar por ella, descubrimos cómo en nuestra vida el pasado no condena el futuro, sino que nos ofrece la posibilidad de cambiar nuestras decisiones y elecciones. ¡Dios te ama como eres, pero te sueña mejor! El Señor nos permite a todos empezar siempre de nuevo, pues ser humano y ser cristiano no consiste en no equivocarse sino en crecer en la capacidad de convertirse, arrepentirse, enmendarse y, sobre todo, de reconciliarse y de perdonar». (10 junio 2026)


 

  

sábado, 11 de julio de 2026

DOMINGO XV DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A

DOMINGO XV DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A

Domingo 12 de julio de 2026

 

PRIMERA LECTURA:

"La lluvia hace germinar la tierra” (Isaías 55, 10-11)

Lectura del libro de Isaías.

Esto dice el Señor: «Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que cumplirá mi deseo y llevará a cabo mi encargo».

Palabra de Dios.


SALMO:

"La semilla cayó en tierra buena, y dio fruto” (Salmo 64)

R.  La semilla cayó en tierra buena, y dio fruto.

V.  Tú cuidas la tierra, la riegas y la enriqueces sin medida; la acequia de Dios va llena de agua, preparas los trigales. /R. 

V.  Así preparas la tierra. Riegas los surcos, igualas los terrones, tu llovizna los deja mullidos, bendices sus brotes. /R. 

V.  Coronas el año con tus bienes, tus carriles rezuman abundancia; rezuman los pastos del páramo, y las colinas se orlan de alegría. /R. 

V.  Las praderas se cubren de rebaños, y los valles se visten de mieses, que aclaman y cantan. /R. 


SEGUNDA LECTURA:

"La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios” (Romanos 8, 18-23)

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos.

Hermanos: Considero que los sufrimientos de ahora no se pueden comparar con la gloria que un día se nos manifestará. Porque la creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios; en efecto, la creación fue sometida a la frustración, no por su voluntad, sino por aquel que la sometió, con la esperanza de que la creación misma sería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios.

Porque sabemos que hasta hoy toda la creación está gimiendo y sufre dolores de parto.

Y no solo eso, sino que también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la adopción filial, la redención de nuestro cuerpo.

Palabra de Dios.


R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

V.  La semilla es la palabra de Dios, y el sembrador es Cristo; todo el que lo encuentra vive para siempre.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.


EVANGELIO:

"Salió el sembrador a sembrar” (Mateo 13, 1-23)

+  Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al mar. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó y toda la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló muchas cosas en parábolas: «Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, una parte cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y como la tierra no era profunda brotó enseguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otra cayó entre abrojos, que crecieron y la ahogaron. Otra cayó en tierra buena y dio fruto: una, ciento; otra, sesenta; otra, treinta. El que tenga oídos, que oiga».

Se le acercaron los discípulos y le preguntaron: «¿Por qué les hablas en parábolas?». Él les contestó: «A vosotros se os han dado a conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumple en ellos la profecía de Isaías: “Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure”. Pero bienaventurados vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen. En verdad os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron. Vosotros, pues, oíd lo que significa la parábola del sembrador: si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino. Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que escucha la palabra y la acepta enseguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumbe. Lo sembrado entre abrojos significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno».

Palabra del Señor.

SEMBRAR CUESTA MÁS

VER. –

Hace unas semanas, fue noticia que los agricultores aseguraban que la siembra de cereales para este año iba a ser la más cara de la historia debido, entre otros factores, al incremento de costes de carburantes y fertilizantes por la guerra en Irán, unido a la creciente influencia del cambio climático. Además, los precios de venta están por debajo de los de producción y, como algunos dijeron, ‘estamos trabajando a pérdidas’. Respecto a las consecuencias de la guerra, poco se puede hacer, pero en cuanto al cambio climático, los agricultores apoyaban la elección de semillas de buena calidad, con mayor resistencia y que con menos dosis producen bastante más cosecha.

 

JUZGAR. –

Hoy hemos escuchado en el Evangelio una de las parábolas más conocidas: la del sembrador, y su correspondiente explicación. Son muchas las posibilidades de reflexión y oración que esta parábola nos ofrece: que todos somos sembradores, cómo y dónde sembramos, qué tipo de terreno somos… Y, teniendo presente la noticia de los agricultores, podemos pensar no sólo en que, «por el Bautismo, todos los bautizados son corresponsables de la misión de la Iglesia» (Tema 6 Vocación, servicio, ministerio), todos somos sembradores, sino en cómo nos sentimos al desarrollar esta misión que el Señor nos confía.

Los agricultores decían que este año la siembra iba a ser la más cara de la historia. ¿Me cuesta mucho ser sembrador, asumir un compromiso evangelizador en la comunidad parroquial? Si ya lo estoy realizando, ¿noto que cada vez me resulta más costoso realizarlo? ¿Por qué me cuesta tanto?

Una de las causas era el incremento de costes de carburantes y fertilizantes. Lo que nos mueve y alimenta como sembradores es la oración, la Eucaristía, el perdón, la formación… ¿Me cuesta dedicar un tiempo a la oración sincera? ¿La Eucaristía dominical es el centro de mi vida cristiana, o me cuesta integrarla en ‘mis horarios’? ¿Me cuesta recibir el sacramento del perdón? ¿Participo en los Equipos de Vida, grupos de reflexión, etc., para ‘fertilizar’ mi fe, o se me hace cuesta arriba?

Otra de las causas es la creciente influencia del cambio climático. Pero vivimos un ‘cambio’ no sólo meteorológico, sino global: «Vivimos un cambio de época. Han cambiado las convicciones profundas desde las que las personas miran la vida, buscan la felicidad. Han cambiado las personas por dentro, su manera de entender el mundo. Muchos adultos viven ‘sin trascendencia’: no sienten necesidad de Dios, y el lenguaje de la fe resulta extraño o incomprensible. Y, si cambia el mundo, también tiene que cambiar la manera en que la Iglesia anuncia el Evangelio y acompaña a las personas». (Tema 2) Como sembrador, ¿he asumido el cambio de época? ¿O sigo haciendo lo de siempre y como siempre, y no estoy dispuesto a cambiar?

Los agricultores también decían que están ‘trabajando a pérdidas’. Como sembradores, también podemos pensar que los esfuerzos invertidos en la misión evangelizadora son mucho mayores que los frutos que surgen, si es que surgen, y que estamos perdiendo el tiempo. Por eso san Pablo nos ha dicho: “Considero que los sufrimientos de ahora no se pueden comparar con la gloria que un día se nos manifestará”. Es una llamada a la esperanza, a mirar más allá de nosotros mismos y nuestras fuerzas.

Los agricultores apoyan la elección de semillas de buena calidad, con mayor resistencia y que con menos dosis producen más cosecha. Como sembradores, ya disponemos de esa semilla de buena calidad, lo hemos escuchado en la 1ª lectura: “Así será mi Palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que cumplirá mi deseo y llevará a cabo ni encargo”. Una semilla que, como ha dicho Jesús, sólo con una cuarta parte que cae “en tierra buena da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno”. ¿Soy consciente del valor de la Palabra de Dios? ¿Cómo la cuido? ¿Confío en su poder para dar fruto?

ACTUAR. -

«El mundo actual presenta oportunidades únicas para la evangelización». Hoy agradecemos al Señor que nos haya llamado, por el bautismo, a ser sus sembradores. Aunque cada vez nos cueste más y sintamos que estamos ‘trabajando a pérdidas’, hemos de corresponder a su confianza, confiando en el poder de su ‘semilla’, de su Palabra. Por eso, «no basta con mantener las mismas estructuras y actividades de siempre. La conversión pastoral se vive buscando una fidelidad creativa a la Tradición viva de la Iglesia, atreviéndonos a nuevas formas de estar presentes y de servir en la vida de los hombres y mujeres de hoy, para que, a través de nosotros, su Evangelio siga llegando limpio, vivo y esperanzador a este nuevo tiempo de la Historia, confiando en que también en las generaciones que vienen, el Señor sigue sembrando y haciendo crecer algo nuevo». (Tema 2) 



sábado, 4 de julio de 2026

DOMINGO XIV DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A

DOMINGO XIV DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A

Domingo 5 de julio de 2026

 

PRIMERA LECTURA:

"Mira a tu rey que viene a ti pobre” (Zacarías 9, 9-10)

Lectura de la profecía de Zacarías.

Esto dice el Señor: «¡Salta de gozo, Sion; alégrate, Jerusalén! Mira que viene tu rey, justo y triunfador, pobre y montado en un borrico, en un pollino de asna. Suprimirá los carros de Efraín y los caballos de Jerusalén; romperá el arco guerrero y proclamará la paz a los pueblos. Su dominio irá de mar a mar, desde el Río hasta los extremos del país».

Palabra de Dios.

SALMO:

"Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey” (Salmo 144)

R.  Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.

V.  Te ensalzaré, Dios mío, mi rey; bendeciré tu nombre por siempre jamás. Día tras día, te bendeciré y alabaré tu nombre por siempre jamás. /R. 

V.  El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas. /R. 

V.  Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles. Que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas. /R. 

V.  El Señor es fiel a sus palabras, bondadoso en todas sus acciones. El Señor sostiene a los que van a caer, endereza a los que ya se doblan. /R. 

SEGUNDA LECTURA:

"Si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis” (Romanos 8, 9.11-13)

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos.

Hermanos: Vosotros no estáis en la carne, sino en el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios habita en vosotros; en cambio, si alguien no posee el Espíritu de Cristo no es de Cristo. Y si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús también dará vida a vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros. Así pues, hermanos, somos deudores, pero no de la carne para vivir según la carne. Pues si vivís según la carne, moriréis; pero si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis.

Palabra de Dios.

 

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

V.  Bendito seas, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del reino a los pequeños.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

 

EVANGELIO:

"Soy manso y humilde de corazón” (Mateo 11, 25-30)

En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».”.

CUANDO YA NO PODEMOS MÁS

 

VER. –

Durante el viaje apostólico del Papa León XIV a España, en la vigilia de oración que tuvo en Barcelona, una joven preguntó al Papa: ‘¿Dónde podemos ver a Dios cuando la oscuridad es absoluta y ya no podemos más? ¿Cómo podemos confiar en Dios, cuando parece que nada, ni uno mismo, vale la pena?’ Prácticamente todos podemos hacer nuestras estas preguntas. Y, aunque esta sensación de ‘no poder más’ se puede dar a cualquier edad, es en la vida adulta cuando se da con más frecuencia, porque la acumulación de vivencias dolorosas y negativas es mayor.

 

JUZGAR. -

Por eso, hoy el Señor nos ha dicho en el Evangelio: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré”. Pero, cuando la oscuridad es absoluta y ya no podemos más, estas palabras se quedan en eso, en palabras que no tienen ninguna repercusión sobre nosotros. Por eso, es conveniente recordar lo que el Papa dijo en su respuesta, porque «en las horas de dolor, debemos abrirnos a alguien que nos ayude, que nos acompañe con discreción sin la prisa de explicarnos ese dolor, que nos tome de la mano».

El Papa empezó diciendo que Jesús no habla sin conocimiento de causa. Jesús sabe lo que es vivir esas situaciones de oscuridad, de angustia, de dolor. En Getsemaní «el Hijo de Dios está asumiendo en su propia carne toda la angustia, la soledad y el sufrimiento de la humanidad. En esas horas oscuras, muriendo en la cruz, Jesús comparte nuestro dolor y nos revela el rostro de un Dios compasivo, que carga con nuestras penas, que sufre con nosotros, llora nuestras lágrimas y permanece a nuestro lado con su presencia llena de amor y misericordia».

Recordando el grito de Jesús en la Cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mt 27, 46), el Papa dijo que, «en estos momentos, podemos pensar instintivamente que también Dios nos ha abandonado. Pero la cruz de Jesús nos dice que Dios no nos abandona, que Él sigue crucificado con nosotros en el momento del dolor y de la soledad extrema, que Él recoge no sólo nuestras lágrimas, sino el grito de nuestro sufrimiento que otros no escuchan».

El Papa destaca que el sufrimiento y la oscuridad de Jesús «se vuelve oración y grito, y que eso vale también para nosotros: frente a las situaciones más difíciles y dolorosas, cuando Dios parece ausente, debemos confiarle una vez más las cargas que llevamos en el corazón, incluso gritándole a Él, incluso protestando como Job, seguros de que de algún modo Él se hace presente y está cerca aun cuando aparentemente calla».

Pero no es un grito al vacío: como también dijo el Papa en su homilía del día de Corpus, la Eucaristía es «el don de la presencia viva de Cristo en medio de nosotros. Él, que quiso ofrecernos su vida para hacernos entrar en la comunión del Padre y convertirnos en hijos suyos, está aquí, como Pan vivo bajado del cielo, que nos alimenta con la misma vida de Dios, con un amor más fuerte que la muerte». Y desde su presencia real en la Eucaristía nos dice: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados…”.

Cuando sentimos que ‘ya no podemos más’, tanto la celebración eucarística como la adoración ante el Santísimo son el ‘lugar’ para ir al Señor y ‘gritarle’, porque «se trata de la fe en la presencia del Señor Resucitado, que está vivo y sigue pasando en medio de nosotros, que se hace pan para nuestra hambre de vida y visita los rincones de nuestro corazón y de nuestra historia, también los más oscuros».

Y el Papa León citó también unas catequesis del Benedicto XVI: «en la oración debemos ser capaces de llevar ante Dios nuestros cansancios, el sufrimiento de ciertas situaciones, de ciertas jornadas, el compromiso cotidiano de seguirlo, de ser cristianos, así como el peso del mal que vemos en nosotros y en nuestro entorno, para que Él nos dé esperanza, nos haga sentir su cercanía, nos proporcione un poco de luz en el camino de la vida». (1 febrero 2012)

Sin olvidar lo que Jesús nos ha dicho: “yo os aliviaré”. No nos quita el cansancio y el agobio, sino que nos alivia para llevarlo, porque como también dijo Benedicto XVI: «No quiere decir únicamente aguantar con espíritu sereno aquellos males que no podemos resolver. Quiere decir seguir el camino de Jesús como Él nos enseñó, afrontando los esfuerzos, sufrimientos y renuncias que este seguimiento comporta. Amar, ser generoso, trabajar al servicio de los demás, luchar por la justicia, no es fácil». (1 febrero 2012)

ACTUAR. –

Cuando sintamos con fuerza el cansancio y el agobio, y que ‘ya no podemos más’, recordemos las palabras del Papa León: «volvamos a Él con amor sincero. Abrámonos al encuentro con Él, dejemos que hidrate las sequedades de nuestro corazón». (Homilía Corpus) «Estas noches —que acompañan nuestra vida, el camino de la fe y la historia en la que vivimos— son un lugar de bendición, un espacio para renacer. Nos despojan y nos devuelven a lo esencial; nos dejan al descubierto, en nuestras luces y en nuestras sombras, devolviéndonos a la humildad de sabernos mirar en la verdad. Este ‘espacio vacío’, aun cuando se presenta bajo la forma del sufrimiento o de la insatisfacción, de la desilusión o de la incredulidad, puede ser ocasión para recibir una nueva vida, para cambiar y renovarse». (Vigilia)