viernes, 30 de octubre de 2026

Solemnidad de Todos los Santos- ciclo A

Solemnidad de Todos los Santos- ciclo A

Domingo 1 de noviembre de 2026

 

PRIMERA LECTURA:

Apocalipsis 7,2-4.9-14 - “Vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de todas las naciones, razas, pueblos”

Lectura del libro del Apocalipsis.

Yo, Juan, vi a otro ángel que subía del oriente llevando el sello del Dios vivo. Gritó con voz potente a los cuatro ángeles encargados de dañar a la tierra y al mar, diciéndoles: «No dañéis a la tierra ni al mar ni a los árboles hasta que sellemos en la frente a los siervos de nuestro Dios». Oí también el número de los sellados, ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de Israel. Después de esto vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y delante del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y gritan con voz potente: «¡La victoria es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero!». Y todos los ángeles que estaban de pie alrededor del trono y de los ancianos y de los cuatro vivientes cayeron rostro a tierra ante el trono, y adoraron a Dios, diciendo: «Amén. La alabanza y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y el honor y el poder y la fuerza son de nuestro Dios, por los siglos de los siglos. Amén». Y uno de los ancianos me dijo: «Estos que están vestidos con vestiduras blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido?». Yo le respondí: «Señor mío, tú lo sabrás». Él me respondió: «Estos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero».

Palabra de Dios.

 

SALMO:

Salmo 23 - “Esta es la generación que busca tu rostro, Señor”

R.  Esta es la generación que busca tu rostro, Señor.

V.  Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes:

él la fundó sobre los mares, él la afianzó sobre los ríos. /R. 

V.  ¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro? El hombre de manos inocentes y puro corazón, que no confía en los ídolos. /R. 

V.  Ese recibirá la bendición del Señor, le hará justicia el Dios de salvación. Esta es la generación que busca al Señor, que busca tu rostro, Dios de Jacob. /R. 

 

SEGUNDA LECTURA:

1 Juan 3,1-3 - “Veremos a Dios tal cual es”

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan.

Queridos hermanos: Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no lo conoció a él. Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es. Todo el que tiene esta esperanza en él se purifica a sí mismo, como él es puro.

Palabra de Dios.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

V.  Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados —dice el Señor—, y yo os aliviaré.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

 

EVANGELIO:

Mateo 5, 1-12a - “Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo”

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.

Palabra del Señor.

SANTOS ANÓNIMOS

VER. –

Una persona se encontraba bastante abatida; además de sus problemas personales, dijo que, al ver las noticias en televisión, aún se sentía peor: ‘¡Qué mal está todo, esto no tiene arreglo!’ Y no se puede negar la realidad: todo está muy mal, son muchos los problemas que nos afectan más o menos directamente, para los cuales sencillamente no encontramos ni se nos ofrece una salida, y parece que sólo nos queda aguantar. Pero, dentro de lo mal que está todo, también tenemos que ver a la denominada ‘mayoría silenciosa’, es decir, a la gran cantidad de gente anónima que no sale en las noticias, pero que con su trabajo y entrega logran que las cosas sigan adelante y no vayan peor todavía.

 

JUZGAR. –

Hoy celebramos la solemnidad de Todos los Santos, de los conocidos y, sobre todo, de los santos que podemos denominar anónimos, desconocidos. Hoy se nos invita a fijarnos en esa “muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas”. Personas que han hecho vida el Evangelio entregándose a los demás, a veces de un modo explícito como cristianos, y a veces también sin saberlo ellos mismos, aquéllos que el teólogo Karl Rahner llamó ‘cristianos anónimos’ porque en la práctica viven en la gracia de Cristo aun cuando (sin culpa por su parte) no saben de Cristo, no están bautizados y no pertenecen a la comunidad cristiana.

Y es cierto que todo está muy mal, pero esto ha de ser para nosotros una llamada no al fatalismo, sino a una mayor necesidad de santidad. Y esta llamada nos incumbe a todos, porque, como dijo el Papa Francisco: «Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra». (Gaudete et exsultate 14) «Para un cristiano no es posible pensar en la propia misión en la tierra sin concebirla como un camino de santidad». (19)

Y oímos esto y pensamos que no es para nosotros, porque, como dijo el Papa León XIV, «a veces, los retos actuales pueden parecer superiores a nuestras posibilidades, pero no es así» (Homilía 1 noviembre 2025). «Jesús explicó con toda sencillez qué es ser santos, y lo hizo cuando nos dejó las bienaventuranzas. En ellas se dibuja el rostro del Maestro, que estamos llamados a transparentar en lo cotidiano de nuestras vidas». (GE 63) «La palabra ‘bienaventurado’ pasa a ser sinónimo de ‘santo’ , porque expresa que la persona que es fiel a Dios y vive su Palabra alcanza, en la entrega de sí, la verdadera dicha». (64) Y, si nos fijamos, las Bienaventuranzas no proponen un camino de santidad que quede alejado de nuestro día a día.

Ser pobres en el espíritu, es rechazar toda soberbia y estar abiertos a Dios y a los demás. Ser mansos es fomentar la comprensión, no devolver mal por mal o insulto por insulto. (cfr 1Pe 3. 9) Saber llorar es ver la realidad sin pretender ocultar o negar el dolor, sino afrontándolo cuando llega. Tener hambre y sed de la justicia es no quedarse indiferente ante abusos e injusticias e implicarse y apoyar todas las iniciativas en favor de la justicia, aunque no siempre se vean resultados.

Ser misericordioso es saber acompañar y permanecer junto a quienes sufren de cualquier modo. Ser limpio de corazón es buscar la coherencia, rechazar mentiras, engaños y doble moral. Trabajar por la paz es rechazar todo tipo de violencia ya sea física, hablada o escrita, en los ambientes en que nos movemos, buscando la reconciliación e impulsando más lo que une que lo que separa.

Ser perseguido por causa de la justicia es aceptar que, por nuestra ‘hambre y sed de justicia’ , por defenderla y luchar por ella, vamos a ser cuestionados y rechazados.

Y, por vivir en fidelidad al Evangelio, por nuestro compromiso con Dios, vamos a sufrir problemas, burlas y calumnias. Sin olvidar que en algunos países se sigue persiguiendo y matando a cristianos. A cada Bienaventuranza podemos unir una situación, un rostro… que forma parte de nuestro entorno y que será la oportunidad de ir haciendo de nuestra vida un camino de santidad.

 

ACTUAR. -

Todo está muy mal, vivimos tiempos de oscuridad en muchos aspectos, y buscamos una salida. La celebración de Todos los Santos nos muestra que, como dijo el Papa León, «La vida se ilumina no porque seamos ricos, bellos o poderosos. Se ilumina cuando uno descubre en su interior esta verdad: Dios me ha llamado, tengo una vocación, tengo una misión, mi vida sirve para algo más grande que yo mismo». Estamos llamados a ser ‘santos anónimos’. «Pidamos que el Espíritu Santo infunda en nosotros un intenso anhelo de ser santos para la mayor gloria de Dios y alentémonos unos a otros en este intento. Así compartiremos una felicidad que el mundo no nos podrá quitar». (GE 177)



sábado, 17 de octubre de 2026

XXIX Domingo del Tiempo Ordinario

XXIX Domingo del Tiempo Ordinario

Domingo 18 de octubre de 2026

 PRIMERA LECTURA:

Isaías 45, 1.4-6 - “Yo he tomado de la mano a Ciro, para doblegar ante él las naciones”

Lectura del libro de Isaías.

Esto dice el Señor a su Ungido, a Ciro: «Yo lo he tomado de la mano, para doblegar ante él las naciones y desarmar a los reyes, para abrir ante él las puertas, para que los portales no se cierren. Por mi siervo Jacob, por mi escogido Israel, te llamé por tu nombre, te di un título de honor, aunque no me conocías. Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí no hay dios. Te pongo el cinturón, aunque no me conoces, para que sepan de Oriente a Occidente que no hay otro fuera de mí. Yo soy el Señor y no hay otro».

Palabra de Dios.

 SALMO:

Salmo 95 - “Aclamad la gloria y el poder del Señor”

R.  Aclamad la gloria y el poder del Señor.

V.  Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor, toda la tierra. Contad a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones. /R. 

V.  Porque es grande el Señor, y muy digno de alabanza, más temible que todos los dioses. Pues los dioses de los gentiles no son nada, mientras que el Señor ha hecho el cielo. /R. 

V.  Familias de los pueblos, aclamad al Señor, aclamad la gloria y el poder del Señor; aclamad la gloria del nombre del Señor, entrad en sus atrios trayéndole ofrendas. /R. 

V.  Postraos ante el Señor en el atrio sagrado, tiemble en su presencia la tierra toda. Decid a los pueblos: «El Señor es rey: él gobierna a los pueblos rectamente». /R. 

 SEGUNDA LECTURA:

1 Tesalonicenses 1, 1-5b - “Recordamos vuestra fe, vuestro amor y vuestra esperanza”

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses.

Pablo, Silvano y Timoteo a la Iglesia de los Tesalonicenses, en Dios Padre y en el Señor Jesucristo. A vosotros, gracia y paz. En todo momento damos gracias a Dios por todos vosotros y os tenemos presentes en nuestras oraciones, pues sin cesar recordamos ante Dios, nuestro Padre, la actividad de vuestra fe, el esfuerzo de vuestro amor y la firmeza de vuestra esperanza en Jesucristo nuestro Señor. Bien sabemos, hermanos amados de Dios, que él os ha elegido, pues cuando os anuncié nuestro evangelio, no fue solo de palabra, sino también con la fuerza del Espíritu Santo y con plena convicción.

Palabra de Dios.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

V.  Brilláis como lumbreras del mundo, manteniendo firme la palabra de la vida.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

 

EVANGELIO:

Mateo 22, 15-21 - “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”

En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron algunos discípulos suyos, con unos herodianos, y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te importe nadie, porque no te fijas en apariencias. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?». Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús: «Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto». Le presentaron un denario. Él les preguntó: «¿De quién son esta imagen y esta inscripción?». Le respondieron: «Del César». Entonces les replicó: «Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».

 UNO EN CRISTO, UNIDOS EN LA MISIÓN

VER. -

Desde hace años se ha agudizado la tendencia a la polarización de las personas: dividimos a la gente en bloques ideológicos por sus opiniones, creencias, apariencia… Y la polarización conlleva el encasillamiento: si piensas de tal modo, si perteneces a tal o cual grupo, si ves o lees determinados medios de comunicación… ‘tienes que ser’ de éste o aquel bloque ideológico, sin discusión. Y la polarización y el encasillamiento se traducen en rechazo y enfrentamiento hacia ‘el otro’.

JUZGAR. -

Hoy la Palabra de Dios nos llama a que no nos dejemos arrastrar por la polarización y el encasillamiento. En la 1ª lectura hemos escuchado algo que, si no conocemos la historia, nos puede pasar desapercibido, pero es de suma importancia: “Esto dice el Señor a su Ungido, a Ciro: «Yo lo he tomado de la mano, para abrir ante él las puertas… aunque no me conocías»”. El profeta anuncia que Dios va a liberar a su pueblo por medio de un rey pagano. Y este rey, que no conoce a Dios, es llamado ‘Ungido’, un título propio de los reyes y profetas de Israel: esto era algo ‘escandaloso’ para los israelitas. Pero Dios no admite polarizaciones ni encasillamientos, y por eso va a realizar su plan de salvación incluso por medio de personas que no le conocen o creen en Él.

Y en el Evangelio nos hemos encontrado con una muestra de polarización y encasillamiento, la que hacen los fariseos “para comprometer a Jesús con una pregunta: ¿Es lícito pagar impuesto al César o no?” La respuesta no era fácil: si respondía que sí, sería tachado por la gente de colaboracionista con el poder opresor romano; si respondía que no, sería considerado por los romanos un revolucionario exaltado.

Pero Jesús no se deja arrastrar por la polarización y el encasillamiento, precisamente porque, como han dicho de Él en verdad los fariseos, sin pretenderlo: “enseñas el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te importe nadie, porque no te fijas en las apariencias”. Y por esto mismo Jesús responde: “Dad al César lo que es del César y a Dios y lo que es de Dios”. Jesús no polariza ni encasilla a la gente como ‘pro-romanos’ y ‘anti-romanos’, sino que muestra que la fidelidad a Dios no es incompatible con el respeto hacia el poder político o económico. Y aunque para el creyente la fe en Dios es prioritaria, eso no significa que no se deba reconocer y valorar lo positivo que hay entre quienes no comparten nuestra fe.

Y esta llamada del Señor a no dejarnos arrastrar por la polarización y el encasillamiento, que tiene múltiples aplicaciones para nuestra vida cotidiana, también es importante para la Jornada del Domund que hoy celebramos, y que este año cumple su primer centenario, y cuyo lema es: ‘UNO EN CRISTO, UNIDOS EN LA MISIÓN’. En su Mensaje, el Papa León señala con este lema que «de la unión con Cristo brota la comunión recíproca entre los creyentes y nace toda fecundidad misionera». Y, como hay diversos carismas y estilos de llevar adelante la misión evangelizadora, el Papa advierte que «en muchas situaciones asistimos a conflictos, polarizaciones, incomprensiones, desconfianza mutua. Cuando esto ocurre también en nuestras comunidades, se debilita su testimonio». Por eso, el Domund nos invita en primer lugar a «custodiar y alimentar la espiritualidad de comunión y colaboración, a mirar a nuestros hermanos y hermanas con ojos de fe, a reconocer el bien que el Espíritu suscita en cada uno, a acoger la diversidad como riqueza, porque la unidad misionera no debe entenderse como uniformidad, sino como convergencia de los diferentes carismas con el mismo objetivo: hacer visible el amor de Cristo e invitar a todos al encuentro con Él». Y, en segundo lugar, puesto que Dios realiza su plan de salvación sirviéndose a veces de personas que no le conocen o incluso no creen en Él, el Domund también nos hace una llamada a cooperar con quienes llevan a cabo acciones buenas y justas que apoyan y favorecen la misión evangelizadora, aunque esas personas no sean creyentes, sin caer en polarizaciones ni encasillamientos.

ACTUAR. –

En este centenario de la Jornada Mundial de las Misiones, recordemos especialmente lo que destacó el Papa Francisco: «Todos somos discípulos misioneros» (EG 120). Pero hoy, como dice el Papa León, con nuestra oración y apoyo económico, agradecemos «especialmente a los misioneros y misioneras que han dejado su tierra, su familia y toda seguridad para anunciar el Evangelio, llevando a Cristo y su amor a lugares a menudo difíciles, pobres, marcados por conflictos o culturalmente lejanos. Siguen entregándose con alegría a pesar de las adversidades y las limitaciones humanas, porque saben que Cristo mismo, con su Evangelio, es la mayor riqueza que se puede compartir. Con su perseverancia muestran que el amor de Dios es más fuerte que cualquier barrera».



viernes, 9 de octubre de 2026

XXVIII Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo A

XXVIII Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo A

Domingo 11 de octubre de 2026

 PRIMERA LECTURA:

Isaías 25, 6-10a - “Preparará el Señor un festín, y enjugará las lágrimas de todos los rostros”

Lectura del libro de Isaías.

Preparará el Señor del universo para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares exquisitos, vinos refinados. Y arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos, el lienzo extendido sobre todas las naciones. Aniquilará la muerte para siempre. Dios, el Señor, enjugará las lágrimas de todos los rostros, y alejará del país el oprobio de su pueblo –lo ha dicho el Señor–. Aquel día se dirá: «Aquí está nuestro Dios. Esperábamos en él y nos ha salvado. Este es el Señor en quien esperamos. Celebremos y gocemos con su salvación, porque reposará sobre este monte la mano del Señor».

Palabra de Dios.

 

SALMO:

Salmo 22 - “Habitaré en la casa del Señor por años sin término”

R.  Habitaré en la casa del Señor por años sin término.

V.  El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas. /R. 

V.  Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan. /R.

V.  Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa. /R. 

V.  Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término. /R. 

SEGUNDA LECTURA:

Filipenses 4, 12-14.19-20 - “Todo lo puedo en aquel que me conforta”

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses.

Hermanos: Sé vivir en pobreza y abundancia. Estoy avezado en todo y para todo: a la hartura y al hambre, a la abundancia y a la privación. Todo lo puedo en aquel que me conforta. En todo caso, hicisteis bien en compartir mis tribulaciones. En pago, mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades con magnificencia, conforme a su riqueza en Cristo Jesús. A Dios, nuestro Padre, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Palabra de Dios.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

V.  El Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine los ojos de nuestro corazón, para que comprendamos cuál es la esperanza a la que nos llama.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

 

EVANGELIO:

Mateo 22, 1-14 - “A todos los que encontréis, llamadlos a la boda”

En aquel tiempo, volvió a hablar Jesús en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo: «El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo; mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar otros criados encargándoles que dijeran a los convidados: “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda”. Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los mataron. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: “La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda”. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?”. El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los servidores: “Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”. Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos.

INVITADOS (SINCEROS) A LA BODA

VER. –

Cuando nos invitan a una boda, ¿cuál es nuestra primera reacción? A no ser que tengamos una especial relación con los contrayentes, la mayoría de las veces la primera reacción suele ser de contrariedad, porque nos supone salir de nuestros horarios, nuestros intereses… Miramos la agenda para ver si ese día ya teníamos algún compromiso y, si es así, tenemos que decidir qué vamos a priorizar. También pensamos qué nos vamos a poner ese día, si tenemos o no ropa adecuada. Y, si a todo esto añadimos el gasto que va a suponernos, la contrariedad va en aumento. Pero, si no podemos excusar nuestra asistencia, asumimos todo eso y, ese día, acabamos pasándolo muy bien.

JUZGAR. –

En tiempo de Jesús, la celebración de una boda era algo muy importante. Era una de las ocasiones más alegres en la vida judía, y todas las celebraciones que la rodeaban podían durar hasta una semana. Jesús utiliza esta experiencia conocida por todos para hablarnos del Reino de Dios, que es fiesta, comunión, felicidad. El Reino es como un banquete con muchos ‘platos’ buenos, como decía la 1ª lectura: “Preparará el Señor del universo para todos los pueblos un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares exquisitos, vinos refinados”. Dios nos ofrece lo mejor de lo mejor para nuestra felicidad. Jesús sigue invitándonos a todos a la ‘boda’ del Reino, que ya desde ahora podemos comenzar a celebrar, y en la cual encontramos diferentes ‘platos’: oraciones, retiros, Equipos de Vida, actividades… y, por supuesto, el ‘plato fuerte’, la Eucaristía. Todo ello muy bueno, para que vivir como cristianos sea como un festín, y no como un funeral. Hoy la Palabra de Dios nos invita a preguntarnos: ¿Cuál es nuestra reacción cuando recibimos la invitación a participar en esta ‘boda’? Seamos sinceros: salvo excepciones, nuestra primera reacción es la contrariedad, porque nuestra tendencia habitual es hacer ‘nuestros’ planes y horarios y, después, introducir ahí ‘las cosas de Dios’. Y cuando se nos propone participar en los Equipos, celebraciones, actividades… sentimos que todo eso choca con lo que nosotros ya tenemos organizado, y hacemos como los primeros invitados de la parábola: “ellos no hicieron caso”. Ni nos planteamos participar. Quizá no rechacemos de primeras la invitación, y miramos qué día y hora será cada una de esas celebraciones y actividades que nos han propuesto… Si ‘no tenemos nada’ ese día y hora, a lo mejor participamos; pero si ya tenemos algo, hemos de decidir qué vamos a priorizar; y, sigamos siendo sinceros, muchas veces hacemos como los primeros invitados: “uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios…” Ponemos excusas; a veces habrá algo que de verdad no podemos posponer, pero (continuemos con la sinceridad) la mayoría de las veces es falta de interés y de ganas .En nuestra decisión de participar o no en la ‘boda’ a la que Jesús nos invita también pesa lo que nos va a costar… No ya económicamente (aunque este anticipo del Reino que es la Iglesia, la parroquia, somos todos y entre todos debemos sustentarla económicamente), sino el ‘coste personal’: estar dispuesto a dar, gratuitamente, mi tiempo, a poner a disposición de los demás mis capacidades. Y asumir un compromiso (seguimos con la sinceridad) nos cuesta mucho más que dar algo de dinero. Y no se nos tiene que olvidar algo: si hemos aceptado la invitación a la boda… ¿Qué nos ponemos? ¿Cómo nos ‘vestimos’? El ‘traje de fiesta’ nos lo ha dado Dios desde nuestro Bautismo: ‘El amor de Dios derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado’. La conciencia de este amor es el ‘traje de fiesta’ que nos hace vivir «la alegría del Evangelio que llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús» (Evangelii Gaudium 1), aunque estemos atravesando situaciones de dolor. Pero (la sinceridad continúa) nos cuesta ponernos este ‘traje de fiesta’, no sentimos alegría por haber sido invitados a participar en esta ‘boda’ porque de diferentes formas “hemos abandonado el amor primero” (cfr. Ap. 2, 4) y nos falta la fe y la esperanza y, por tanto, el verdadero deseo del Reino

ACTUAR. –

Hoy Jesús vuelve a traernos la invitación para la “boda” del Reino de Dios. Seamos invitados sinceros: ¿Cómo reaccionamos? Ojalá le respondamos aceptando su invitación, no por compromiso ni por miedo, sino con alegría, poniéndonos ya desde ahora el ‘traje de fiesta’ que Él mismo nos ha regalado, porque queremos vivir un día la plenitud del amor de Dios en la fiesta del Reino.



 

sábado, 3 de octubre de 2026

XXVII Domingo del Tiempo Ordinario

XXVII Domingo del Tiempo Ordinario

Domingo 4 de octubre de 2026

 

PRIMERA LECTURA:

Isaías 5, 1-7 - “La viña del Señor del universo es la casa de Israel”

Lectura del libro de Isaías.

Voy a cantar a mi amigo el canto de mi amado por su viña. Mi amigo tenía una viña en un fértil collado. La entrecavó, quitó las piedras y plantó buenas cepas; construyó en medio una torre y cavó un lagar. Esperaba que diese uvas, pero dio agrazones. Ahora, habitantes de Jerusalén, hombres de Judá, por favor, sed jueces entre mí y mi viña. ¿Qué más podía hacer yo por mi viña que no hubiera hecho? ¿Por qué, cuando yo esperaba que diera uvas, dio agrazones? Pues os hago saber lo que haré con mi viña: quitar su valla y que sirva de leña, derruir su tapia y que sea pisoteada. La convertiré en un erial: no la podarán ni la escardarán, allí crecerán zarzas y cardos, prohibiré a las nubes que lluevan sobre ella. La viña del Señor del universo es la casa de Israel y los hombres de Judá su plantel preferido. Esperaba de ellos derecho, y ahí tenéis: sangre derramada; esperaba justicia, y ahí tenéis: lamentos.

Palabra de Dios.

 

SALMO:

Salmo 79 - “La viña del Señor es la casa de Israel”

/R.  La viña del Señor es la casa de Israel.

V.  Sacaste una vid de Egipto, expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste. Extendió sus sarmientos hasta el mar, y sus brotes hasta el Gran Río. /R. 

V.  ¿Por qué has derribado su cerca para que la saqueen los viandantes, la pisoteen los jabalíes y se la coman las alimañas? /R. 

V.  Dios del universo, vuélvete: mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña. Cuida la cepa que tu diestra plantó y al hijo del hombre que tú has fortalecido. /R. 

V.  No nos alejaremos de ti: danos vida, para que invoquemos tu nombre. Señor, Dios del universo, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve. /R.

 

 

SEGUNDA LECTURA:

Filipenses 4, 6-9 - “Ponedlo por obra, y el Dios de la paz estará con vosotros”

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses.

Hermanos: Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y en la súplica, con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios. Y la paz de Dios, que supera todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Finalmente, hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta. Lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis, visteis en mí, ponedlo por obra. Y el Dios de la paz estará con vosotros.

Palabra de Dios.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

V.  Yo os he elegido del mundo —dice el Señor—, para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

 

EVANGELIO:

Mateo 21, 33-43 - “Arrendará la viña a otros labradores”

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: Escuchad otra parábola: «Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos. Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, les mandó a su hijo diciéndose: “Tendrán respeto a mi hijo”. Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: “Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia”. Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?». Le contestan: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo». Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos

EL CUIDADO DE LA CREACIÓN

VER. –

El verano de 2026 ha sido el más cálido desde que se tienen registros, y esto ha sido el indicativo de una situación que se había ido gestando con anterioridad. Como ha indicado la Subcomisión Episcopal para la Acción Caritativa y Social, «la ciencia nos advierte que hemos traspasado peligrosamente los límites para mantener la vida en la Tierra, y esto se traduce en una realidad innegable: sufrimos una intensificación alarmante de las olas de calor, de sequías prolongadas y cronificadas, de incendios forestales, de lluvias torrenciales inéditas y una preocupante tendencia a la desertificación. Vemos con dolor la degradación de nuestros ecosistemas, el agotamiento de nuestras cuencas hidrográficas». No sólo en España, sino en muchas otras zonas del mundo.

 

JUZGAR. –

El pasado 1 de septiembre comenzó el ‘Tiempo de la Creación’, una iniciativa ecuménica de oración, con multitud de actividades en las diócesis de todo el mundo, y que finaliza hoy, 4 de octubre, festividad de San Francisco de Asís. El Papa León escribió un Mensaje con motivo de este Tiempo de la Creación, que comienza con estas palabras: «Nuestro Señor Jesucristo vino para que tengamos viday la tengamos en abundancia (cf. Jn 10,10). En esta Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, se nos invita a contemplar el don de la vida y a apreciar la tierra que la sustenta, ya que son modos tangibles de alabar a nuestro Creador».

En la 1ª lectura hemos escuchado a Isaías, refiriéndose a Dios: “Mi amigo tenía una viña en fértil collado. La entrecavó, quitó las piedras y plantó buenas cepas; construyó en medio una torre y cavó un lagar”. Y en el Evangelio, Jesús ha insistido en esta imagen: “Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores…” Esta Palabra de Dios nos hace una llamada, precisamente, a contemplar ese don que es la Creación, para ser más conscientes de todo lo que el Señor nos ha entregado y sentirnos verdaderamente agradecidos por ello.

Pero también, contemplando la situación actual, nos hace una llamada a la reflexión: “Esperaba que diese uvas, pero dio agrazones” (1ª lectura);  “Llegado el tiempo de los frutos… los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon” (Evangelio). ¿Qué hemos hecho con el don de la Creación que Dios nos ha entregado? El Papa indica en su mensaje: «Actualmente, estamos siendo testigos de múltiples crisis y de un gran sufrimiento humano. Al mismo tiempo, la alteración del equilibrio armónico de la Creación se está acelerando». Y señala una causa directa: «La guerra deja una destrucción social y ecológica que perdura por generaciones. La interacción entre conflictos armados y degradación ambiental crea círculos viciosos que destruyen ecosistemas, contaminan recursos esenciales, como el aire y el agua, y merman la seguridad de los alimentos. Esto genera pobreza, desigualdad y nuevos conflictos sociales que pueden contribuir al resurgimiento de conflictos futuros.»

Y este aumento de los conflictos bélicos «no es sólo un fracaso político, sino también moral y espiritual. Pone de manifiesto un fracaso más profundo cuando se trata de vivir a imagen y semejanza de Dios, de respetar la vida y de cuidar la Tierra que se nos ha confiado.» Y cita a Benedicto XVI, que «nos recordó que ‘los desiertos exteriores se multiplican en el mundo, porque se han extendido los desiertos interiores’ (Homilía en el Solemne Inicio del Ministerio Petrino, 24 abril 2005). Esto nos llama a reconocer que lo que está arruinando en nuestro entorno, de alguna manera también está dentro de nosotros».

 

ACTUAR. -

 Nosotros somos esos labradores de la parábola, a los que Dios ha entregado la viña de la Creación y que, ante esta situación de ‘desierto’ exterior e interior, nos cuestiona: “¿Qué hará con aquellos labradores?” Y el Papa nos indica el primer paso: «Para construir una sociedad pacífica, debemos no sólo reformar estructuras, sino renovar nuestros corazones. Las crisis mencionadas no sólo exigen responsabilidad sino también una conversión del corazón». Como decía san Pablo: “en toda ocasión, en la oración y en la súplica, con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios”, para avanzar en «una conversión, un regreso a Dios que reordene nuestros deseos».

En segundo lugar, «estamos llamados al cuidado de los múltiples ‘ecosistemas’ que nos han sido confiados: los ecosistemas de la Creación, de las relaciones humanas y los del propio corazón humano». También decía san Pablo: “Todo lo que es verdadero, noble, justo… tenedlo en cuenta”, aunque no sea específicamente eclesial, apoyándolo «para que rinda frutos en una fidelidad más profunda a Dios, en el amor mutuo y en el respeto por el don de la Creación.

Los instrumentos son la verdad, el diálogo, la paciencia, la bondad, la justicia, la misericordia, la comprensión, el cuidado y el amor. Estos instrumentos brotan de los corazones formados por el Evangelio y sostenidos por la gracia de Dios. Sólo estas cualidades poseen el poder de transformar individuos, renovar comunidades y sanar las heridas de nuestro mundo.

A pesar de que los desafíos que tenemos por delante son enormes, Dios no nos deja. Es claro el camino que tenemos por delante, aunque no sea fácil. Estamos llamados a dejar que nuestros corazones sean renovados, de tal manera que favorezcamos la paz y el cuidado de la Creación

 

 


 

 

viernes, 25 de septiembre de 2026

XXVI Domingo del Tiempo Ordinario

Domingo 27 de septiembre de 2026

 

PRIMERA LECTURA:

Ezequiel 18, 25-28 - “Cuando el malvado se convierta de la maldad, salva su propia vida”

Lectura de la profecía de Ezequiel.

Esto dice el Señor: «Insistís: “No es justo el proceder del Señor”. Escuchad, casa de Israel: ¿Es injusto mi proceder? ¿No es más bien vuestro proceder el que es injusto? Cuando el inocente se aparta de su inocencia, comete la maldad y muere, muere por la maldad que cometió. Y cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, él salva su propia vida. Si recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá».

Palabra de Dios.

SALMO:

Salmo 24 - “Recuerda, Señor, tu ternura”

R.  Recuerda, Señor, tu ternura.

V.  Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas: haz que camine con lealtad; enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador, y todo el día te estoy esperando. /R. 

V.  Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas; no te acuerdes de los pecados ni de las maldades de mi juventud; acuérdate de mí con misericordia, por tu bondad, Señor. /R. 

V.  El Señor es bueno y es recto, y enseña el camino a los pecadores; hace caminar a los humildes con rectitud, enseña su camino a los humildes. /R. 

SEGUNDA LECTURA:

Filipenses 2, 1-11 - “Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús”

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses.

Hermanos: Si queréis darme el consuelo de Cristo y aliviarme con vuestro amor, si nos une el mismo Espíritu y tenéis entrañas compasivas, dadme esta gran alegría: manteneos unánimes y concordes con un mismo amor y un mismo sentir. No obréis por rivalidad ni por ostentación, considerando por la humildad a los demás superiores a vosotros. No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todos el interés de los demás. Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús. El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres. Y así, reconocido como hombre por su presencia, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Palabra de Dios.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

V.  Mis ovejas escuchan mi voz —dice el Señor—, y yo las conozco, y ellas me siguen.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO:

Mateo 21, 28-32 - “Se arrepintió y fue. Los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios”

+  Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”. Él le contestó: “No quiero”. Pero después se arrepintió y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: “Voy, señor”. Pero no fue. ¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?». Contestaron: «El primero». Jesús les dijo: «En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis».

Palabra del Señor.

ARREPENTIMIENTO

VER. -

En bastantes ocasiones, y más de un tiempo a esta parte, he escuchado decir a algunas personas respecto a su vida: ‘Yo no me arrepiento de nada’. Siempre me sorprende esta afirmación tan rotunda: ¿Nunca han hecho o dicho algo que ha tenido consecuencias negativas, para ellos mismos o, sobre todo, para otros, y hubieran querido actuar de otra forma? A veces lo dicen en el sentido de que todo lo que han hecho, bueno y malo, les ha servido de experiencia, pero en la mayoría de ocasiones lo que se refleja es un enorme egocentrismo, que lleva a vivir como si uno fuera el centro del universo y lo demás y los demás no cuentan. Y no se trata de vivir siempre atormentados por el pasado, pero tampoco de no querer ser conscientes de las repercusiones de nuestros actos.

JUZGAR. -

Hoy la Palabra de Dios nos habla del valor del arrepentimiento, de sentir verdadero pesar por haber hecho o dicho algo, o por haberlo dejado de hacer o decir. En el Evangelio, Jesús nos ha propuesto la parábola de los dos hijos, que reaccionan de forma diferente ante la misma petición de su padre: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”. El segundo hijo respondió: “‘Voy, señor’. Pero no fue”. Este hijo es egocéntrico, para él lo primero son sus intereses, sus apetencias… y no piensa en el padre. Del segundo hijo, en cambio, nos dice que su primera respuesta fue: “No quiero”. A este hijo, como a su hermano y a la mayoría de nosotros, lo primero que le sale es el egocentrismo. “Pero después se arrepintió y fue”. Este hijo no piensa sólo en sí mismo y en lo que le apetece, sino que piensa también en su padre, y por eso siente arrepentimiento: le duele la mala respuesta que ha dado, pero sobre todo haber fallado al amor y confianza de su padre. El arrepentimiento le sirve como estímulo para salir de su egocentrismo, convertirse y a hacer las cosas bien.

Esta parábola nos enseña a vivir el verdadero arrepentimiento: no se trata solamente de hacer un examen de conciencia y lamentar lo que hemos hecho o dicho. Además de esto, el arrepentimiento cristiano nos hace ser conscientes de que estamos ante un ‘Tú’, ante Dios mismo y su amor infinito por nosotros, y nos dolerá fallarle a Él y a su amor. Y ese ‘Tú’ que es Dios mismo se hace presente en los diferentes ‘tú’ que forman parte de nuestra vida cotidiana, como nos recordó el mismo Jesús: “cada vez que lo hicisteis con uno de éstos… conmigo lo hicisteis (…) cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos… tampoco lo hicisteis conmigo” (Mt 25, 40.45).

La parábola nos enseña a ser conscientes de que nuestros ‘no quiero’ se los estamos diciendo a nuestro Padre del cielo; y éste ha de ser el punto de apoyo de nuestro arrepentimiento. Y entonces podremos hacer nuestra, con sinceridad, humildad y confianza, la súplica que hemos escuchado en el Salmo: “Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas; no te acuerdes de los pecados ni de las maldades de mi juventud”. Una súplica que no significa estar siempre culpabilizándonos por nuestro pasado. Como hemos escuchado en la 1ª lectura: “cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo, y practica el derecho y la justicia… si recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá”. El filósofo alemán Max Scheler escribió una obra con un título muy significativo, “Arrepentimiento y nuevo nacimiento”, y en ella dice: «Arrepentirse significa imprimir un nuevo sentido a un fragmento de vida pasada». El arrepentimiento, al sacarnos de nuestro egocentrismo, también nos libera de permanecer encadenados a nuestras faltas y pecados y que podamos dar una nueva orientación a nuestra vida.

ACTUAR. -

¿Soy de los que afirman ‘no me arrepiento de nada’? ¿Me culpabilizo mucho por errores de mi pasado? ¿He vivido alguna vez el verdadero arrepentimiento? ¿Cambió en algo mi vida?

El verdadero arrepentimiento no se va a producir sólo por nuestro empeño y esfuerzo; la principal motivación será descubrir y vivir la presencia de Dios en nuestra vida, y esa presencia se ha hecho carne en Jesús. Por eso san Pablo pedía: “Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús”. Necesitamos vivir unidos a ese ‘Tú’ que es Cristo Resucitado por la oración, la Eucaristía, la Reconciliación, por la formación… para ir adquiriendo sus mismos sentimientos y concretarlos en nuestra vida cotidiana. Y, cuando pequemos, sentiremos verdadero arrepentimiento y nos sentiremos animados a seguir adelante con el propósito, sobre todo, de no volver a fallarle a Él y a su amor.




Solemnidad de Todos los Santos- ciclo A