viernes, 15 de mayo de 2026

DOMINGO VII DE PASCUA. ASCENSIÓN DEL SEÑOR - CICLO A

DOMINGO VII DE PASCUA. ASCENSIÓN DEL SEÑOR - CICLO A

Domingo 17 de mayo de 2026

 

PRIMERA LECTURA:

"A la vista de ellos, fue elevado al cielo” (Hechos 1,1-11)

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.

En mi primer libro, Teófilo, escribí de todo lo que Jesús hizo y enseñó desde el comienzo hasta el día en que fue llevado al cielo, después de haber dado instrucciones a los apóstoles que había escogido, movido por el Espíritu Santo. Se les presentó él mismo después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles del reino de Dios. Una vez que comían juntos, les ordenó que no se alejaran de Jerusalén, sino: «aguardad que se cumpla la promesa del Padre, de la que me habéis oído hablar, porque Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo dentro de no muchos días». Los que se habían reunido, le preguntaron, diciendo: «Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino a Israel?». Les dijo: «No os toca a vosotros conocer los tiempos o momentos que el Padre ha establecido con su propia autoridad; en cambio, recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría y “hasta el confín de la tierra”». Dicho esto, a la vista de ellos, fue elevado al cielo, hasta que una nube se lo quitó de la vista. Cuando miraban fijos al cielo, mientras él se iba marchando, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: «Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que ha sido tomado de entre vosotros y llevado al cielo, volverá como lo habéis visto marcharse al cielo».

Palabra de Dios.

 

SALMO:

"Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas” (Salmo 46)

R.  Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas.

V.  Pueblos todos, batid palmas, aclamad a Dios con gritos de júbilo; porque el Señor altísimo es terrible, emperador de toda la tierra. /R. 

V.  Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas: tocad para Dios, tocad; tocad para nuestro Rey, tocad. /R. 

V.  Porque Dios es el rey del mundo: tocad con maestría. Dios reina sobre las naciones, Dios se sienta en su trono sagrado. /R. 

 

SEGUNDA LECTURA:

"Lo sentó a su derecha en el cielo” (Efesios 1, 17-23)

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios.

Hermanos: El Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo, e ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder en favor de nosotros, los creyentes, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, poder, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no solo en este mundo, sino en el futuro. Y «todo lo puso bajo sus pies», y lo dio a la Iglesia, como Cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que llena todo en todos.

Palabra de Dios.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

V.  Id y haced discípulos a todos los pueblos —dice el Señor—; yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

 

EVANGELIO:

"Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra” (Mateo 28, 16-20)

Los once discípulos fueron a Galilea, al monte que Jesús había señalado, y, al verlo, lo adoraron. Algunos habían dudado hasta entonces. Jesús se acercó y les dijo: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos míos en todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo».

DESPEDIDA DE JESÚS

VER. -

En la literatura y el cine abundan los finales en los cuales hay una despedida: por ejemplo, la saga de ‘El Señor de los Anillos’, ‘Casablanca’ o ‘E.T. el extraterrestre’. En estas despedidas se entremezclan, por una parte, la tristeza por la separación, pero también la alegría porque se sabe que esa despedida es necesaria y, aunque duela, es lo mejor: Frodo (‘El Señor de los Anillos’), si no se va, no curará de la herida interior que le ha provocado ser portador del Anillo; Ilsa (‘Casablanca’), si no se va, será atrapada por los nazis; y E. T., si no se va, será atrapado para hacer investigaciones con él. Quienes se quedan, lloran, pero saben que esos a quienes aman deben marcharse. Y seguramente los adultos hemos vivido más de una separación de este tipo, con tristeza y alegría a la vez.

JUZGAR. –

Hoy estamos celebrando la Ascensión del Señor, que es su despedida. Como hemos escuchado en la 1ª lectura: “Jesús… después de haber dado instrucciones a los apóstoles… fue elevado al cielo, hasta que una nube se lo quitó de la vista”. Como en toda despedida, hay un elemento de tristeza: “Miraban fijos al cielo, mientras Él se iba marchando…” No nos extraña que se queden “plantados mirando al cielo”, como señalan los “dos hombres vestidos de blanco” que se presentaron. A nosotros, en su situación, nos hubiera pasado lo mismo.

Pero también hay un elemento de alegría, como ha dicho Jesús en el Evangelio: “Sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos”. Pero esto no es una frase hecha, del estilo de las que solemos decir nosotros: ‘Viviré en tu corazón y en tus pensamientos’. Es una promesa real que Jesús va a cumplir: “Vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo dentro de no muchos días”. El Espíritu Santo que el Padre y el Hijo nos envían es quien asegura esa presencia constante de Jesús con nosotros

Y por eso, a diferencia de esas despedidas que hemos visto en esos libros y películas, en la despedida de Jesús brilla la esperanza, porque el reencuentro está asegurado. Así lo hemos escuchado en la 1ª lectura: “El mismo Jesús, que ha sido tomado de entre vosotros y llevado al cielo, volverá como lo habéis visto marcharse al cielo”. Y, como diremos después en el Prefacio: «No se ha ido para desentenderse de nuestra pobreza, sino que nos precede el primero como cabeza nuestra, para que nosotros, miembros de su Cuerpo, vivamos con la ardiente esperanza de seguirlo en su Reino». Es bueno que Jesús se vaya porque, como tantas veces hemos dicho durante la celebración del Jubileo, «nosotros tenemos la certeza de que la historia de la humanidad y la de cada uno de nosotros no se dirigen hacia un punto ciego o un abismo oscuro, sino que se orientan al encuentro con el Señor de la gloria». (Bula, 19)

Por eso, la celebración de la Ascensión del Señor, de su despedida, no es para quedarnos “plantados mirando al cielo”, sino que, por esa promesa de su presencia constante y por esa esperanza en el reencuentro definitivo, hemos de acoger su llamada: “Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado”. Todos los que hemos sido bautizados con Espíritu Santo somos discípulos misioneros, como dijimos el domingo pasado. Dios cuenta con todos nosotros porque, como nos recuerda el temario de reflexión sobre las futuras orientaciones pastorales diocesanas: «Hace unos años la religión se transmitía en la familia, la escuela y el barrio. Actualmente vivimos en una sociedad en la que la religión es considerada una elección más de los individuos, en aras de conseguir lo que todos buscamos: una vida feliz. Es por ello por lo que los católicos hemos de dar un testimonio alegre de nuestra fe. En primer lugar, en nuestra familia, lugar en el que nace la fe. En segundo lugar, hemos de dar testimonio en el trabajo, para que nuestra vida profesional se torne en una oportunidad de evangelizar. Finalmente, hemos de dar el primer anuncio en aquellos espacios y encuentros informales: en un café, en momentos cotidianos, cuando vamos paseando o cuando nos comunicamos a través de medios digitales». (Tema 5)

ACTUAR. –

¿He vivido alguna despedida con esa mezcla de tristeza y alegría? ¿Qué significa para mi vida cotidiana la Ascensión del Señor? ¿La esperanza en el reencuentro con Él me ayuda en el presente?

El tiempo de Pascua está llegando a su fin, pero nosotros debemos vivir la Pascua todo el año. Por eso, hagamos nuestra la petición de la 2ª lectura: “Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo, e ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder en favor de nosotros”. Así, sabiendo que está con nosotros por su Espíritu, viviremos como discípulos y apóstoles enseñando a guardar lo que Él nos ha enseñado, «con la ardiente esperanza de seguirlo en su Reino».  



sábado, 9 de mayo de 2026

DOMINGO VI DE PASCUA - CICLO A

DOMINGO VI DE PASCUA - CICLO A

Domingo 10 de mayo de 2026

 

PRIMERA LECTURA:

"Les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo” (Hechos 8, 5-8.14-17)

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.

En aquellos días, Felipe bajó a la ciudad de Samaría y les predicaba a Cristo. El gentío unánimemente escuchaba con atención lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría. Cuando los apóstoles, que estaban en Jerusalén, se enteraron de que Samaría había recibido la palabra de Dios, enviaron a Pedro y a Juan; ellos bajaron hasta allí y oraron por ellos, para que recibieran el Espíritu Santo; pues aún no había bajado sobre ninguno; estaban solo bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo.

Palabra de Dios.

 SALMO:

"Aclamad al Señor, tierra entera” (Salmo 65)

R.  Aclamad al Señor, tierra entera.

V.  Aclamad al Señor, tierra entera; tocad en honor de su nombre, cantad himnos a su gloria. Decid a Dios: «¡Qué temibles son tus obras!». /R. 

V.  Que se postre ante ti la tierra entera, que toquen en tu honor, que toquen para tu nombre. Venid a ver las obras de Dios, sus temibles proezas en favor de los hombres. /R. 

 

V.  Transformó el mar en tierra firme, a pie atravesaron el río. Alegrémonos en él. Con su poder gobierna eternamente. /R. 

V.  Los que teméis a Dios, venid a escuchar, os contaré lo que ha hecho conmigo. Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica ni me retiró su favor. /R. 

 SEGUNDA LECTURA:

"Muerto en la carne pero vivificado en el Espíritu” (1 Pedro 3, 15-18)

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro.

Queridos hermanos:

Glorificad a Cristo el Señor en vuestros corazones, dispuestos siempre para dar explicación a todo el que os pida una razón de vuestra esperanza, pero con delicadeza y con respeto, teniendo buena conciencia, para que, cuando os calumnien, queden en ridículo los que atentan contra vuestra buena conducta en Cristo. Pues es mejor sufrir haciendo el bien, si así lo quiere Dios, que sufrir haciendo el mal. Porque también Cristo sufrió su pasión, de una vez para siempre, por los pecados, el justo por los injustos, para conduciros a Dios. Muerto en la carne pero vivificado en el Espíritu.

Palabra de Dios.


R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

V.  El que me ama guardará mi palabra —dice el Señor—, y mi Padre lo amará, y vendremos a él.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO:

"Le pediré al Padre que os dé otro Paráclito” (Juan 14, 15-21)

+  Lectura del santo Evangelio según san Juan.

 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros. No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él».

Palabra del Señor.

DISCÍPULOS MISIONEROS

VER. -

Ante una convocatoria diocesana, una de las responsables comentaba: ‘Cuánto cuesta que la gente se mueva y participe en estas iniciativas. No lo ven como algo necesario’. Y esto mismo ocurre también a nivel parroquial: se hacen propuestas, convocatorias, invitaciones a participar en algún área pastoral, y la respuesta es mínima, el conjunto de la feligresía se limita al cumplimiento dominical y asistir a los ‘sacramentos sociales’ (bodas, bautizos, comuniones). Las llamadas a asumir un compromiso evangelizador tampoco se ven como algo que les afecta directamente, y que además es necesario.

JUZGAR. -

En la Diócesis de Valencia estamos llevando a cabo un proceso de reflexión y sensibilización de cara a la elaboración de unas futuras orientaciones pastorales. El material que se ha editado lleva por título ‘Dad el fruto que pide la conversión: comunión, participación y misión’, y en el Tema 5, ‘Primer Anuncio y discipulado’, se nos recuerda que «la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe en Aparecida articuló la identidad del cristiano para nuestro tiempo como una unidad inseparable: discípulo y misionero. No se puede ser discípulo sin ser misionero, ni misionero sin ser discípulo de Jesús».

Esta doble dimensión de la identidad del cristiano, que para muchos suena a algo novedoso, era lo normal y lógico para los primeros cristianos, que vivían un ‘discipulado misionero’, como hemos estado escuchado estos domingos de Pascua en la 1ª lectura. Como discípulos, “perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la fracción del pan y en las oraciones” (Hch 2, 42); como apóstoles, anunciaban que “a Jesús el Nazareno… Dios lo ha resucitado y de ello somos testigos nosotros” (2, 32); y ante la pregunta de la gente: “¿Qué tenemos que hacer, hermanos?” ellos proponían: “Convertíos y sea bautizado cada uno de vosotros” (2, 37-38)

Era un discipulado misionero que desarrollaban también en medio de las dificultades. Hoy en la 1ª lectura hemos escuchado que “Felipe bajó a la ciudad de Samaría y les predicaba a Cristo”. Felipe, uno de los siete diáconos (1ª lectura del domingo pasado), tuvo que huir de Jerusalén debido a la persecución desencadenada tras la ejecución de Esteban, pero esto no le frenó ni le hizo ocultarse, sino que siguió siendo discípulo misionero, porque «el discípulo es aquel que, habiendo encontrado a Jesús, se sienta a sus pies para aprender de Él, para conformar su vida con la de Él. El misionero es aquél que, impulsado por el amor y la alegría de ese encuentro, no puede contener el deseo de comunicarlo a otros».

Y no pensemos que Felipe tenía unas capacidades especiales; lo que a él le movía es lo mismo que debería impulsarnos a nosotros para ser discípulos misioneros: la fuerza del Espíritu Santo, el mismo Espíritu que movió a Felipe y que hemos recibido en el Bautismo y en la Confirmación y que, como ha dicho Jesús en el Evangelio, “mora con vosotros y está en vosotros”.

Este domingo de Pascua nos hace una llamada a redescubrir y renovar lo que es y significa haber recibido el Bautismo y la Confirmación: «Los sacramentos son los cauces ordinarios a través de los cuales la gracia de Dios fluye en la vida del creyente, configurándose como discípulo y capacitándose para la misión. No son actos de piedad privados, sino celebraciones eclesiales que insertan al cristiano en el misterio pascual de Cristo y lo envían al mundo como testigo. Cada sacramento, a su modo, es una fuente de vida para la misión.

El Bautismo no sólo nos limpia del pecado original, sino que nos regenera a una vida nueva, nos incorpora a Cristo y a su Iglesia. Ser bautizado es ser enviado. Esta llamada es inherente al sacramento mismo. El sacramento de la Confirmación perfecciona la gracia bautismal. Confiere una fuerza especial del Espíritu Santo para ser “testigos” de Cristo Resucitado, habilitando y comprometiendo al fiel a acoger con fe el Evangelio y a anunciarlo con palabras y obras».

«Esto tiene implicaciones pastorales radicales». Frente a la concepción individualista y acomodada de la fe cristiana, que se limita al cumplimiento y rechaza el compromiso en la misión evangelizadora, «el Bautismo y la Confirmación ‘ordenan’ a todos los fieles para la misión común de la Iglesia».

ACTUAR.

¿Llevo a cabo algún compromiso evangelizador? ¿Participo en las convocatorias y propuestas parroquiales y diocesanas? ¿Comprendo el significado del Bautismo y de la Confirmación?

Si los primeros cristianos hubieran actuado como la gran mayoría de los actuales miembros de la Iglesia, el anuncio del Evangelio no hubiera llegado a nosotros. Ser discípulos misioneros no es algo optativo, es algo que forma parte del ser cristiano, y el mismo Señor nos ha dado su Espíritu Santo para que nos impulse. Tengamos presente nuestro Bautismo, recibamos la Confirmación si no lo hemos hecho, y pongámonos en marcha, como Felipe, para responder a la misión que el Señor nos encomienda.  



sábado, 2 de mayo de 2026

DOMINGO V DE PASCUA - CICLO A

DOMINGO V DE PASCUA - CICLO A

Domingo 3 de mayo de 2026

 

PRIMERA LECTURA:

"Eligieron a siete hombres llenos de Espíritu Santo” (Hechos 6, 1-7)

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.

En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, porque en el servicio diario no se atendía a sus viudas. Los Doce, convocando a la asamblea de los discípulos, dijeron: «No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos del servicio de las mesas. Por tanto, hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea; nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la palabra». La propuesta les pareció bien a todos y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo; a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando. La palabra de Dios iba creciendo y en Jerusalén se multiplicaba el número de discípulos; incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe.

Palabra de Dios.

 

SALMO:

"Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de Ti” (Salmo 32)

R.  Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.

- V.  Aclamad, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos. Dad gracias al Señor con la cítara, tocad en su honor el arpa de diez cuerdas. /R. 

 - V.  La palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra. /R. 

- V.  Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme, en los que esperan su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre. /R.

 

SEGUNDA LECTURA:

"Vosotros, en cambio, sois un linaje elegido, un sacerdocio real” (1 Pedro 2, 4-9)

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro.

Queridos hermanos: Acercándoos al Señor, piedra viva rechazada por los hombres, pero elegida y preciosa para Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción de una casa espiritual para un sacerdocio santo, a fin de ofrecer sacrificios espirituales agradables a Dios por medio de Jesucristo. Por eso se dice en la Escritura: «Mira, pongo en Sion una piedra angular, elegida y preciosa; quien cree en ella no queda defraudado». Para vosotros, pues, los creyentes, ella es el honor, pero para los incrédulos «la piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular», y también «piedra de choque y roca de estrellarse»; y ellos chocan al despreciar la palabra. A eso precisamente estaban expuestos. Vosotros, en cambio, sois un linaje elegido, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios para que anunciéis las proezas del que os llamó de las tinieblas a su luz maravillosa.

Palabra de Dios.

 

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

V.  Yo soy el camino y la verdad y la vida —dice el Señor—; nadie va al Padre sino por mí.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

 

EVANGELIO:

"Yo soy el camino y la verdad y la vida” (Juan 14, 1-12)

+  Lectura del santo Evangelio según san Juan.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino». Tomás le dice: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?». Jesús le responde: «Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto». Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta». Jesús le replica: «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores, porque yo me voy al Padre».

Palabra del Señor.

 VIVIR LA SINODALIDAD

VER. -

Seguimos profundizando en el proceso de reflexión y sensibilización que estamos llevando a cabo en la Diócesis de Valencia, de cara a la elaboración de unas futuras orientaciones pastorales que nos permitan afrontar los retos del momento presente para desarrollar la misión evangelizadora en el contexto actual. El tema 4, ‘¿Qué es la sinodalidad?’, nos plantea esta situación: «Una experiencia muy corriente al echar un vistazo a la estructura diocesana es la gran diversidad de grupos, movimientos, asociaciones, Delegaciones, organismos… Todos forman la Iglesia pero lo que se percibe desde fuera es que, en la práctica, cada uno tiene su propia dinámica, su programación y calendario, funcionando en paralelo a los demás. Esto se repite muchas veces también a nivel parroquial: hay diferentes grupos, áreas pastorales… En parroquias grandes es frecuente que apenas se conozcan los integrantes de unos y otros grupos». Esto tiene unas consecuencias: «se hacen muchas cosas, pero de un modo disperso, sin un objetivo común que oriente las diferentes vocaciones y sensibilidades en la misma dirección. Resulta difícil coordinarse y no es raro que se produzcan solapamientos de actividades y celebraciones». Y que surjan tensiones.

 JUZGAR. -

Es algo similar a lo que hemos escuchado en la 1ª lectura: “al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea”. Hasta ahora, se nos había presentado una imagen idílica de la primera comunidad cristiana, como vimos el Domingo II de Pascua. Pero, aunque todos eran judeocristianos, había dos grupos: los de lengua hebrea, que provenían de Jerusalén, y los de lengua griega, que provenían de las comunidades judías establecidas en ciudades griegas, con diferente mentalidad. Esto, unido al crecimiento en número, produjo tensiones y conflictos internos.

 Era necesario buscar una solución, y los Doce convocaron “a toda la asamblea de los discípulos”, es decir, a todos los integrantes de la comunidad. Podemos decir que convocaron un ‘sínodo’, palabra que significa ‘caminar juntos’ y que designa las reuniones en las que se tratan asuntos relacionados con la Iglesia. Los Apóstoles tenían presente lo que Jesús les había dicho y hemos escuchado en el Evangelio: “Yo soy el camino y la verdad y la vida”. Y que, por ese camino que es Jesús, todos deben avanzar juntos, en sinodalidad, porque, como también hemos escuchado en la 2ª lectura: “Acercándoos al Señor, piedra viva… también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción de una casa espiritual…”

Y esto sigue siendo no sólo válido sino necesario para los que hoy somos y formamos la Iglesia, tanto a nivel universal como diocesano y parroquial: como hemos visto, a menudo resulta difícil coordinarnos, parece que cada uno sigue un rumbo, y hay distanciamientos y tensiones. Por eso hemos de aprender de los primeros cristianos a vivir la sinodalidad: «es el camino que Dios espera de la Iglesia en este tercer milenio. No es una moda ni un método organizativo. Significa caminar juntos como Pueblo de Dios, escuchando la voz del Espíritu, discerniendo en comunidad y participando todos en la misión evangelizadora. Es, en esencia, un modo de relación. Este estilo de ser Iglesia nos invita a pasar del ‘yo’ al ‘nosotros’. La sinodalidad se fundamenta en la corresponsabilidad de todos los bautizados, que son sujetos activos de la misión y deben discernir su vocación bautismal».

La sinodalidad tiene un elemento básico que nos hace mucha falta: «la escucha de la Palabra y la escucha de la comunidad eclesial. La escucha de la palabra y de los otros es fundamental para el discernimiento personal y comunitario. Escuchar a todo el Pueblo de Dios nos ayudará, como Iglesia a tomar las decisiones pastorales que correspondan lo más posible a la voluntad de Dios». Necesitamos «aprender a escuchar, ser humildes y dejarnos transformar por el Espíritu».

 Y como «la sinodalidad se fundamenta en la corresponsabilidad de todos los bautizados, que son sujetos activos de la misión y deben discernir su vocación bautismal», también necesitamos profundizar en la razón que dan los Doce para convocar la asamblea: “No nos parece bien descuidar la Palabra de Dios para ocuparnos del servicio de las mesas. Escoged a siete de vosotros…” Esto, para nosotros, si queremos vivir la sinodalidad y evitar tensiones, es una llamada a la corresponsabilidad de todos los miembros de la comunidad parroquial, fomentando «una distribución más articulada de tareas y una mayor corresponsabilidad entre los ministros ordenados y los otros miembros del Pueblo de Dios, de modo que se evite caer en la tentación del clericalismo».

 ACTUAR. –

Las diferencias en la Iglesia no tienen que ser motivo de tensión y distanciamiento; incluso podemos decir que ayudan a crecer. Así sucedió en la primitiva comunidad cristiana: las quejas de uno de los grupos dieron origen al ministerio de los diáconos y a una mejor comprensión de lo que es ser y vivir como Iglesia. Pidamos al Señor que aprendamos de ellos a vivir la sinodalidad, a ser «una comunidad que escucha, dialoga, discierne» y camina junta en Cristo, Camino, Verdad y Vida. 


 



viernes, 24 de abril de 2026

DOMINGO IV DE PASCUA - CICLO A

DOMINGO IV DE PASCUA - CICLO A

Domingo 26 de abril de 2026

JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES   

PRIMERA LECTURA:

"Dios lo ha constituido Señor y Mesías” (Hechos 2, 14a.36-41)

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.

El día de Pentecostés Pedro, poniéndose en pie junto a los Once, levantó su voz y declaró: «Con toda seguridad conozca toda la casa de Israel que al mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías». Al oír esto, se les traspasó el corazón, y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles: «¿Qué tenemos que hacer, hermanos?» Pedro les contestó: «Convertíos y sea bautizado cada uno de vosotros en el nombre de Jesús, el Mesías, para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque la promesa vale para vosotros y para vuestros hijos, y para los que están lejos, para cuantos llamare a sí el Señor Dios nuestro». Con estas y otras muchas razones dio testimonio y los exhortaba diciendo: «Salvaos de esta generación perversa». Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día fueron agregadas unas tres mil personas.

Palabra de Dios.

SALMO:

"El Señor es mi pastor, nada me falta” (Salmo 22)

R.  El Señor es mi pastor, nada me falta.

V.  El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas. /R. 

V.  Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan. /R. 

V.  Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa. /R. 

V.  Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término. /R. 

SEGUNDA LECTURA:

"Os habéis convertido al pastor de vuestras almas” (1 Pedro 2, 20b-25)

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro.

Queridos hermanos: Que aguantéis cuando sufrís por hacer el bien, eso es una gracia de parte de Dios. Pues para esto habéis sido llamados, porque también Cristo padeció por vosotros, dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas. Él no cometió pecado ni encontraron engaño en su boca. Él no devolvía el insulto cuando lo insultaban; sufriendo no profería amenazas; sino que se entregaba al que juzga rectamente. Él llevó nuestros pecados en su cuerpo hasta el leño, para que, muertos a los pecados, vivamos para la justicia. Con sus heridas fuisteis curados. Pues andabais errantes como ovejas, pero ahora os habéis convertido al pastor y guardián de vuestras almas.

Palabra de Dios.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

V.  Yo soy el Buen Pastor —dice el Señor—, que conozco a mis ovejas,

y las mías me conocen.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO:

"Yo soy la puerta de las ovejas” (Juan 10, 1-10)

+  Lectura del santo Evangelio según san Juan.

En aquel tiempo, dijo Jesús: «En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A este le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños». Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús: «En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante».

Palabra del Señor.

VIVIR LA VOCACIÓN

VER. –

“Como estamos teniendo presente durante este tiempo de Pascua, desde hace unos meses, en la Diócesis de Valencia estamos realizando un proceso de reflexión y sensibilización de cara a la elaboración de unas futuras orientaciones pastorales diocesanas que nos permitan afrontar los retos del momento presente para desarrollar la misión evangelizadora en el contexto actual. El tema 6, ‘Vocación, servicio, ministerio’, señala: «La cultura actual ofrece muchas alternativas, pero pocas orientaciones profundas. Se nos invita constantemente a elegir, pero sin un criterio sólido para ordenar los deseos. Muchas personas se sienten desorientadas. La velocidad de los cambios, la presión de lo inmediato y la dificultad para construir vínculos estables crean un clima interior que favorece la confusión sobre quiénes somos y hacia dónde nos dirigimos».”

 

JUZGAR. –

El cuarto domingo de Pascua es conocido como el ‘domingo del Buen Pastor’, porque en el Evangelio de todos los ciclos litúrgicos se lee un fragmento del discurso del Buen Pastor recogido en Jn 10. Y también la 2ª lectura nos decía: “Andabais errantes como ovejas, pero ahora os habéis convertido al pastor y guardián de vuestras almas”. Jesús, el Buen Pastor, nos advierte sobre los ladrones y bandidos que nos desorientan y confunden, que no entran “sino para robar y matar y hacer estragos”, y se presenta como la Puerta que nos abre a la salvación: “Yo he venido para que tengan vida y la tenga abundante”.

El Buen Pastor llama a entrar por la Puerta que da a la vida, y que es Él mismo, “y él va llamando por el nombre a sus ovejas… y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz”. Esto es la vocación, y hoy hemos de preguntarnos si conocemos la voz de nuestro Buen Pastor, si somos conscientes de nuestra propia vocación. Erróneamente solemos restringir la vocación a ‘curas y monjas’, pero como decía la 1ª lectura, “la promesa vale para vosotros y para vuestros hijos, y para los que están lejos, para cuantos llamare a sí el Señor Dios nuestro”. La vocación es para todos los que somos y formamos la Iglesia, porque «la variedad de vocaciones, carismas y ministerios tiene una raíz: ‘todos fuimos bautizados por un solo Espíritu en un solo cuerpo’ (1Cor 12, 13). El bautismo es el fundamento de la vida cristiana. De esta común y primera vocación recibida en el Bautismo surgen las demás vocaciones: al orden sacerdotal, a la vida consagrada, al matrimonio, a la vida laical comprometida».

Para esquivar a tantos ‘ladrones y bandidos’ que nos desorientan y confunden, «es necesario promover una auténtica espiritualidad vocacional que impulse a los miembros de las comunidades cristianas a buscar el sentido de su vida y de su misión, como respuesta al amor recibido». Y descubrir que somos vocacionados es:

«Un camino de escucha», porque “las ovejas atienden a su voz”. ¿Estoy atento a la Palabra del Buen Pastor?

«Un camino de acogida. No se trata de alcanzar un ideal perfecto, sino de dejar que Dios entre en la vida y la transforme desde dentro. La vocación cristiana no pesa ni complica la vida; ofrece una luz que permite comprender la existencia con mayor hondura. Cuando alguien descubre que es llamado y que su vida tiene un sentido querido por el Señor, todo se ilumina de manera distinta. Cambia la forma de afrontar el sufrimiento, las decisiones, las relaciones, los límites, y también los deseos más profundos. La vocación ayuda a caminar con serenidad, esperanza y disponibilidad.

Y es un camino de acompañamiento y testimonio, porque nuestras comunidades parroquiales se ven cada vez más necesitadas de testimonios de vida que lo pongan todo en común, vivan en un mismo corazón y un mismo sentir. De ese acompañamiento surge la vocación concreta.

La vocación introduce una claridad nueva: no todo vale igual, no todo conduce a la plenitud. Hay caminos que nos acercan a Dios y caminos que nos desdibujan. Vivir la vocación implica aprender a distinguir. Es escuchar una palabra que da dirección, una palabra que no domina ni oprime, sino que ayuda a integrar la vida». La Palabra del Buen Pastor.

 

ACTUAR. -

Ante el desconcierto y la confusión que nos afectan, nos preguntamos, como a Pedro en la 1ª lectura: “¿Qué tenemos que hacer?” Y la respuesta de Pedro sigue siendo válida para nosotros: “Convertíos y sea bautizado cada uno de vosotros…” Necesitamos ser conscientes de nuestra vocación bautismal, «preparar el oído y el corazón para escuchar y recibir, con agradecimiento, la llamada que Dios tiene para cada uno de nosotros. Solemos pensar que la llamada vocacional se da sólo en la juventud. Es verdad que esta cuestión, de forma existencial y vital, se da en los primeros años de nuestra vida de manera privilegiada, pero no exclusiva. La vocación es algo que acompaña toda nuestra vida». Siempre podemos descubrir y vivir la vocación.

Ojalá «que cada miembro de nuestras comunidades parroquiales descubra que es amado incondicionalmente por Dios, que su vida tiene sentido, que la verdadera libertad es la respuesta generosa a la llamada de Dios, y que todas las vocaciones en la Iglesia (al orden sacerdotal, a la vida consagrada, al matrimonio, a la vida laical comprometida) conducen a la plenitud del amor cristiano», a esa “vida en abundancia” que el Buen Pastor ofrece a quienes lo escuchan y siguen. 

viernes, 17 de abril de 2026

DOMINGO III DE CUARESMA - CICLO A

Domingo 19 de abril de 2026

 PRIMERA LECTURA:

"No era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio” (Hechos 2, 14.22-33)

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.

El día de Pentecostés Pedro, poniéndose en pie junto a los Once, levantó su voz y con toda solemnidad declaró: «Judíos y vecinos todos de Jerusalén, enteraos bien y escuchad atentamente mis palabras. A Jesús el Nazareno, varón acreditado por Dios ante vosotros con los milagros, prodigios y signos que Dios realizó por medio de él, como vosotros mismos sabéis, a este, entregado conforme al plan que Dios tenía establecido y previsto, lo matasteis, clavándolo a una cruz por manos de hombres inicuos. Pero Dios lo resucitó, librándolo de los dolores de la muerte, por cuanto no era posible que esta lo retuviera bajo su dominio, pues David dice, refiriéndose a él: “Veía siempre al Señor delante de mí, pues está a mi derecha para que no vacile. Por eso se me alegró el corazón, exultó mi lengua, y hasta mi carne descansará esperanzada. Porque no me abandonarás en el lugar de los muertos, ni dejarás que tu Santo experimente corrupción. Me has enseñado senderos de vida, me saciarás de gozo con tu rostro”.

Hermanos, permitidme hablaros con franqueza: el patriarca David murió y lo enterraron, y su sepulcro está entre nosotros hasta el día de hoy. Pero como era profeta y sabía que Dios “le había jurado con juramento sentar en su trono a un descendiente suyo”, previéndolo, habló de la resurrección del Mesías cuando dijo que “no lo abandonará en el lugar de los muertos” y que “su carne no experimentará corrupción”. A este Jesús lo resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Exaltado, pues, por la diestra de Dios y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, lo ha derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo».

Palabra de Dios.

SALMO:

"Señor, me enseñarás el sendero de la vida” (Salmo 15)

R.  Señor, me enseñarás el sendero de la vida.

V.  Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti. Yo digo al Señor: «Tú eres mi Dios». El Señor es el lote de mi heredad y mi copa, mi suerte está en tu mano. /R. 

V.  Bendeciré al Señor que me aconseja, hasta de noche me instruye internamente. Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré. /R. 

V.  Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y mi carne descansa esperanzada. Porque no me abandonarás en la región de los muertos ni dejarás a tu fiel ver la corrupción. /R. 

V.  Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha. /R. 

 

SEGUNDA LECTURA:

"Fuisteis liberados con una sangre preciosa, como la de un cordero sin mancha, Cristo” (1 Pedro 1, 17-21)

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro.

Queridos hermanos:

Puesto que podéis llamar Padre al que juzga imparcialmente según las obras de cada uno, comportaos con temor durante el tiempo de vuestra peregrinación, pues ya sabéis que fuisteis liberados de vuestra conducta inútil, heredada de vuestros padres, pero no con algo corruptible, con oro o plata, sino con una sangre preciosa, como la de un cordero sin defecto y sin mancha, Cristo, previsto ya antes de la creación del mundo y manifestado en los últimos tiempos por vosotros, que, por medio de él, creéis en Dios, que lo resucitó de entre los muertos y le dio gloria, de manera que vuestra fe y vuestra esperanza estén puestas en Dios.

Palabra de Dios.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

V.  Señor Jesús, explícanos las Escrituras; haz que arda nuestro corazón mientras nos hablas.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

 

EVANGELIO:

"Lo reconocieron al partir el pan” (Lucas 24, 13-35)

+  Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

Aquel mismo día (el primero de la semana), dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos sesenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Él les dijo: «¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?». Ellos se detuvieron con aire entristecido. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió: «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí estos días?». Él les dijo: «¿Qué?». Ellos le contestaron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron». Entonces él les dijo: «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?». Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras. Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo:

«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída». Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista. Y se dijeron el uno al otro: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?». Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón». Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Palabra del Señor.

PRIMER ANUNCIO

VER. -

En los últimos tiempos se está observando un creciente interés por la fe cristiana. Después de muchos años, vemos que cantantes, actores y actrices, películas… abordan el tema de la fe. No se trata de echar las campanas al vuelo ni caer en erróneos triunfalismos, sino de interpretar estos ‘signos de los tiempos’ y discernir a la luz del Espíritu el camino a seguir. Como vemos en el material ‘Dad el fruto que pide la conversión’, que se está reflexionando en la diócesis de Valencia para la elaboración de unas futuras orientaciones pastorales diocesanas: «Nos encontramos ante un nuevo tipo de búsqueda espiritual, que se concreta en una serie de indicadores. Las personas se hacen preguntas profundas sobre el sentido de la vida, y muchos tienen interés por la meditación, el silencio, la interioridad, aunque muchas veces se busque fuera de los caminos cristianos habituales. No se trata de un regreso masivo a las parroquias, pero estos indicadores pueden interpretarse como oportunidades que, bien conducidas, pueden revitalizar la vida en nuestras parroquias». (Tema 2: «Necesidad de transformación en un ‘cambio de época’»)

JUZGAR. -

Para responder a estas oportunidades, hemos de tener en cuenta, como vimos el domingo pasado, que «durante siglos, la pastoral de la Iglesia se desarrolló en un contexto cultural “cristiano”. Hoy, en cambio, muchas personas han crecido sin referencias cristianas. A menudo no han escuchado nunca el Evangelio de forma viva y cercana».

Los signos actuales son por tanto una oportunidad para que todos pongamos en práctica y desarrollemos lo que denominamos ‘Primer Anuncio’: «es un mensaje que interpela y abre la puerta a la conversión, es la proclamación sencilla y directa del amor de Dios manifestado en Jesús» (Tema 5), lo nuclear de nuestra fe: «“Jesucristo te ama, dio su vida para salvarte, y ahora está vivo a tu lado cada día, para iluminarte, para fortalecerte, para liberarte”. Cuando a este primer anuncio se le llama “primero”, eso no significa que está al comienzo y después se olvida o se reemplaza por otros contenidos que lo superan. Es el primero porque es el anuncio principal, ése que siempre hay que volver a escuchar de diversas maneras y ése que siempre hay que volver a anunciar de una forma o de otra». (EG 164)

El Primer Anuncio tiene unas claves que vemos recogidas en el Evangelio de hoy:

“Dos discípulos iban caminando. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos”. El Primer Anuncio consiste en «llevar el Evangelio a las personas que cada uno trata. Es la predicación informal que se puede realizar en medio de una conversación y eso se produce espontáneamente en cualquier lugar: en la calle, en la plaza, en el trabajo, en un camino» (EG 127). Por tanto, es necesario ‘estar’ y compartir la vida.

“Él les dijo: ¿Qué conversación es ésa que traéis mientras vais de camino?” En el Primer Anuncio se parte de la escucha: «es un diálogo personal, donde la otra persona se expresa y comparte sus alegrías, sus esperanzas, las inquietudes por sus seres queridos y tantas cosas que llenan el corazón». (EG 128)

“Lo de Jesús el Nazareno… Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel… Es verdad que algunas mujeres vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo…” Desde esa escucha respetuosa y atenta podremos descubrir lo que la otra persona vive, siente, piensa… respecto a la fe, a Jesucristo, la Iglesia… sin juzgar, sin imponer.

“Entonces Él les dijo…” Después de la escucha es cuando compartimos la propia experiencia de fe. «El Primer anuncio no debe confundirse con una clase de catequesis, una explicación teológica compleja o un discurso moralista. Más bien ha de ser un testimonio personal, breve y claro, realizado mediane un lenguaje cercano» (Tema 5). Se trata de hablar de nuestro encuentro personal con el Señor y cómo Cristo está presente en nuestra vida.

ACTUAR. -

El texto evangélico contiene otros elementos a tener en cuenta (la Escritura, la Eucaristía, la inserción en la comunidad eclesial…) pero, como veremos, esto se propondrá en otros momentos.

“Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída”. El Primer Anuncio es un proceso que lleva tiempo, hay que ‘quedarse’ y acompañar. Como Jesús, hay que tener paciencia y dejar que la persona vaya madurando, respetando los ritmos y la libertad de quien recibe el Primer Anuncio para acogerlo o rechazarlo. No queramos ‘meter a la fuerza’ a las personas en la Iglesia, llevándolas enseguida a Misa, a confesarse, a unos Ejercicios o charlas…

Como se indica en el Tema 2: «Todavía no sabemos bien hacia dónde nos llevará este giro religioso. No está claro si se traducirá en un mayor acercamiento a la Iglesia. Pero sí es un signo de que la sed de Dios no ha desaparecido. Para la Iglesia, esto es una oportunidad, es una llamada» a que todos pongamos en práctica el Primer Anuncio y siga sonando en nuestro mundo el mensaje central: “Era verdad, ha resucitado el Señor”.