Solemnidad de Todos los Santos- ciclo A
Domingo 1 de noviembre de 2026
PRIMERA LECTURA:
Apocalipsis 7,2-4.9-14 - “Vi una muchedumbre inmensa, que
nadie podría contar, de todas las naciones, razas, pueblos”
Lectura del libro del Apocalipsis.
Yo, Juan, vi a otro ángel que subía del oriente llevando el
sello del Dios vivo. Gritó con voz potente a los cuatro ángeles encargados de
dañar a la tierra y al mar, diciéndoles: «No dañéis a la tierra ni al mar ni a
los árboles hasta que sellemos en la frente a los siervos de nuestro Dios». Oí
también el número de los sellados, ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las
tribus de Israel. Después de esto vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría
contar, de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del
trono y delante del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en
sus manos. Y gritan con voz potente: «¡La victoria es de nuestro Dios, que está
sentado en el trono, y del Cordero!». Y todos los ángeles que estaban de pie
alrededor del trono y de los ancianos y de los cuatro vivientes cayeron rostro
a tierra ante el trono, y adoraron a Dios, diciendo: «Amén. La alabanza y la
gloria y la sabiduría y la acción de gracias y el honor y el poder y la fuerza
son de nuestro Dios, por los siglos de los siglos. Amén». Y uno de los ancianos
me dijo: «Estos que están vestidos con vestiduras blancas, ¿quiénes son y de
dónde han venido?». Yo le respondí: «Señor mío, tú lo sabrás». Él me respondió:
«Estos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus
vestiduras en la sangre del Cordero».
Palabra de Dios.
SALMO:
Salmo 23 - “Esta es la generación que busca tu rostro, Señor”
R. Esta es la
generación que busca tu rostro, Señor.
V. Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el
orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares, él la afianzó sobre los ríos.
/R.
V. ¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién
puede estar en el recinto sacro? El hombre de manos inocentes y puro corazón, que
no confía en los ídolos. /R.
V. Ese recibirá la bendición del Señor, le hará
justicia el Dios de salvación. Esta es la generación que busca al Señor, que
busca tu rostro, Dios de Jacob. /R.
SEGUNDA LECTURA:
1 Juan 3,1-3 - “Veremos a Dios tal cual es”
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan.
Queridos hermanos: Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para
llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no lo
conoció a él. Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo
que seremos. Sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él,
porque lo veremos tal cual es. Todo el que tiene esta esperanza en él se
purifica a sí mismo, como él es puro.
Palabra de Dios.
R. Aleluya, aleluya,
aleluya.
V. Venid a mí todos los que estáis cansados y
agobiados —dice el Señor—, y yo os aliviaré.
R. Aleluya, aleluya,
aleluya.
EVANGELIO:
Mateo 5, 1-12a - “Alegraos y regocijaos, porque vuestra
recompensa será grande en el cielo”
En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se
sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba
diciendo: «Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el
reino de los cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la
tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos
quedarán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán
misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a
Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados
hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque
de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados vosotros cuando os insulten
y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y
regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.
Palabra del Señor.
SANTOS ANÓNIMOS
VER. –
Una persona se encontraba bastante abatida; además de sus
problemas personales, dijo que, al ver las noticias en televisión, aún se
sentía peor: ‘¡Qué mal está todo, esto no tiene arreglo!’ Y no se puede negar
la realidad: todo está muy mal, son muchos los problemas que nos afectan más o
menos directamente, para los cuales sencillamente no encontramos ni se nos
ofrece una salida, y parece que sólo nos queda aguantar. Pero, dentro de lo mal
que está todo, también tenemos que ver a la denominada ‘mayoría silenciosa’, es
decir, a la gran cantidad de gente anónima que no sale en las noticias, pero
que con su trabajo y entrega logran que las cosas sigan adelante y no vayan
peor todavía.
JUZGAR. –
Hoy celebramos la solemnidad de Todos los Santos, de los
conocidos y, sobre todo, de los santos que podemos denominar anónimos,
desconocidos. Hoy se nos invita a fijarnos en esa “muchedumbre inmensa, que
nadie podría contar, de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas”. Personas
que han hecho vida el Evangelio entregándose a los demás, a veces de un modo
explícito como cristianos, y a veces también sin saberlo ellos mismos, aquéllos
que el teólogo Karl Rahner llamó ‘cristianos anónimos’ porque en la práctica
viven en la gracia de Cristo aun cuando (sin culpa por su parte) no saben de
Cristo, no están bautizados y no pertenecen a la comunidad cristiana.
Y es cierto que todo está muy mal, pero esto ha de ser para
nosotros una llamada no al fatalismo, sino a una mayor necesidad de santidad. Y
esta llamada nos incumbe a todos, porque, como dijo el Papa Francisco: «Todos
estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio
testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra».
(Gaudete et exsultate 14) «Para un cristiano no es posible pensar en la propia
misión en la tierra sin concebirla como un camino de santidad». (19)
Y oímos esto y pensamos que no es para nosotros, porque, como
dijo el Papa León XIV, «a veces, los retos actuales pueden parecer superiores a
nuestras posibilidades, pero no es así» (Homilía 1 noviembre 2025). «Jesús
explicó con toda sencillez qué es ser santos, y lo hizo cuando nos dejó las
bienaventuranzas. En ellas se dibuja el rostro del Maestro, que estamos
llamados a transparentar en lo cotidiano de nuestras vidas». (GE 63) «La
palabra ‘bienaventurado’ pasa a ser sinónimo de ‘santo’ , porque expresa que la
persona que es fiel a Dios y vive su Palabra alcanza, en la entrega de sí, la
verdadera dicha». (64) Y, si nos fijamos, las Bienaventuranzas no proponen un
camino de santidad que quede alejado de nuestro día a día.
Ser pobres en el espíritu, es rechazar toda soberbia y estar
abiertos a Dios y a los demás. Ser mansos es fomentar la comprensión, no
devolver mal por mal o insulto por insulto. (cfr 1Pe 3. 9) Saber llorar es ver
la realidad sin pretender ocultar o negar el dolor, sino afrontándolo cuando
llega. Tener hambre y sed de la justicia es no quedarse indiferente ante abusos
e injusticias e implicarse y apoyar todas las iniciativas en favor de la
justicia, aunque no siempre se vean resultados.
Ser misericordioso es saber acompañar y permanecer junto a
quienes sufren de cualquier modo. Ser limpio de corazón es buscar la
coherencia, rechazar mentiras, engaños y doble moral. Trabajar por la paz es
rechazar todo tipo de violencia ya sea física, hablada o escrita, en los
ambientes en que nos movemos, buscando la reconciliación e impulsando más lo
que une que lo que separa.
Ser perseguido por causa de la justicia es aceptar que, por
nuestra ‘hambre y sed de justicia’ , por defenderla y luchar por ella, vamos a
ser cuestionados y rechazados.
Y, por vivir en fidelidad al Evangelio, por nuestro
compromiso con Dios, vamos a sufrir problemas, burlas y calumnias. Sin olvidar
que en algunos países se sigue persiguiendo y matando a cristianos. A cada
Bienaventuranza podemos unir una situación, un rostro… que forma parte de
nuestro entorno y que será la oportunidad de ir haciendo de nuestra vida un
camino de santidad.
ACTUAR. -
Todo está muy mal, vivimos tiempos de
oscuridad en muchos aspectos, y buscamos una salida. La celebración de Todos
los Santos nos muestra que, como dijo el Papa León, «La vida se ilumina no
porque seamos ricos, bellos o poderosos. Se ilumina cuando uno descubre en su
interior esta verdad: Dios me ha llamado, tengo una vocación, tengo una misión,
mi vida sirve para algo más grande que yo mismo». Estamos llamados a ser
‘santos anónimos’. «Pidamos que el Espíritu Santo infunda en nosotros un
intenso anhelo de ser santos para la mayor gloria de Dios y alentémonos unos a
otros en este intento. Así compartiremos una felicidad que el mundo no nos
podrá quitar». (GE 177)



