viernes, 20 de marzo de 2026

DOMINGO V DE CUARESMA - CICLO A

DOMINGO V DE CUARESMA - CICLO A

22 de marzo de 2026

 

PRIMERA LECTURA:

"Pondré mi Espíritu en vosotros y viviréis” (Ezequiel 37, 12-14)

Lectura de la profecía de Ezequiel.

Esto dice el Señor Dios:

«Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os sacaré de ellos, pueblo mío,

y os llevaré a la tierra de Israel.

Y cuando abra vuestros sepulcros y os saque de ellos, pueblo mío,

comprenderéis que soy el Señor.

Pondré mi espíritu en vosotros y viviréis; os estableceré en vuestra tierra y comprenderéis que yo, el Señor, lo digo y lo hago -oráculo del Señor-».

Palabra de Dios.

 

SALMO:

"Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa” (Salmo 129)

R.  Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa.

V.  Desde lo hondo a ti grito, Señor; Señor, escucha mi voz; estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica. /R. 

V.  Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir? Pero de ti procede el perdón, y así infundes temor. /R. 

V.  Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra; mi alma aguarda al Señor, más que el centinela la aurora. Aguarde Israel al Señor, como el centinela la aurora. /R. 

V.  Porque del Señor viene la misericordia, la redención copiosa; y él redimirá a Israel de todos sus delitos. /R. 

 

SEGUNDA LECTURA:

"El Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros” (Romanos 8, 8-11)

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos.

Hermanos: Los que están en la carne no pueden agradar a Dios. Pero vosotros no estáis en la carne, sino en el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios habita en vosotros; en cambio, si alguien no posee el Espíritu de Cristo no es de Cristo. Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo está muerto por el pecado, pero el espíritu vive por la justicia. Y si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús también dará vida a vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros.

Palabra de Dios.

 

Versículo antes del Evangelio

V.  Yo soy la resurrección y la vida —dice el Señor—; el que cree en mí no morirá para siempre.

 

EVANGELIO:

"Yo Soy la Resurrección y la Vida” (Juan 11, 1-45)

En aquel tiempo, había caído enfermo un cierto Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta, su hermana. María era la que ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera; el enfermo era su hermano Lázaro. Las hermanas le mandaron recado a Jesús diciendo: «Señor, el que tú amas está enfermo». Jesús, al oírlo, dijo: «Esta enfermedad no es para la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella». Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo se quedó todavía dos días donde estaba. Solo entonces dijo a sus discípulos: «Vamos otra vez a Judea». Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedó en casa. Y dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá». Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará». Marta respondió: «Sé que resucitará en la resurrección en el último día». Jesús le dijo: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?». Ella le contestó: «Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo». Jesús se conmovió en su espíritu, se estremeció y preguntó: «¿Dónde lo habéis enterrado?». Le contestaron: «Señor, ven a verlo». Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban: «¡Cómo lo quería!». Pero algunos dijeron: «Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que este muriera?». Jesús, conmovido de nuevo en su interior, llegó a la tumba. Era una cavidad cubierta con una losa. Dijo Jesús: «Quitad la losa». Marta, la hermana del muerto, le dijo: «Señor, ya huele mal porque lleva cuatro días». Jesús le replicó: «¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?». Entonces quitaron la losa. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: «Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado». Y dicho esto, gritó con voz potente: «Lázaro, sal afuera». El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: «Desatadlo y dejadlo andar». Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

 

DESEO Y PASIÓN FRUSTRADOS

 

VER. -

Desde que comenzamos la Cuaresma estamos diciendo que el deseo y la pasión son dos fuerzas muy fuertes y constitutivas del ser humano pero que, lamentablemente, las hemos reducido sólo al aspecto sexual y por eso las rodeamos de connotaciones negativas y sospechosas de pecado. Pero el deseo y la pasión deberían movernos, sobre todo, en los aspectos más importantes de nuestra vida, porque cuando algo lo deseamos de verdad, o nos apasionamos por ello, no nos duele tiempo y esfuerzo para alcanzarlo y disfrutarlo. Pero hay veces que ocurre alguna circunstancia que frustra ese deseo y esa pasión, dejándonos una sensación de ira, decepción, tristeza o un profundo vacío.

 

JUZGAR. -

También dijimos que el Señor nos invita a vivir la Cuaresma con verdadero deseo y pasión, ante todo, porque Él, como verdadero hombre, experimentó también con fuerza el deseo y la pasión: el deseo intenso de cumplir la voluntad de su Padre por nuestra salvación; y este deseo lo vivió con pasión, en sus palabras y en sus obras, hasta culminar en su Pasión y muerte en la Cruz. Por eso, nosotros debíamos responder con deseo y pasión a la petición que nos hizo: “Convertíos a mí…”.

Pero a veces también nos afecta alguna circunstancia que frustra nuestro deseo y pasión por seguir a Jesucristo: una enfermedad, una crisis, un problema grave… Y, sobre todo, nos encontramos con lo que es la mayor frustración: la muerte. Ya sea la física, o las ‘situaciones de muerte’ para las que no hay humanamente salida, la muerte es como un muro impenetrable contra el que se estrellan todos nuestros proyectos y deseos. Por eso en muchas personas genera miedo, angustia y desesperanza, y se preguntan qué sentido tiene haber deseado algo o haberse apasionado por ello, si al final ese deseo y esa pasión se van a frustrar, van a desaparecer y a quedar en nada.

Pero, como dijimos al celebrar el Jubileo de la Esperanza: «Nosotros tenemos la certeza de que la historia de la humanidad y la de cada uno de nosotros no se dirigen hacia un punto ciego o un abismo oscuro, sino que se orientan al encuentro con el Señor de la gloria» (Bula, 19). Por eso, ante la frustración de todo deseo y pasión que supone la muerte, debemos dejar que resuenen en nosotros las palabras que hemos escuchado en la 1ª lectura: “Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os sacaré de ellos. Y comprenderéis que soy el Señor”. Y esta profecía la ha cumplido en Jesús, que «muerto y resucitado, es el centro de nuestra fe» (20). Y, como un anticipo del cumplimiento de esa promesa, hoy hemos escuchado en el Evangelio la resurrección de Lázaro. Como el propio Jesús ha dicho, “esta enfermedad no es para la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella”.

El Evangelio nos dice que “Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro”. Él había encendido en ellos el deseo y la pasión por ser sus discípulos. San Lucas (10, 38-47) nos narra el diálogo de Jesús con Marta y María (“Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas… María ha escogido la parte mejor”); y en el Evangelio hemos escuchado que “María era la que ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera” (Jn 12, 1ss). Ahora, Marta y María están sufriendo la frustración que supone la muerte de su hermano. Ambas expresan la misma queja: “Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano”.

Pero hasta cuando humanamente todo ha acabado (“Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días”), Jesús les pide que mantengan encendido el deseo y la pasión como discípulas suyas: “Yo soy la resurrección y la vida… ¿Crees esto?”. Y ante la afirmación de Marta: “Sí, Señor, yo creo que Tú eres el Hijo de Dios…” Jesús realiza el signo, “por la gente que me rodea, para que crean que Tú me has enviado”. Y este signo hace que se encienda el deseo y la pasión en otros: “Muchos judíos, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en Él”.

 

ACTUAR. –

Vamos a comenzar la Semana Santa: ¿Mi deseo y pasión por seguir a Jesús sigue encendido? ¿Hay algo que lo haya frustrado? ¿Cómo vivo la realidad de la muerte, la propia o la de seres queridos?

Después del camino cuaresmal, Jesús nos pregunta, como a Marta: “¿Crees esto?”. Ojalá hasta en las situaciones de muerte podamos responder: “Sí, Señor, yo creo que Tú eres el Hijo de Dios”, y mantener encendido nuestro deseo y pasión por Jesús, porque «ante la muerte, donde parece que todo acaba, se recibe la certeza de que, gracias a Cristo, la vida no termina, sino que se transforma. Y si bien, frente a la muerte —dolorosa separación que nos obliga a dejar a nuestros seres más queridos— no cabe discurso alguno, el Jubileo nos ofrecerá la oportunidad de redescubrir el don de esa vida nueva recibida en el Bautismo, capaz de transfigurar su dramaticidad». (20)



 


miércoles, 18 de marzo de 2026

 



Misterios Gozosos:   de 10,00 a 10,30 horas

 

Misterios Luminosos: de 11,00 a 11,30 horas

 

Misterios Gloriosos:  de 12,00 a 12,30 horas







lunes, 16 de marzo de 2026

Virgen 

de la  

Cabeza  Peregrina

  

19 y 20 de marzo  Desde las 20:30 h  Misión Mariana con  motivo del:  

VIII Centenario de su  aparición  

Parroquia de San Félix de Valois. Jaén   Jueves 19 de Marzo  

 20:30 Acogida de la Virgen de la Cabeza Peregrina y   Oración de Bienvenida.  

 21:00 Vigilia de Oración  

 Viernes 20 de Marzo  

 9:30 Eucaristía  

 De 10:00 a 13:00  

 El Templo permanecerá abierto para todo aquel que quiera   visitar la Imagen de la Virgen  

 17:30 Encuentro y Ofrenda floral con los niños de Catequesis   18:00 Rezo del Santo Rosario  

 19:00 Vía Crucis  

 19:30 Eucaristía  

 20:15 Despedida de la Virgen de la Cabeza Peregrina    


 

CONVIVENCIA DEL GRUPO SCOUT SAN BARTOLOMÉ SAN FÉLIX 

PARROQUIA SAN FÉLIX 21 Y 22 DE MARZO 




viernes, 13 de marzo de 2026

DOMINGO IV DE CUARESMA - CICLO A

DOMINGO IV DE CUARESMA - CICLO A

Domingo 15 de marzo de 2026

 

PRIMERA LECTURA:

"David es ungido rey de Israel” (1 Samuel 16, 1b.6-7.10-13a)

Lectura del primer libro de Samuel.

En aquellos días, el Señor dijo a Samuel: «Llena tu cuerno de aceite y ponte en camino. Te envío a casa de Jesé, el de Belén, porque he visto entre sus hijos un rey para mí». Cuando llegó, vio a Eliab y se dijo: «Seguro que está su ungido ante el Señor». Pero el Señor dijo a Samuel: «No te fijes en su apariencia ni en lo elevado de su estatura, porque lo he descartado. No se trata de lo que vea el hombre. Pues el hombre mira a los ojos, más el Señor mira el corazón». Jesé presentó a sus siete hijos ante Samuel. Pero Samuel dijo a Jesé: «El Señor no ha elegido a estos». Entonces Samuel preguntó a Jesé: «¿No hay más muchachos?». Y le respondió: «Todavía queda el menor, que está pastoreando el rebaño». Samuel le dijo: «Manda a buscarlo, porque no nos sentaremos a la mesa mientras no venga». Jesé mandó a por él y lo hizo venir. Era rubio, de hermosos ojos y buena presencia. El Señor dijo a Samuel: «Levántate y úngelo de parte del Señor, pues es este». Samuel cogió el cuerno de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. Y el espíritu del Señor vino sobre David desde aquel día en adelante.

Palabra de Dios.

 

SALMO:

"El Señor es mi pastor, nada me falta” (Salmo 22)

R.  El Señor es mi pastor, nada me falta.

V.  El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas. /R. 

V.  Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan. /R. 

V.  Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa. /R. 

V.  Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida,

y habitaré en la casa del Señor por años sin término. /R

 

SEGUNDA LECTURA:

"Levántate de entre los muertos y Cristo te iluminará” (Efesios 5, 8-14)

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios.

Hermanos: Antes erais tinieblas, pero ahora, sois luz por el Señor. Vivid como hijos de la luz, pues toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz. Buscad lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien denunciándolas. Pues da vergüenza decir las cosas que ellos hacen a ocultas. Pero, al denunciarlas, la luz las pone al descubierto, y todo lo descubierto es luz. Por eso dice: «Despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo te iluminará».

Palabra de Dios.

 

Versículo antes del Evangelio

V.  Yo soy la luz del mundo —dice el Señor—; el que me sigue tendrá la luz de la vida.

EVANGELIO:

"Él fue, se lavó, y volvió con vista” (Juan 9, 1-41)

+  Lectura del santo Evangelio según san Juan.

En aquel tiempo, al pasar, vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento. Y sus discípulos le preguntaron: «Maestro, ¿quién pecó, este o sus padres, para que naciera ciego?». Jesús contestó: «Ni este pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día tengo que hacer las obras del que me ha enviado; viene la noche y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo». Dicho esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, y le dijo: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado)». Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: «¿No es ese el que se sentaba a pedir?». Unos decían: «El mismo». Otros decían: «No es él, pero se le parece». Él respondía: «Soy yo». Y le preguntaban: «¿Y cómo se te han abierto los ojos?». Él contestó: «Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé, y empecé a ver». Le preguntaron: «¿Dónde está él?». Contestó: «No lo sé». Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé y veo». Algunos de los fariseos comentaban: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado». Otros replicaban: «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?». Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?». Él contestó: «Que es un profeta». Pero los judíos no se creyeron que aquel había sido ciego y que había comenzado a ver, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron: «¿Es este vuestro hijo, de quien decís vosotros que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?». Sus padres contestaron: «Sabemos que este es nuestro hijo y que nació ciego; pero cómo ve ahora, no lo sabemos; y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Preguntádselo a él, que es mayor y puede explicarse». Sus padres respondieron así porque tenían miedo a los judíos; porque los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por Mesías. Por eso sus padres dijeron: «Ya es mayor, preguntádselo a él». Llamaron por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron: «Da gloria a Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un pecador». Contestó él: «Si es un pecador, no lo sé; solo sé que yo era ciego y ahora veo». Le preguntan de nuevo: «¿Qué te hizo, cómo te abrió los ojos?». Les contestó: «Os lo he dicho ya, y no me habéis hecho caso; ¿para qué queréis oírlo otra vez?, ¿también vosotros queréis haceros discípulos suyos?». Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron: «Discípulo de ese lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ese no sabemos de dónde viene». Replicó él:

«Pues eso es lo raro: que vosotros no sabéis de dónde viene, y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es piadoso y hace su voluntad. Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento; si este no viniera de Dios, no tendría ningún poder». Le replicaron: «Has nacido completamente empecatado, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?». Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del hombre?». Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?». Jesús le dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es». Él dijo: «Creo, Señor». Y se postró ante él. Dijo Jesús: «Para un juicio he venido yo a este mundo: para que los que no ven, vean, y los que ven, se queden ciegos». Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron: «¿También nosotros estamos ciegos?». Jesús les contestó: «Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado; pero como decís “vemos”, vuestro pecado permanece».

Palabra del Señor

 

EFECTO AMANECER

VER. -

Hay un modelo de despertador que tiene ‘efecto amanecer’: lleva incorporada una luz que se va ganando intensidad progresivamente hasta lograr que despertemos, de un modo más ‘natural’, sin el sobresalto que provoca el timbre o la música, y así podemos empezar la jornada con buen ánimo

JUZGAR. –

El Miércoles de Ceniza el Señor nos invitó a vivir la Cuaresma con verdadero deseo y pasión. El primer domingo de Cuaresma nos enseñó que debemos alimentarnos del Pan de la Palabra de Dios, para vencer la tentación y que mantenga bien encendidos nuestro deseo y pasión por convertirnos más al Señor. Y segundo domingo el Señor se transfiguró para reavivar el deseo y la pasión de los Discípulos, haciéndoles vivir una experiencia de lo que será la manifestación plena de su gloria, y dijimos que también a nosotros nos regala experiencias de transfiguración, momentos muy personales y especiales de encuentro con Dios, a veces muy sencillos, que nos dan fuerzas para afrontar los problemas, porque reavivan nuestro deseo y pasión por seguir a Jesús.

El tercer domingo de Cuaresma vimos que a menudo sentimos ‘sed’ de algo que nos llene, y lo buscamos saciar por caminos equivocados, que nos siguen dejando sedientos porque, en el fondo, es sed de Dios, y sólo Él puede saciarnos. Y preguntábamos si sentimos verdadera sed de Dios, y si buscamos saciarla con deseo y pasión.

Como dijimos el Miércoles de Ceniza, en nuestra vida a veces el deseo y la pasión se manifiestan de forma repentina y arrolladora, pero otras veces no surgen de golpe, sino que se van encendiendo poco a poco, como ese despertador con ‘efecto amanecer’. Y lo mismo ocurre con el deseo y la pasión por convertirnos, por volvernos más hacia Dios: va encendiéndose progresivamente.

El Evangelio de este cuarto domingo de Cuaresma nos ha ofrecido el ejemplo del ciego de nacimiento. El Señor ya nos dice que esa ceguera es “para que se manifiesten en él las obras de Dios”, es decir, para que los oyentes de entonces y de ahora no nos quedemos sólo en lo que es y significa la ceguera física y su curación, sino que aprendamos a ‘ver’ progresivamente los signos de la presencia de Dios.

El ciego de nacimiento se encuentra en oscuridad, no sólo física, sino también espiritual. No siente deseo ni pasión por Jesús, apenas sabe nada de Él, y por eso, cuando le preguntan cómo se le han abierto los ojos, sólo sabe referirse a ese “hombre que se llama Jesús”, pero no sabe dónde está. Pero, junto con la luz para sus ojos, ya se ha encendido también la luz en su alma, y poco a poco, en los diálogos que va manteniendo, esa luz se irá haciendo más intensa y se enciende su deseo y pasión por Jesús.

Cuando al rato “volvieron a preguntarle al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?»”, él responde ahora: “Que es un profeta”, alguien enviado por Dios. Y, en contraste con las respuestas evasivas de sus padres, “porque tenían miedo a los judíos”, y la presión de los judíos: “nosotros sabemos que ese hombre es un pecador”, él se atreve a responder: “Si es un pecador, no lo sé; sólo sé que yo era ciego y ahora veo”. Más aún, se atreve a cuestionarles: “¿También vosotros queréis haceros discípulos suyos?”.

Y su deseo y pasión por Jesús siguen en aumento, como manifiesta la réplica que les ofrece con valentía: “Sabemos que Dios no escucha a los pecadores… Si éste no viniera de Dios, no tendrían ningún poder”. Pero aún no se ha encendido del todo su deseo y pasión, faltaba el encuentro directo con Jesús: “¿Crees tú en el Hijo del hombre?” ‘El Hijo del hombre’ es el nombre que el profeta Daniel da al Mesías que vendría a instaurar el Reino de Dios, un título que Jesús se aplica a sí mismo como verdadero Dios y hombre. “¿Y quién es, Señor, para que crea en Él? Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es. Él dijo: Creo, Señor”. Jesús ya no es para él ‘un profeta’, sino que es ‘el Señor’, la palabra con la que se denomina a Dios. Por esta profesión de fe se ha encendido completamente en él el deseo y la pasión por Jesús.

ACTUAR. -

La Cuaresma es el tiempo de gracia para ‘despertar’ nuestra fe, para abrirnos los ojos, y lo está haciendo de un modo progresivo, como ese ‘efecto amanecer’ del despertador. Como el ciego de nacimiento, dejémonos tocar por Jesús y hagamos lo que nos pide, para que se vaya encendiendo en nosotros el deseo y la pasión por Jesús, sin miedo a lo que otros puedan decirnos o cuestionarnos, y así se abran nuestros ojos y podamos afirmar con convencimiento, como el que era ciego: “Creo, Señor”.




 

DOMINGO V DE CUARESMA - CICLO A