viernes, 6 de febrero de 2026

V DOMINGO TIEMPO ORDINARIO - CICLO A

V DOMINGO TIEMPO ORDINARIO - CICLO A

Domingo 8 de febrero de 2026            - Declara la Guerra al Hambre -

                                     

PRIMERA LECTURA:

"Surgirá tu luz como la aurora” (Isaías 58, 7-10)

 

Lectura del libro de Isaías.

Esto dice el Señor:

«Parte tu pan con el hambriento,

hospeda a los pobres sin techo,

cubre a quien ves desnudo

y no te desentiendas de los tuyos.

 

Entonces surgirá tu luz como la aurora,

enseguida se curarán tus heridas,

ante ti marchará la justicia,

detrás de ti la gloria del Señor.

 

Entonces clamarás al Señor y te responderá;

pedirás ayuda y te dirá: “Aquí estoy”.

 

Cuando alejes de ti la opresión,

el dedo acusador y la calumnia,

cuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo

y sacies al alma afligida,

brillará tu luz en las tinieblas,

tu oscuridad como el mediodía».

 

Palabra de Dios.

 

SALMO:

"El justo brilla en las tinieblas como una luz” (Salmo 111)

R.  El justo brilla en las tinieblas como una luz.

V.  En las tinieblas brilla como una luz el que es justo, clemente y compasivo. Dichoso el que se apiada y presta, y administra rectamente sus asuntos. /R. 

V.  Porque jamás vacilará. El recuerdo del justo será perpetuo. No temerá las malas noticias, su corazón está firme en el Señor. /R. 

V.  Su corazón está seguro, sin temor. Reparte limosna a los pobres; su caridad dura por siempre y alzará la frente con dignidad. /R. 

 

SEGUNDA LECTURA:

"Os anuncié el misterio de Cristo crucificado” (1 Corintios 2, 1-5)

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios.

Yo mismo, hermanos, cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y este crucificado. También yo me presenté a vosotros débil y temblando de miedo; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

Palabra de Dios.

 

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

V.  Yo soy la luz del mundo —dice el Señor—; el que me sigue tendrá la luz de la vida.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

 

EVANGELIO:

"Vosotros sois la luz del mundo” (Mateo 5, 13-16)

 

+  Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos».

Palabra del Señor.

 

DECLARA LA GUERRA AL HAMBRE

VER. -

Desde hace unos años estamos comprobando cómo nuestro mundo está dejando de ser un lugar pacífico. Según el Instituto para la Economía y la Paz, además de las guerras que centran la información (Ucrania, Palestina…), hay 59 conflictos armados activos en el mundo, la cifra más alta desde la Segunda Guerra Mundial. Hay un incremento de enfrentamientos, guerras o amenazas de guerras, y se constata un debilitamiento de los mecanismos diplomáticos para la resolución de conflictos: tan solo el 4% de las guerras termina en acuerdos negociados.

 

JUZGAR. -

Por eso, hoy que celebramos la Jornada de Manos Unidas contra el Hambre, sorprende que el lema para este año sea: «Declara la guerra al hambre». Para entender su significado, debemos recordar que en 1955, la Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas (UMOFC) hacía público un manifiesto en el que anunciaba su compromiso de poner su capacidad de movilización y de sensibilización al servicio de una causa que no podía esperar: la lucha activa contra el hambre en el mundo. Este manifiesto terminaba con esta frase: «Declaramos la guerra al hambre». En España, las Mujeres de la Acción Católica tomaron el testigo, propusieron un día de ayuno voluntario, e hicieron un llamamiento para combatir tres tipos de hambre: de pan, de cultura y de Dios. Así nació en 1959 la primera Campaña Contra el Hambre.
Desde entonces, Manos Unidas, la Asociación de la Iglesia Católica en España para la ayuda, promoción y desarrollo de los países más empobrecidos, sigue manteniendo la misma esperanza de que el mundo pueda verse libre, por fin, de la lacra del hambre. Su misión es luchar contra la pobreza, el hambre, la enfermedad… y también erradicar las causas estructurales que las producen. Lo hace a través de proyectos de desarrollo y también mediante campañas de sensibilización.

Manos Unidas nos recuerda que, como dijo el Papa Benedicto XVI, ‘combatir la pobreza es construir la paz’ (Mensaje Jornada Paz 2009). Y el Papa Francisco, en ‘Fratelli tutti’ 235, recordó: «Quienes pretenden pacificar a una sociedad no deben olvidar que la falta de un desarrollo humano integral no permite generar paz. Sin igualdad de oportunidades, las diversas formas de agresión y de guerra encontrarán un caldo de cultivo que tarde o temprano provocará su explosión». La paz y el desarrollo integral de las personas se complementan y por eso hay que ‘declarar la guerra al hambre’. La justicia social lleva a la construcción de la fraternidad universal, y la Palabra de Dios que hemos escuchado es una llamada a comprometernos en el desarrollo humano integral para generar la deseada paz.

En la 1ª lectura hemos escuchado: “Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, cubre a quien ves desnudo”. Es una llamada a atender las necesidades básicas de toda persona, y añade: “y no te desentiendas de los tuyos”. Cualquier ser humano es ‘de los tuyos’, de los nuestros, un hermano, porque todos somos imagen de Dios y tenemos derecho a una vida digna. Y la lectura también indicaba las consecuencias de atender a los necesitados: “Entonces surgirá tu luz… ante ti marchará la justicia…” Trabajar por el desarrollo humano integral es el camino para alcanzar la paz que deseamos.

Y no hacen falta capacidades especiales, como nos recordaba la 2ª lectura: “Cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría… sino en la manifestación y el poder del Espíritu”. Ese Espíritu que hemos recibido en nuestro Bautismo y que impulsa nuestra vocación cristiana y que hace realidad lo que Jesús nos ha dicho en el Evangelio: “Vosotros sois la sal de la tierra, sois la luz del mundo…” Ya somos la ‘sal y luz’ que se necesita para luchar contra el hambre; no nos volvamos ‘sosos’ por la indiferencia, ni ‘apaguemos’ la luz por el miedo. Y el Señor también nos ha dicho: “Brille así vuestra luz, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos”. Manos Unidas es uno de los brazos del candelero que es la Iglesia entera: ‘colguémonos’ de Manos Unidas para que la Luz de Cristo alumbre a todos los que viven en nuestra casa común.

ACTUAR. -

Hoy el Señor, por medio de Manos Unidas, nos dice a cada uno: «Declara la guerra al hambre», porque es uno de los caminos para alcanzar la verdadera paz. Unámonos al manifiesto de las mujeres de la UMOFC: «todas unidas y en conexión con todos aquéllos que se consagran a la misma tarea, podemos mucho más de lo que creemos. No se necesita más para acometer la empresa. Declaramos la guerra al hambre».




viernes, 30 de enero de 2026

IV DOMINGO TIEMPO ORDINARIO - CICLO A

IV DOMINGO TIEMPO ORDINARIO - CICLO A

1 de febrero de 2026

 

PRIMERA LECTURA:

"Dejaré en medio de ti un pueblo humilde y pobre” (Sofonías 2,3;3,12-13)

Lectura de la profecía de Sofonías.

Buscad al Señor los humildes de la tierra, los que practican su derecho, buscad la justicia, buscad la humildad, quizá podáis resguardaros el día de la ira del Señor.

Dejaré en ti un resto, un pueblo humilde y pobre que buscará refugio en el nombre del Señor.

El resto de Israel no hará más el mal, no mentirá ni habrá engaño en su boca.

Pastarán y descansarán, y no habrá quien los inquiete.

Palabra de Dios.

 

SALMO:

"Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos” (Salmo 145)

R.  Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

V.  El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente, hace justicia a los oprimidos, da pan a los hambrientos. El Señor liberta a los cautivos. /R. 

V.  El Señor abre los ojos al ciego, el Señor endereza a los que ya se doblan, el Señor ama a los justos. El Señor guarda a los peregrinos. /R. 

V.  Sustenta al huérfano y a la viuda y trastorna el camino de los malvados. El Señor reina eternamente, tu Dios, Sion, de edad en edad. /R. 

 

SEGUNDA LECTURA:

"Dios ha escogido lo débil del mundo” (1 Corintios 1, 26-31)

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios.

Fijaos en vuestra asamblea, hermanos: no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; sino que, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar lo poderoso. Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta, para anular a lo que cuenta, de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor. A él se debe que vosotros estéis en Cristo Jesús, el cual se ha hecho para nosotros sabiduría de parte de Dios, justicia, santificación y redención. Y así —como está escrito—: «el que se gloríe, que se gloríe en el Señor».

Palabra de Dios.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

V.  Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

 

EVANGELIO:

"Bienaventurados los pobres en el espíritu” (Mateo 5, 1-12a)

En aquel tiempo al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.

 QUÉ POCOS SOMOS...

VER. -

Una experiencia muy común es que estamos saturados de palabras, ya sean habladas o escritas. Cada día nos llegan multitud de mensajes, escuchamos y vemos noticias, leemos titulares… pero normalmente vamos pasando con rapidez de uno a otro, y los leemos o escuchamos por encima. Muy pocos logran captar de verdad nuestro interés y que nos detengamos a atender lo que nos están transmitiendo.

 

JUZGAR. -

Esto mismo nos puede ocurrir con la Palabra de Dios. La mayoría de nosotros llevamos años participando en las celebraciones, hemos recibido catequesis… por lo que hemos escuchado la Palabra de Dios muchas veces, nos suena a algo ‘ya sabido’ y ya no le prestamos mucha atención.

Por ejemplo, en la 1ª lectura hemos escuchado: “El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande, habitaba en tierra y sombras de muerte y una luz les brilló…” que fue la 1ª lectura que leíamos en la Misa de Medianoche de la Natividad del Señor. Y una primera reacción puede ser: ‘De esto ya nos han hablado hace poco’, y perdemos el interés porque también nos sentimos algo ‘saturados’.
Y también en el Evangelio hemos escuchado que “comenzó Jesús a predicar diciendo: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos»”. Y al escuchar ‘convertíos’ podemos pensar: ‘Esto es lo que nos dicen todos los años en Cuaresma’, y como creemos que ya sabemos lo que nos van a decir, también desconectamos. El error es que quizá ‘sepamos’ el texto, pero en realidad no lo conocemos.
Hoy estamos celebrando el Domingo de la Palabra de Dios, instituido por el Papa Francisco en 2019 con la carta apostólica en forma de ‘motu proprio’ Aperuit illis, “Les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras”. El Señor resucitado, antes de su Ascensión, se aparece a los discípulos mientras están reunidos, parte el pan con ellos y abre sus mentes para comprender la Sagrada Escritura. El Papa quiso dedicar un domingo del Año litúrgico a la Palabra de Dios para que la Iglesia reviva el gesto del Resucitado, que abre también nuestro entendimiento para que comprendamos el tesoro de su Palabra, un tesoro que nunca podemos decir que ya lo conocemos, porque es un tesoro inagotable, como indica el Papa citando a san Efrén: «Como el sediento que bebe de la fuente, mucho más es lo que dejamos que lo que tomamos. Porque la Palabra del Señor presenta muy diversos aspectos. Escondió en su Palabra variedad de tesoros, para que cada uno de nosotros pudiera enriquecerse en cualquiera de los puntos en que concentrar su reflexión» (Comentarios sobre el Diatésaron, 1, 18).

De manera precisa porque diariamente estamos saturados de tantas palabras, necesitamos prestar atención a la Palabra de Dios porque «la Biblia no es una colección de libros de historia, ni de crónicas, sino que está totalmente dirigida a la salvación integral de la persona. La Biblia, que está compuesta como historia de salvación en la que Dios habla y actúa para ir al encuentro de todos los hombres y salvarlos del mal y de la muerte.»

Cada vez que leemos o escuchamos la Palabra de Dios se produce lo que encontramos en el libro del Apocalipsis (cf. 3, 20) «cuando dice que el Señor está a la puerta y llama, y si alguno escucha su voz y le abre, Él entra para cenar juntos. Jesucristo llama a nuestra puerta a través de la Sagrada Escritura; si escuchamos y abrimos la puerta de la mente y del corazón, entonces entra en nuestra vida y se queda con nosotros. Por tanto, la invitación que surge es la urgencia y la importancia que los creyentes tienen que dar a la escucha de la Palabra del Señor tanto en la acción litúrgica como en la oración y la reflexión personal».

Además, hay otro motivo para prestar atención a la Palabra de Dios. Hoy también celebramos el final de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, con el lema ‘Un solo Espíritu, una sola esperanza’ y en la 2ª lectura hemos escuchado que san Pablo pedía “que no haya divisiones entre vosotros. Estad bien unidos con un mismo pensar y un mismo sentir”. Por eso el Papa instituyó el Domingo de la Palabra en el tercer domingo del Tiempo Ordinario: «Un momento oportuno de ese periodo del año, en el que estamos invitados a rezar por la unidad de los cristianos. No se trata de una mera coincidencia: celebrar el Domingo de la Palabra de Dios expresa un valor ecuménico, porque la Sagrada Escritura indica a los que se ponen en actitud de escucha el camino a seguir para llegar a una auténtica y sólida unidad».

ACTUAR. –

Es muy comprensible que estemos saturados de palabras ‘humanas’, pero sólo el Señor “tiene palabras de vida eterna” (cf. Jn 6, 68). El Domingo de la Palabra de Dios «no ha de ser ‘una vez al año’, sino una vez para todo el año, porque nos urge la necesidad de tener familiaridad e intimidad con la Sagrada Escritura».


 


jueves, 22 de enero de 2026

III DOMINGO TIEMPO ORDINARIO - CICLO A

III DOMINGO TIEMPO ORDINARIO - CICLO A

Domingo 25 de enero de 2026

 

PRIMERA LECTURA:

"En Galilea de los gentiles el pueblo vio una luz grande” (Isaías 8,23b-9,3)

Lectura del libro de Isaías.

En otro tiempo, humilló el Señor la tierra de Zabulón y la tierra de Neftalí, pero luego ha llenado de gloria el camino del mar, el otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaba en tierra y sombras de muerte, y una luz les brilló. Acreciste la alegría, aumentaste el gozo; se gozan en tu presencia, como gozan al segar, como se alegran al repartirse el botín. Porque la vara del opresor, el yugo de su carga, el bastón de su hombro, los quebrantaste como el día de Madián.

Palabra de Dios.

SALMO:

"El Señor es mi luz y mi salvación” (Salmo 26)

R.  El Señor es mi luz y mi salvación.

V.  El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar? /R. 

V.  Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida; gozar de la dulzura del Señor, contemplando su templo. /R. 

V.  Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor. /R. 

SEGUNDA LECTURA:

"Decid todos lo mismo y que no haya divisiones entre vosotros” (1 Corintios 1, 10-13.17)

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios.

Os ruego, hermanos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo, que digáis todos lo mismo y que no haya divisiones entre vosotros. Estad bien unidos con un mismo pensar y un mismo sentir. Pues, hermanos, me he enterado por los de Cloe de que hay discordias entre vosotros. Y os digo esto porque cada cual anda diciendo: «Yo soy de Pablo, yo soy de Apolo, yo soy de Cefas, yo soy de Cristo». ¿Está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿Fuisteis bautizados en nombre de Pablo? Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a anunciar el Evangelio, y no con sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo.

Palabra de Dios.

 

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

V.  Jesús proclamaba el evangelio del reino, y curaba toda dolencia del pueblo.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

 

EVANGELIO:

"Se estableció en Cafarnaún para que se cumpliera lo dicho por Isaías” (Mateo 4, 12-23)

Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías: «Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló». Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos». Paseando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a Andrés, que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores. Les dijo: «Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres». Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre, y los llamó. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron. Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.

SATURADOS DE PALABRAS

VER. -

Una experiencia muy común es que estamos saturados de palabras, ya sean habladas o escritas. Cada día nos llegan multitud de mensajes, escuchamos y vemos noticias, leemos titulares… pero normalmente vamos pasando con rapidez de uno a otro, y los leemos o escuchamos por encima. Muy pocos logran captar de verdad nuestro interés y que nos detengamos a atender lo que nos están transmitiendo.

 

JUZGAR. -

Esto mismo nos puede ocurrir con la Palabra de Dios. La mayoría de nosotros llevamos años participando en las celebraciones, hemos recibido catequesis… por lo que hemos escuchado la Palabra de Dios muchas veces, nos suena a algo ‘ya sabido’ y ya no le prestamos mucha atención.

Por ejemplo, en la 1ª lectura hemos escuchado: “El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande, habitaba en tierra y sombras de muerte y una luz les brilló…” que fue la 1ª lectura que leíamos en la Misa de Medianoche de la Natividad del Señor. Y una primera reacción puede ser: ‘De esto ya nos han hablado hace poco’, y perdemos el interés porque también nos sentimos algo ‘saturados’.

Y también en el Evangelio hemos escuchado que “comenzó Jesús a predicar diciendo: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos»”. Y al escuchar ‘convertíos’ podemos pensar: ‘Esto es lo que nos dicen todos los años en Cuaresma’, y como creemos que ya sabemos lo que nos van a decir, también desconectamos. El error es que quizá ‘sepamos’ el texto, pero en realidad no lo conocemos.

Hoy estamos celebrando el Domingo de la Palabra de Dios, instituido por el Papa Francisco en 2019 con la carta apostólica en forma de ‘motu proprio’ Aperuit illis, “Les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras”. El Señor resucitado, antes de su Ascensión, se aparece a los discípulos mientras están reunidos, parte el pan con ellos y abre sus mentes para comprender la Sagrada Escritura. El Papa quiso dedicar un domingo del Año litúrgico a la Palabra de Dios para que la Iglesia reviva el gesto del Resucitado, que abre también nuestro entendimiento para que comprendamos el tesoro de su Palabra, un tesoro que nunca podemos decir que ya lo conocemos, porque es un tesoro inagotable, como indica el Papa citando a san Efrén: «Como el sediento que bebe de la fuente, mucho más es lo que dejamos que lo que tomamos. Porque la Palabra del Señor presenta muy diversos aspectos. Escondió en su Palabra variedad de tesoros, para que cada uno de nosotros pudiera enriquecerse en cualquiera de los puntos en que concentrar su reflexión» (Comentarios sobre el Diatésaron, 1, 18).

Precisamente, porque de forma diaria estamos saturados de tantas palabras, necesitamos prestar atención a la Palabra de Dios porque «la Biblia no es una colección de libros de historia, ni de crónicas, sino que está totalmente dirigida a la salvación integral de la persona. La Biblia, que está compuesta como historia de salvación en la que Dios habla y actúa para ir al encuentro de todos los hombres y salvarlos del mal y de la muerte.»

Cada vez que leemos o escuchamos la Palabra de Dios se produce lo que encontramos en el libro del Apocalipsis (cf. 3, 20) «cuando dice que el Señor está a la puerta y llama, y si alguno escucha su voz y le abre, Él entra para cenar juntos. Jesucristo llama a nuestra puerta a través de la Sagrada Escritura; si escuchamos y abrimos la puerta de la mente y del corazón, entonces entra en nuestra vida y se queda con nosotros. Por tanto, la invitación que surge es la urgencia y la importancia que los creyentes tienen que dar a la escucha de la Palabra del Señor tanto en la acción litúrgica como en la oración y la reflexión personal».

Además, hay otro motivo para prestar atención a la Palabra de Dios. Hoy también celebramos el final de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, con el lema ‘Un solo Espíritu, una sola esperanza’ y en la 2ª lectura hemos escuchado que san Pablo pedía “que no haya divisiones entre vosotros. Estad bien unidos con un mismo pensar y un mismo sentir”. Por eso el Papa instituyó el Domingo de la Palabra en el tercer domingo del Tiempo Ordinario: «Un momento oportuno de ese periodo del año, en el que estamos invitados a rezar por la unidad de los cristianos. No se trata de una mera coincidencia: celebrar el Domingo de la Palabra de Dios expresa un valor ecuménico, porque la Sagrada Escritura indica a los que se ponen en actitud de escucha el camino a seguir para llegar a una auténtica y sólida unidad».

 

ACTUAR. -

Es muy comprensible que estemos saturados de palabras ‘humanas’, pero sólo el Señor “tiene palabras de vida eterna” (cf. Jn 6, 68). El Domingo de la Palabra de Dios «no ha de ser ‘una vez al año’, sino una vez para todo el año, porque nos urge la necesidad de tener familiaridad e intimidad con la Sagrada Escritura».




 


V DOMINGO TIEMPO ORDINARIO - CICLO A