sábado, 2 de mayo de 2026

DOMINGO V DE PASCUA - CICLO A

DOMINGO V DE PASCUA - CICLO A

Domingo 3 de mayo de 2026

 

PRIMERA LECTURA:

"Eligieron a siete hombres llenos de Espíritu Santo” (Hechos 6, 1-7)

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.

En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, porque en el servicio diario no se atendía a sus viudas. Los Doce, convocando a la asamblea de los discípulos, dijeron: «No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos del servicio de las mesas. Por tanto, hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea; nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la palabra». La propuesta les pareció bien a todos y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo; a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando. La palabra de Dios iba creciendo y en Jerusalén se multiplicaba el número de discípulos; incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe.

Palabra de Dios.

 

SALMO:

"Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de Ti” (Salmo 32)

R.  Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.

- V.  Aclamad, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos. Dad gracias al Señor con la cítara, tocad en su honor el arpa de diez cuerdas. /R. 

 - V.  La palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra. /R. 

- V.  Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme, en los que esperan su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre. /R.

 

SEGUNDA LECTURA:

"Vosotros, en cambio, sois un linaje elegido, un sacerdocio real” (1 Pedro 2, 4-9)

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro.

Queridos hermanos: Acercándoos al Señor, piedra viva rechazada por los hombres, pero elegida y preciosa para Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción de una casa espiritual para un sacerdocio santo, a fin de ofrecer sacrificios espirituales agradables a Dios por medio de Jesucristo. Por eso se dice en la Escritura: «Mira, pongo en Sion una piedra angular, elegida y preciosa; quien cree en ella no queda defraudado». Para vosotros, pues, los creyentes, ella es el honor, pero para los incrédulos «la piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular», y también «piedra de choque y roca de estrellarse»; y ellos chocan al despreciar la palabra. A eso precisamente estaban expuestos. Vosotros, en cambio, sois un linaje elegido, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios para que anunciéis las proezas del que os llamó de las tinieblas a su luz maravillosa.

Palabra de Dios.

 

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

V.  Yo soy el camino y la verdad y la vida —dice el Señor—; nadie va al Padre sino por mí.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

 

EVANGELIO:

"Yo soy el camino y la verdad y la vida” (Juan 14, 1-12)

+  Lectura del santo Evangelio según san Juan.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino». Tomás le dice: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?». Jesús le responde: «Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto». Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta». Jesús le replica: «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores, porque yo me voy al Padre».

Palabra del Señor.

 VIVIR LA SINODALIDAD

VER. -

Seguimos profundizando en el proceso de reflexión y sensibilización que estamos llevando a cabo en la Diócesis de Valencia, de cara a la elaboración de unas futuras orientaciones pastorales que nos permitan afrontar los retos del momento presente para desarrollar la misión evangelizadora en el contexto actual. El tema 4, ‘¿Qué es la sinodalidad?’, nos plantea esta situación: «Una experiencia muy corriente al echar un vistazo a la estructura diocesana es la gran diversidad de grupos, movimientos, asociaciones, Delegaciones, organismos… Todos forman la Iglesia pero lo que se percibe desde fuera es que, en la práctica, cada uno tiene su propia dinámica, su programación y calendario, funcionando en paralelo a los demás. Esto se repite muchas veces también a nivel parroquial: hay diferentes grupos, áreas pastorales… En parroquias grandes es frecuente que apenas se conozcan los integrantes de unos y otros grupos». Esto tiene unas consecuencias: «se hacen muchas cosas, pero de un modo disperso, sin un objetivo común que oriente las diferentes vocaciones y sensibilidades en la misma dirección. Resulta difícil coordinarse y no es raro que se produzcan solapamientos de actividades y celebraciones». Y que surjan tensiones.

 JUZGAR. -

Es algo similar a lo que hemos escuchado en la 1ª lectura: “al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea”. Hasta ahora, se nos había presentado una imagen idílica de la primera comunidad cristiana, como vimos el Domingo II de Pascua. Pero, aunque todos eran judeocristianos, había dos grupos: los de lengua hebrea, que provenían de Jerusalén, y los de lengua griega, que provenían de las comunidades judías establecidas en ciudades griegas, con diferente mentalidad. Esto, unido al crecimiento en número, produjo tensiones y conflictos internos.

 Era necesario buscar una solución, y los Doce convocaron “a toda la asamblea de los discípulos”, es decir, a todos los integrantes de la comunidad. Podemos decir que convocaron un ‘sínodo’, palabra que significa ‘caminar juntos’ y que designa las reuniones en las que se tratan asuntos relacionados con la Iglesia. Los Apóstoles tenían presente lo que Jesús les había dicho y hemos escuchado en el Evangelio: “Yo soy el camino y la verdad y la vida”. Y que, por ese camino que es Jesús, todos deben avanzar juntos, en sinodalidad, porque, como también hemos escuchado en la 2ª lectura: “Acercándoos al Señor, piedra viva… también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción de una casa espiritual…”

Y esto sigue siendo no sólo válido sino necesario para los que hoy somos y formamos la Iglesia, tanto a nivel universal como diocesano y parroquial: como hemos visto, a menudo resulta difícil coordinarnos, parece que cada uno sigue un rumbo, y hay distanciamientos y tensiones. Por eso hemos de aprender de los primeros cristianos a vivir la sinodalidad: «es el camino que Dios espera de la Iglesia en este tercer milenio. No es una moda ni un método organizativo. Significa caminar juntos como Pueblo de Dios, escuchando la voz del Espíritu, discerniendo en comunidad y participando todos en la misión evangelizadora. Es, en esencia, un modo de relación. Este estilo de ser Iglesia nos invita a pasar del ‘yo’ al ‘nosotros’. La sinodalidad se fundamenta en la corresponsabilidad de todos los bautizados, que son sujetos activos de la misión y deben discernir su vocación bautismal».

La sinodalidad tiene un elemento básico que nos hace mucha falta: «la escucha de la Palabra y la escucha de la comunidad eclesial. La escucha de la palabra y de los otros es fundamental para el discernimiento personal y comunitario. Escuchar a todo el Pueblo de Dios nos ayudará, como Iglesia a tomar las decisiones pastorales que correspondan lo más posible a la voluntad de Dios». Necesitamos «aprender a escuchar, ser humildes y dejarnos transformar por el Espíritu».

 Y como «la sinodalidad se fundamenta en la corresponsabilidad de todos los bautizados, que son sujetos activos de la misión y deben discernir su vocación bautismal», también necesitamos profundizar en la razón que dan los Doce para convocar la asamblea: “No nos parece bien descuidar la Palabra de Dios para ocuparnos del servicio de las mesas. Escoged a siete de vosotros…” Esto, para nosotros, si queremos vivir la sinodalidad y evitar tensiones, es una llamada a la corresponsabilidad de todos los miembros de la comunidad parroquial, fomentando «una distribución más articulada de tareas y una mayor corresponsabilidad entre los ministros ordenados y los otros miembros del Pueblo de Dios, de modo que se evite caer en la tentación del clericalismo».

 ACTUAR. –

Las diferencias en la Iglesia no tienen que ser motivo de tensión y distanciamiento; incluso podemos decir que ayudan a crecer. Así sucedió en la primitiva comunidad cristiana: las quejas de uno de los grupos dieron origen al ministerio de los diáconos y a una mejor comprensión de lo que es ser y vivir como Iglesia. Pidamos al Señor que aprendamos de ellos a vivir la sinodalidad, a ser «una comunidad que escucha, dialoga, discierne» y camina junta en Cristo, Camino, Verdad y Vida. 


 



viernes, 24 de abril de 2026

DOMINGO IV DE PASCUA - CICLO A

DOMINGO IV DE PASCUA - CICLO A

Domingo 26 de abril de 2026

JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES   

PRIMERA LECTURA:

"Dios lo ha constituido Señor y Mesías” (Hechos 2, 14a.36-41)

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.

El día de Pentecostés Pedro, poniéndose en pie junto a los Once, levantó su voz y declaró: «Con toda seguridad conozca toda la casa de Israel que al mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías». Al oír esto, se les traspasó el corazón, y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles: «¿Qué tenemos que hacer, hermanos?» Pedro les contestó: «Convertíos y sea bautizado cada uno de vosotros en el nombre de Jesús, el Mesías, para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque la promesa vale para vosotros y para vuestros hijos, y para los que están lejos, para cuantos llamare a sí el Señor Dios nuestro». Con estas y otras muchas razones dio testimonio y los exhortaba diciendo: «Salvaos de esta generación perversa». Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día fueron agregadas unas tres mil personas.

Palabra de Dios.

SALMO:

"El Señor es mi pastor, nada me falta” (Salmo 22)

R.  El Señor es mi pastor, nada me falta.

V.  El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas. /R. 

V.  Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan. /R. 

V.  Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa. /R. 

V.  Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término. /R. 

SEGUNDA LECTURA:

"Os habéis convertido al pastor de vuestras almas” (1 Pedro 2, 20b-25)

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro.

Queridos hermanos: Que aguantéis cuando sufrís por hacer el bien, eso es una gracia de parte de Dios. Pues para esto habéis sido llamados, porque también Cristo padeció por vosotros, dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas. Él no cometió pecado ni encontraron engaño en su boca. Él no devolvía el insulto cuando lo insultaban; sufriendo no profería amenazas; sino que se entregaba al que juzga rectamente. Él llevó nuestros pecados en su cuerpo hasta el leño, para que, muertos a los pecados, vivamos para la justicia. Con sus heridas fuisteis curados. Pues andabais errantes como ovejas, pero ahora os habéis convertido al pastor y guardián de vuestras almas.

Palabra de Dios.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

V.  Yo soy el Buen Pastor —dice el Señor—, que conozco a mis ovejas,

y las mías me conocen.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO:

"Yo soy la puerta de las ovejas” (Juan 10, 1-10)

+  Lectura del santo Evangelio según san Juan.

En aquel tiempo, dijo Jesús: «En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A este le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños». Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús: «En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante».

Palabra del Señor.

VIVIR LA VOCACIÓN

VER. –

“Como estamos teniendo presente durante este tiempo de Pascua, desde hace unos meses, en la Diócesis de Valencia estamos realizando un proceso de reflexión y sensibilización de cara a la elaboración de unas futuras orientaciones pastorales diocesanas que nos permitan afrontar los retos del momento presente para desarrollar la misión evangelizadora en el contexto actual. El tema 6, ‘Vocación, servicio, ministerio’, señala: «La cultura actual ofrece muchas alternativas, pero pocas orientaciones profundas. Se nos invita constantemente a elegir, pero sin un criterio sólido para ordenar los deseos. Muchas personas se sienten desorientadas. La velocidad de los cambios, la presión de lo inmediato y la dificultad para construir vínculos estables crean un clima interior que favorece la confusión sobre quiénes somos y hacia dónde nos dirigimos».”

 

JUZGAR. –

El cuarto domingo de Pascua es conocido como el ‘domingo del Buen Pastor’, porque en el Evangelio de todos los ciclos litúrgicos se lee un fragmento del discurso del Buen Pastor recogido en Jn 10. Y también la 2ª lectura nos decía: “Andabais errantes como ovejas, pero ahora os habéis convertido al pastor y guardián de vuestras almas”. Jesús, el Buen Pastor, nos advierte sobre los ladrones y bandidos que nos desorientan y confunden, que no entran “sino para robar y matar y hacer estragos”, y se presenta como la Puerta que nos abre a la salvación: “Yo he venido para que tengan vida y la tenga abundante”.

El Buen Pastor llama a entrar por la Puerta que da a la vida, y que es Él mismo, “y él va llamando por el nombre a sus ovejas… y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz”. Esto es la vocación, y hoy hemos de preguntarnos si conocemos la voz de nuestro Buen Pastor, si somos conscientes de nuestra propia vocación. Erróneamente solemos restringir la vocación a ‘curas y monjas’, pero como decía la 1ª lectura, “la promesa vale para vosotros y para vuestros hijos, y para los que están lejos, para cuantos llamare a sí el Señor Dios nuestro”. La vocación es para todos los que somos y formamos la Iglesia, porque «la variedad de vocaciones, carismas y ministerios tiene una raíz: ‘todos fuimos bautizados por un solo Espíritu en un solo cuerpo’ (1Cor 12, 13). El bautismo es el fundamento de la vida cristiana. De esta común y primera vocación recibida en el Bautismo surgen las demás vocaciones: al orden sacerdotal, a la vida consagrada, al matrimonio, a la vida laical comprometida».

Para esquivar a tantos ‘ladrones y bandidos’ que nos desorientan y confunden, «es necesario promover una auténtica espiritualidad vocacional que impulse a los miembros de las comunidades cristianas a buscar el sentido de su vida y de su misión, como respuesta al amor recibido». Y descubrir que somos vocacionados es:

«Un camino de escucha», porque “las ovejas atienden a su voz”. ¿Estoy atento a la Palabra del Buen Pastor?

«Un camino de acogida. No se trata de alcanzar un ideal perfecto, sino de dejar que Dios entre en la vida y la transforme desde dentro. La vocación cristiana no pesa ni complica la vida; ofrece una luz que permite comprender la existencia con mayor hondura. Cuando alguien descubre que es llamado y que su vida tiene un sentido querido por el Señor, todo se ilumina de manera distinta. Cambia la forma de afrontar el sufrimiento, las decisiones, las relaciones, los límites, y también los deseos más profundos. La vocación ayuda a caminar con serenidad, esperanza y disponibilidad.

Y es un camino de acompañamiento y testimonio, porque nuestras comunidades parroquiales se ven cada vez más necesitadas de testimonios de vida que lo pongan todo en común, vivan en un mismo corazón y un mismo sentir. De ese acompañamiento surge la vocación concreta.

La vocación introduce una claridad nueva: no todo vale igual, no todo conduce a la plenitud. Hay caminos que nos acercan a Dios y caminos que nos desdibujan. Vivir la vocación implica aprender a distinguir. Es escuchar una palabra que da dirección, una palabra que no domina ni oprime, sino que ayuda a integrar la vida». La Palabra del Buen Pastor.

 

ACTUAR. -

Ante el desconcierto y la confusión que nos afectan, nos preguntamos, como a Pedro en la 1ª lectura: “¿Qué tenemos que hacer?” Y la respuesta de Pedro sigue siendo válida para nosotros: “Convertíos y sea bautizado cada uno de vosotros…” Necesitamos ser conscientes de nuestra vocación bautismal, «preparar el oído y el corazón para escuchar y recibir, con agradecimiento, la llamada que Dios tiene para cada uno de nosotros. Solemos pensar que la llamada vocacional se da sólo en la juventud. Es verdad que esta cuestión, de forma existencial y vital, se da en los primeros años de nuestra vida de manera privilegiada, pero no exclusiva. La vocación es algo que acompaña toda nuestra vida». Siempre podemos descubrir y vivir la vocación.

Ojalá «que cada miembro de nuestras comunidades parroquiales descubra que es amado incondicionalmente por Dios, que su vida tiene sentido, que la verdadera libertad es la respuesta generosa a la llamada de Dios, y que todas las vocaciones en la Iglesia (al orden sacerdotal, a la vida consagrada, al matrimonio, a la vida laical comprometida) conducen a la plenitud del amor cristiano», a esa “vida en abundancia” que el Buen Pastor ofrece a quienes lo escuchan y siguen. 

viernes, 17 de abril de 2026

DOMINGO III DE CUARESMA - CICLO A

Domingo 19 de abril de 2026

 PRIMERA LECTURA:

"No era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio” (Hechos 2, 14.22-33)

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.

El día de Pentecostés Pedro, poniéndose en pie junto a los Once, levantó su voz y con toda solemnidad declaró: «Judíos y vecinos todos de Jerusalén, enteraos bien y escuchad atentamente mis palabras. A Jesús el Nazareno, varón acreditado por Dios ante vosotros con los milagros, prodigios y signos que Dios realizó por medio de él, como vosotros mismos sabéis, a este, entregado conforme al plan que Dios tenía establecido y previsto, lo matasteis, clavándolo a una cruz por manos de hombres inicuos. Pero Dios lo resucitó, librándolo de los dolores de la muerte, por cuanto no era posible que esta lo retuviera bajo su dominio, pues David dice, refiriéndose a él: “Veía siempre al Señor delante de mí, pues está a mi derecha para que no vacile. Por eso se me alegró el corazón, exultó mi lengua, y hasta mi carne descansará esperanzada. Porque no me abandonarás en el lugar de los muertos, ni dejarás que tu Santo experimente corrupción. Me has enseñado senderos de vida, me saciarás de gozo con tu rostro”.

Hermanos, permitidme hablaros con franqueza: el patriarca David murió y lo enterraron, y su sepulcro está entre nosotros hasta el día de hoy. Pero como era profeta y sabía que Dios “le había jurado con juramento sentar en su trono a un descendiente suyo”, previéndolo, habló de la resurrección del Mesías cuando dijo que “no lo abandonará en el lugar de los muertos” y que “su carne no experimentará corrupción”. A este Jesús lo resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Exaltado, pues, por la diestra de Dios y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, lo ha derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo».

Palabra de Dios.

SALMO:

"Señor, me enseñarás el sendero de la vida” (Salmo 15)

R.  Señor, me enseñarás el sendero de la vida.

V.  Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti. Yo digo al Señor: «Tú eres mi Dios». El Señor es el lote de mi heredad y mi copa, mi suerte está en tu mano. /R. 

V.  Bendeciré al Señor que me aconseja, hasta de noche me instruye internamente. Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré. /R. 

V.  Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y mi carne descansa esperanzada. Porque no me abandonarás en la región de los muertos ni dejarás a tu fiel ver la corrupción. /R. 

V.  Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha. /R. 

 

SEGUNDA LECTURA:

"Fuisteis liberados con una sangre preciosa, como la de un cordero sin mancha, Cristo” (1 Pedro 1, 17-21)

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro.

Queridos hermanos:

Puesto que podéis llamar Padre al que juzga imparcialmente según las obras de cada uno, comportaos con temor durante el tiempo de vuestra peregrinación, pues ya sabéis que fuisteis liberados de vuestra conducta inútil, heredada de vuestros padres, pero no con algo corruptible, con oro o plata, sino con una sangre preciosa, como la de un cordero sin defecto y sin mancha, Cristo, previsto ya antes de la creación del mundo y manifestado en los últimos tiempos por vosotros, que, por medio de él, creéis en Dios, que lo resucitó de entre los muertos y le dio gloria, de manera que vuestra fe y vuestra esperanza estén puestas en Dios.

Palabra de Dios.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

V.  Señor Jesús, explícanos las Escrituras; haz que arda nuestro corazón mientras nos hablas.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

 

EVANGELIO:

"Lo reconocieron al partir el pan” (Lucas 24, 13-35)

+  Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

Aquel mismo día (el primero de la semana), dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos sesenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Él les dijo: «¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?». Ellos se detuvieron con aire entristecido. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió: «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí estos días?». Él les dijo: «¿Qué?». Ellos le contestaron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron». Entonces él les dijo: «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?». Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras. Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo:

«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída». Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista. Y se dijeron el uno al otro: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?». Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón». Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Palabra del Señor.

PRIMER ANUNCIO

VER. -

En los últimos tiempos se está observando un creciente interés por la fe cristiana. Después de muchos años, vemos que cantantes, actores y actrices, películas… abordan el tema de la fe. No se trata de echar las campanas al vuelo ni caer en erróneos triunfalismos, sino de interpretar estos ‘signos de los tiempos’ y discernir a la luz del Espíritu el camino a seguir. Como vemos en el material ‘Dad el fruto que pide la conversión’, que se está reflexionando en la diócesis de Valencia para la elaboración de unas futuras orientaciones pastorales diocesanas: «Nos encontramos ante un nuevo tipo de búsqueda espiritual, que se concreta en una serie de indicadores. Las personas se hacen preguntas profundas sobre el sentido de la vida, y muchos tienen interés por la meditación, el silencio, la interioridad, aunque muchas veces se busque fuera de los caminos cristianos habituales. No se trata de un regreso masivo a las parroquias, pero estos indicadores pueden interpretarse como oportunidades que, bien conducidas, pueden revitalizar la vida en nuestras parroquias». (Tema 2: «Necesidad de transformación en un ‘cambio de época’»)

JUZGAR. -

Para responder a estas oportunidades, hemos de tener en cuenta, como vimos el domingo pasado, que «durante siglos, la pastoral de la Iglesia se desarrolló en un contexto cultural “cristiano”. Hoy, en cambio, muchas personas han crecido sin referencias cristianas. A menudo no han escuchado nunca el Evangelio de forma viva y cercana».

Los signos actuales son por tanto una oportunidad para que todos pongamos en práctica y desarrollemos lo que denominamos ‘Primer Anuncio’: «es un mensaje que interpela y abre la puerta a la conversión, es la proclamación sencilla y directa del amor de Dios manifestado en Jesús» (Tema 5), lo nuclear de nuestra fe: «“Jesucristo te ama, dio su vida para salvarte, y ahora está vivo a tu lado cada día, para iluminarte, para fortalecerte, para liberarte”. Cuando a este primer anuncio se le llama “primero”, eso no significa que está al comienzo y después se olvida o se reemplaza por otros contenidos que lo superan. Es el primero porque es el anuncio principal, ése que siempre hay que volver a escuchar de diversas maneras y ése que siempre hay que volver a anunciar de una forma o de otra». (EG 164)

El Primer Anuncio tiene unas claves que vemos recogidas en el Evangelio de hoy:

“Dos discípulos iban caminando. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos”. El Primer Anuncio consiste en «llevar el Evangelio a las personas que cada uno trata. Es la predicación informal que se puede realizar en medio de una conversación y eso se produce espontáneamente en cualquier lugar: en la calle, en la plaza, en el trabajo, en un camino» (EG 127). Por tanto, es necesario ‘estar’ y compartir la vida.

“Él les dijo: ¿Qué conversación es ésa que traéis mientras vais de camino?” En el Primer Anuncio se parte de la escucha: «es un diálogo personal, donde la otra persona se expresa y comparte sus alegrías, sus esperanzas, las inquietudes por sus seres queridos y tantas cosas que llenan el corazón». (EG 128)

“Lo de Jesús el Nazareno… Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel… Es verdad que algunas mujeres vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo…” Desde esa escucha respetuosa y atenta podremos descubrir lo que la otra persona vive, siente, piensa… respecto a la fe, a Jesucristo, la Iglesia… sin juzgar, sin imponer.

“Entonces Él les dijo…” Después de la escucha es cuando compartimos la propia experiencia de fe. «El Primer anuncio no debe confundirse con una clase de catequesis, una explicación teológica compleja o un discurso moralista. Más bien ha de ser un testimonio personal, breve y claro, realizado mediane un lenguaje cercano» (Tema 5). Se trata de hablar de nuestro encuentro personal con el Señor y cómo Cristo está presente en nuestra vida.

ACTUAR. -

El texto evangélico contiene otros elementos a tener en cuenta (la Escritura, la Eucaristía, la inserción en la comunidad eclesial…) pero, como veremos, esto se propondrá en otros momentos.

“Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída”. El Primer Anuncio es un proceso que lleva tiempo, hay que ‘quedarse’ y acompañar. Como Jesús, hay que tener paciencia y dejar que la persona vaya madurando, respetando los ritmos y la libertad de quien recibe el Primer Anuncio para acogerlo o rechazarlo. No queramos ‘meter a la fuerza’ a las personas en la Iglesia, llevándolas enseguida a Misa, a confesarse, a unos Ejercicios o charlas…

Como se indica en el Tema 2: «Todavía no sabemos bien hacia dónde nos llevará este giro religioso. No está claro si se traducirá en un mayor acercamiento a la Iglesia. Pero sí es un signo de que la sed de Dios no ha desaparecido. Para la Iglesia, esto es una oportunidad, es una llamada» a que todos pongamos en práctica el Primer Anuncio y siga sonando en nuestro mundo el mensaje central: “Era verdad, ha resucitado el Señor”.  


 


 

 

 

 

viernes, 10 de abril de 2026

DOMINGO II DE PASCUA - CICLO A

DOMINGO II DE PASCUA O DE LA DIVINA MISERICORDIA- CICLO A

Domingo 12 de abril de 2026

 

PRIMERA LECTURA:

"Los creyentes vivían todos unidos y tenían todo en común” (Hechos 2, 42-47)

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.

Los hermanos perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones. Todo el mundo estaba impresionado, y los apóstoles hacían muchos prodigios y signos. Los creyentes vivían todos unidos y tenían todo en común; vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno. Con perseverancia acudían a diario al templo con un mismo espíritu, partían el pan en las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón; alababan a Dios y eran bien vistos de todo el pueblo; y día tras día el Señor iba agregando a los que se iban salvando.

Palabra de Dios.

 

SALMO:

"Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia” (Salmo 117)

R.  Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.

 

V.  Diga la casa de Israel:

eterna es su misericordia.

Diga la casa de Aarón:

eterna es su misericordia.

Digan los que temen al Señor:

eterna es su misericordia. /R. 

V.  Empujaban y empujaban para derribarme,

pero el Señor me ayudó;

el Señor es mi fuerza y mi energía,

él es mi salvación.

Escuchad: hay cantos de victoria

en las tiendas de los justos. /R. 

V.  La piedra que desecharon los arquitectos

es ahora la piedra angular.

Es el Señor quien lo ha hecho,

ha sido un milagro patente.

Este es el día que hizo el Señor:

sea nuestra alegría y nuestro gozo. /R.

 

SEGUNDA LECTURA:

"Mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha regenerado para una esperanza viva” (1 Pedro 1, 3-9)

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro.

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor, Jesucristo, que, por su gran misericordia, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha regenerado para una esperanza viva; para una herencia incorruptible, intachable e inmarcesible, reservada en el cielo a vosotros, que, mediante la fe, estáis protegidos con la fuerza de Dios; para una salvación dispuesta a revelarse en el momento final. Por ello os alegráis, aunque ahora sea preciso padecer un poco en pruebas diversas; así la autenticidad de vuestra fe, más preciosa que el oro, que, aunque es perecedero, se aquilata a fuego, merecerá premio, gloria y honor en la revelación de Jesucristo; sin haberlo visto lo amáis y, sin contemplarlo todavía, creéis en él y así os alegráis con un gozo inefable y radiante, alcanzando así la meta de vuestra fe: la salvación de vuestras almas.

Palabra de Dios.

Secuencia


Ofrezcan los cristianos

ofrendas de alabanza

a gloria de la Víctima

propicia de la Pascua.

 

Cordero sin pecado

que a las ovejas salva,

a Dios y a los culpables

unió con nueva alianza.

 

Lucharon vida y muerte

en singular batalla,

y, muerto el que es la Vida,

triunfante se levanta.

 

«¿Qué has visto de camino,

María, en la mañana?»

«A mi Señor glorioso,

la tumba abandonada,

los ángeles testigos,

sudarios y mortaja.

¡Resucitó de veras

mi amor y mi esperanza!

 

Venid a Galilea,

allí el Señor aguarda;

allí veréis los suyos

la gloria de la Pascua».

 

Primicia de los muertos,

sabemos por tu gracia

que estás resucitado;

la muerte en ti no manda.

 

Rey vencedor, apiádate

de la miseria humana

y da a tus fieles parte

en tu victoria santa.


 

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

V.  Porque me has visto, Tomás, has creído —dice el Señor—; bienaventurados los que crean sin haber visto.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

 

EVANGELIO:

"A los ocho días llegó Jesús” (Juan 20, 19-31)

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban Los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo»; a quiénes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos. Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo». A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros». Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». Contestó Tomás: «¡Señor y Dios míos!». Jesús les dijo: «¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto». Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

EXPLICAR NUESTRA “JERGA”

VER. -

El diccionario define ‘jerga’ como un lenguaje especial que usan entre sí los individuos de ciertos grupos. Hace unos días, en un programa de radio, hablaban sobre la jerga que utilizan hoy en día los jóvenes para referirse a algunos sentimientos, actitudes, conceptos… palabras y expresiones que para ellos son conocidas y habituales pero que los adultos no entendemos y nos las tienen que explicar para saber de qué están hablando. Son muchos los colectivos y profesiones que tienen su jerga propia, y también en la Iglesia la tenemos: una jerga que a menudo resulta extraña a quienes la oyen.

JUZGAR. -

La Diócesis de Valencia ha iniciado un proceso de reflexión y sensibilización de cara a la elaboración de unas futuras orientaciones pastorales diocesanas, y en el material de reflexión que se ha publicado se habla de la ‘Necesidad de transformación en un cambio de época’ (Tema 2) porque hoy en día «muchas personas han crecido sin referencias cristianas. A menudo no han escuchado nunca el Evangelio de forma viva y cercana. El lenguaje de la fe resulta extraño o incomprensible».

Desde la Vigilia Pascual y durante toda la octava de Pascua que hoy finaliza, en la Iglesia está resonando el gran anuncio: “Jesús, el crucificado, ¡ha resucitado!” Para nosotros, es el centro de nuestra fe, la razón de nuestra esperanza… pero muchas personas no entienden nuestra ‘jerga’, no saben a qué nos referimos cuando hablamos de ‘Resurrección’. Muchos no aceptan este concepto y lo rechazan como un sin sentido, o lo consideran algo irracional y quieren pruebas tangibles, como el apóstol Tomás: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo”; otros entienden la Resurrección como una aparición fantasmal, o la confunden con la reencarnación, o con una especie de ‘muerto viviente’…

Pero esta falta de comprensión no hemos de verla como un obstáculo, sino como una llamada: «Han cambiado las personas por dentro, su manera de entender el mundo. Y, si cambia el mundo, también tiene que cambiar la manera en que la Iglesia anuncia el Evangelio y acompaña a las personas. Es el mismo mensaje con un modo nuevo de proclamarlo: ‘’nuevo ardor, nuevos métodos, nueva expresión’. El mundo actual presenta oportunidades únicas para la evangelización. La sed de Dios no ha desaparecido, más bien está cambiando de lenguaje y de formas».

¿Cómo encontrar ese ‘nuevo lenguaje’ que necesitamos para seguir proclamando el Evangelio? ¿Cómo mostrar lo que es y significa la Resurrección de Cristo? En el material de reflexión se nos proponen varias pistas: «Escuchar con respeto y sin miedo las preguntas de las personas; ofrecer espacios donde puedan experimentar a Jesús de manera viva, no solo oír hablar de Él; y proponer comunidades sencillas, acogedoras, participativas». Y, si nos fijamos, esto es lo que hicieron los primeros cristianos, como hemos escuchado en la 1ª lectura: “Perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones…Vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno. Con perseverancia acudían a diario al templo con un mismo espíritu, partían el pan en las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón…” Éste era el ‘lenguaje’ que utilizaban: vivían su fe con normalidad, en sus diferentes dimensiones: la oración, la celebración, la formación, la acción caritativa… Y ese estilo de vida era el ‘lenguaje’ que los demás ‘comprendían’, no tanto por sus palabras como por los actos que refrendaban esas palabras. Y por eso el anuncio del Evangelio progresaba: “todo el mundo estaba impresionado… eran bien vistos de todo el pueblo; y día tras día el Señor iba agregando a los que se iban salvando”.

ACTUAR. -

Respondiendo a la llamada que el Papa Francisco hizo en ‘Evangelii Gaudium’, «ha llegado el momento de afrontar con decisión un cambio de costumbres, estilos, lenguajes, horarios, modos de relacionarnos y formas de organizar la parroquia, porque estamos en un mundo que ha cambiado».

El ejemplo de las primeras comunidades cristianas nos ha de motivar a explicar nuestra ‘jerga’, hacerla comprensible con un estilo de vida que resulte significativo para las personas de hoy, «buscando una fidelidad creativa a la Tradición viva de la Iglesia, atreviéndonos a nuevas formas de estar presentes y de servir en la vida de los hombres y mujeres de hoy. Pasar de un lenguaje religioso cerrado, a un lenguaje comprensible, cercano a las preguntas reales de las personas: el trabajo, la familia, la soledad, el sufrimiento, la fiesta, la sexualidad, el futuro». (Tema 3)

Celebrar la Pascua, la Resurrección de Jesús, «es una invitación a salir de lo conocido, a buscar y construir estilos de comunidad y comunicación basados en el encuentro, el apoyo mutuo y la misericordia. Así podremos transformar nuestras costumbres y lenguajes para que todos, hoy y aquí, puedan recibir la Buena Noticia de Jesús resucitado». (Tema 2)



sábado, 4 de abril de 2026

DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR

 DOMINGO DE RESURRECCIÓN

Domingo 5 de abril de 2026

 

PRIMERA LECTURA:

"Hemos comido y bebido con Él después de su resurrección de entre los muertos” (Hechos

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: «Vosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él. Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en la tierra de los judíos y en Jerusalén. A este lo mataron, colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y le concedió la gracia de manifestarse, no a todo el pueblo, sino a los testigos designados por Dios: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección de entre los muertos. Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha constituido juez de vivos y muertos. De él dan testimonio todos los profetas: que todos los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados».

Palabra de Dios.

 

SALMO:

"Este es el día que hizo el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo” (Salmo 117)

R.  Este es el día que hizo el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo.

V.  Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia. /R. 

V.  «La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es excelsa». No he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor. /R. 

V.  La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente. /R. 

 

SEGUNDA LECTURA:

"Buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo” (1 Colosenses 3, 1-4)

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses.

Hermanos:

Si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.

Porque habéis muerto; y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida vuestra, entonces también vosotros apareceréis gloriosos, juntamente con él.

Palabra de Dios.

Secuencia


Ofrezcan los cristianos

ofrendas de alabanza

a gloria de la Víctima

propicia de la Pascua.

 

Cordero sin pecado

que a las ovejas salva,

a Dios y a los culpables

unió con nueva alianza.

 

Lucharon vida y muerte

en singular batalla,

y, muerto el que es la Vida,

triunfante se levanta.

 

«¿Qué has visto de camino,

María, en la mañana?»

«A mi Señor glorioso,

la tumba abandonada,

 

los ángeles testigos,

sudarios y mortaja.

¡Resucitó de veras

mi amor y mi esperanza!

 

Venid a Galilea,

allí el Señor aguarda;

allí veréis los suyos

la gloria de la Pascua».

 

Primicia de los muertos,

sabemos por tu gracia

que estás resucitado;

la muerte en ti no manda.

 

Rey vencedor, apiádate

de la miseria humana

y da a tus fieles parte

en tu victoria santa.


R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

V.  Ha sido inmolada nuestra víctima pascual: Cristo. Así, pues, celebremos la Pascua en el Señor.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO:

Evangelio (opcional de la Vigilia pascual)

Ha resucitado y va por delante de vosotros a Galilea (Mt 28, 1-10)

+  Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

Pasado el sábado, al alborear el primer día de la semana, fueron María la Magdalena y la otra María a ver el sepulcro. Y de pronto tembló fuertemente la tierra, pues un ángel del Señor, bajando del cielo y acercándose, corrió la piedra y se sentó encima. Su aspecto era de relámpago y su vestido blanco como la nieve; los centinelas temblaron de miedo y quedaron como muertos. El ángel habló a las mujeres: «Vosotras no temáis, ya sé que buscáis a Jesús el crucificado. No está aquí: ¡ha resucitado!, como había dicho. Venid a ver el sitio donde yacía e id aprisa a decir a sus discípulos: “Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis”. Mirad, os lo he anunciado». Ellas se marcharon a toda prisa del sepulcro; llenas de miedo y de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos. De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «Alegraos». Ellas se acercaron, le abrazaron los pies y se postraron ante él. Jesús les dijo: «No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán».

Palabra del Señor.

PASIÓN DESBORDADA

VER. -

Hemos querido vivir toda la Cuaresma, y especialmente la Semana Santa, con deseo y pasión, dos emociones muy fuertes y que deberían movernos, sobre todo, en los aspectos más importantes de nuestra vida, porque cuando algo lo deseamos de verdad, o nos apasionamos por ello, no nos duele tiempo y esfuerzo para alcanzarlo. Durante este tiempo hemos reflexionado en diferentes aspectos del deseo y la pasión en nuestra vida: a veces surgen repentinamente, otras veces van creciendo progresivamente, sufren altibajos, frustraciones, incluso pueden morir… Y, en ocasiones, el deseo y la pasión se manifiestan de forma desbordante: lo vemos, por ejemplo, cuando un equipo de fútbol consigue un título importante; o, en Valencia, cuando una comisión fallera obtiene el primer premio. Eso que se ha deseado tanto por fin se ha hecho realidad, y la pasión se desborda de forma incontenible, hay una explosión de alegría, la gente se echa a la calle, hay risas, abrazos, besos, los coches hacen sonar sus bocinas, se tiran tracas…

 

JUZGAR. –

El Viernes Santo veíamos que a todos nos podía ocurrir lo mismo que a Pedro: por múltiples razones y circunstancias, corremos el peligro de que nuestra pasión por Jesús muera y acabemos hasta negando conocerle. Pero, contemplando a Jesús muerto, también recordábamos que la Cruz es la mayor manifestación del amor apasionado de Jesús, el Hijo de Dios, por nosotros. Y, como dice el Cantar de los Cantares, “es fuerte el amor como la muerte… las aguas caudalosas no podrán apagar el amor, ni anegarlo los ríos” (8, 6-7). Esta noche/hoy celebramos que esa esperanza se ha hecho realidad.

La Palabra de Dios que hemos escuchado nos ha ido recordando que Dios ama apasionadamente al ser humano, y desea intensamente nuestra salvación. La Creación no tiene otra razón que el amor de Dios hacia el ser humano, su obra cumbre, el único ser creado a su imagen y semejanza. Y cómo Dios, por puro amor, se ha comprometido con nosotros para liberarnos de las esclavitudes en las que caemos por usar mal nuestra libertad. Dios nos ama apasionadamente, como un Esposo, y ese amor permanece fiel incluso cuando nosotros le somos infieles, tendiéndonos siempre la mano para que, libremente, podamos volver a Él. Y su amor apasionado le llevó a venir a nosotros en su Hijo hecho hombre, que nos amó hasta el extremo de la Cruz, para que “andemos en una vida nueva”.

Desde el Viernes Santo hemos permanecido a la espera, en oración, hasta que sonara el gran anuncio que hemos escuchado en el Evangelio de la Vigilia: “¡Ha resucitado!, como había dicho”. Lo que hemos deseado apasionadamente durante este tiempo es ya una realidad, y hoy se nos invita a dejar que esa pasión se desborde, como hicieron María Magdalena y la otra María: “id a prisa a decir a sus discípulos: «Ha resucitado de entre los muertos». Ellas, llenas de miedo y alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos”.

Hoy nuestra pasión por Jesús se desborda porque, como estuvimos celebrando en el Jubileo de la esperanza, «Jesús muerto y resucitado es el centro de nuestra fe. Cristo murió, fue sepultado, resucitó, se apareció. Por nosotros atravesó el drama de la muerte. El amor del Padre lo resucitó con la fuerza del Espíritu. La esperanza cristiana consiste precisamente en esto: ante la muerte, donde parece que todo acaba, se recibe la certeza de que, gracias a Cristo, a su gracia, que nos ha sido comunicada en el Bautismo, ‘la vida no termina, sino que se transforma’ para siempre». (20)

Hoy nuestra pasión por Jesús se desborda porque “cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús fuimos bautizados en su muerte, y si hemos sido incorporados a Él en una muerte como la suya, lo seremos también en una resurrección como la suya y creemos que también viviremos con Él” (Epístola). Podemos iniciar una nueva etapa en nuestra vida, porque «en el Bautismo recibimos el don de una vida nueva, que derriba el muro de la muerte, haciendo de ella un pasaje hacia la eternidad».

ACTUAR. –

Si, cuando gana nuestro equipo o nuestra comisión fallera, nuestra pasión se desborda, cuánto más deberíamos hacerlo si lo que ha ganado es la Vida frente a la muerte, la esperanza frente al vacío y sinsentido. La Resurrección de Jesús ha de encender o reavivar nuestro deseo de seguir siendo ‘Peregrinos de esperanza’, nos debe impulsar a redescubrir nuestra vocación bautismal y a ponerla en práctica de forma apasionada, andando “en una vida nueva”, buscando “los bienes de allá arriba, donde está Cristo”, siendo “levadura en la masa”, para que, con nuestras palabras y obras, siga resonando en el mundo el anuncio de nuestra salvación: “Jesús, el crucificado, ¡ha resucitado!”.




DOMINGO V DE PASCUA - CICLO A