sábado, 6 de junio de 2026

SANTISIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO - CICLO A

SANTISIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO - CICLO A

CORPUS CHRISTI

Domingo 7 de junio de 2026

 PRIMERA LECTURA:

"Te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres” (Deuteronomio 8, 2-3.14b-16a)

Lectura del libro del Deuteronomio.

Moisés habló al pueblo diciendo: «Recuerda todo el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto, para afligirte, para probarte y conocer lo que hay en tu corazón: si observas sus preceptos o no. Él te afligió, haciéndote pasar hambre, y después te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres, para hacerte reconocer que no solo de pan vive el hombre, sino que vive de todo cuanto sale de la boca de Dios. No olvides al Señor, tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de esclavitud, que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, con serpientes abrasadoras y alacranes, un sequedal sin una gota de agua, que sacó agua para ti de una roca de pedernal; que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres».

Palabra de Dios.

 

SALMO:

"¡Glorifica al Señor, Jerusalén” (Salmo 147)

R.  Glorifica al Señor, Jerusalén.

V.  Glorifica al Señor, Jerusalén; alaba a tu Dios, Sion. Que ha reforzado los cerrojos de tus puertas, y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. /R. 

V.  Ha puesto paz en tus fronteras, te sacia con flor de harina. Él envía su mensaje a la tierra, y su palabra corre veloz.  /R.

V.  Anuncia su palabra a Jacob, sus decretos y mandatos a Israel; con ninguna nación obró así, ni les dio a conocer sus mandatos. /R. 

 

SEGUNDA LECTURA:

"El pan es uno; nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo” (1 Corintios 10, 16-17)

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Corintios.

Hermanos: El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión de la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión del cuerpo de Cristo? Porque el pan es uno, nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo, pues todos comemos del mismo pan.

Palabra de Dios.

 SECUENCIA

Alaba, alma mía, a tu Salvador;

alaba a tu guía y pastor

con himnos y cánticos.

 

Pregona su gloria cuanto puedas,

porque él está sobre toda alabanza,

y jamás podrás alabarle lo bastante.

 

El tema especial de nuestros loores

es hoy el pan vivo

y que da vida.

 

El cual se dio en la mesa de la sagrada cena

al grupo de los doce apóstoles

sin género de duda.

 

Sea, pues, llena, sea sonora,

sea alegre, sea pura

la alabanza de nuestra alma.

 

Pues celebramos el solemne día

en que fue instituido

este divino banquete.

 

En esta mesa del nuevo rey,

la pascua nueva de la nueva ley

pone fin a la pascua antigua.

 

Lo viejo cede ante lo nuevo,

la sombra ante la realidad,

y la luz ahuyenta la noche.

 

Lo que Jesucristo hizo en la cena,

mandó que se haga

en memoria suya.

 

Instruidos con sus santos mandatos,

consagramos el pan y el vino,

en sacrificio de salvación.

 

Es dogma que se da a los cristianos,

que el pan se convierte en carne,

y el vino en sangre.

 

Lo que no comprendes y no ves,

una fe viva lo atestigua,

fuera de todo el orden de la naturaleza.

 

Bajo diversas especies,

que son accidentes y no sustancia,

están ocultos los dones más preciados.

 

Su Carne es alimento y su Sangre bebida;

más Cristo está todo entero

bajo cada especie.

 

Quien lo recibe no lo rompe,

no lo quebranta ni lo desmembra;

recíbese todo entero.

 

Recíbelo uno, recíbenlo mil;

y aquel lo toma tanto como estos,

pues no se consume al ser tomado.

 

Recíbenlo buenos y malos;

más con suerte desigual

de vida o de muerte.

 

Es muerte para los malos,

y vida para los buenos;

mira cómo un mismo alimento

produce efectos tan diversos.

 

Cuando se divida el Sacramento,

no vaciles, sino recuerda

que Jesucristo tan entero

está en cada parte como antes en el todo.

 

No se parte la sustancia,

se rompe solo la señal;

ni el ser ni el tamaño

se reducen de Cristo presente.

 

He aquí el pan de los ángeles,

hecho viático nuestro;

verdadero pan de los hijos,

no lo echemos a los perros.

 

Figuras lo representaron:

Isaac fue sacrificado;

el cordero pascual, inmolado;

el maná nutrió a nuestros padres.

 

Buen Pastor, Pan verdadero,

¡oh, Jesús!, ten piedad.

Apaciéntanos y protégenos;

haz que veamos los bienes

en la tierra de los vivientes.

 

Tú, que todo lo sabes y puedes,

que nos apacientas aquí siendo aún mortales,

haznos allí tus comensales,

coherederos y compañeros

de los santos ciudadanos.

 

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

V.  Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo —dice el Señor—; el que coma de este pan vivirá para siempre.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

 

EVANGELIO:

"Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida” (Juan 6, 51-58)

«Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente; y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo». Los judíos discutían entre ellos: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?». Jesús les dijo: «Os aseguro que si no coméis la carne del hijo del hombre y no bebéis su sangre no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre vive en mí y yo en él. Como el Padre que me ha enviado vive y yo vivo por el Padre, así el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo; no como el que comieron los padres, y murieron. El que come este pan vivirá eternamente».

 DE LA COMUNIÓN A LA COMUNIÓN

VER. –

Durante los domingos de mayo, y hasta la Solemnidad de Corpus Christi, muchos niños reciben la Primera Comunión, que en la mayoría de los casos es también la última, aunque no vamos a profundizar en este aspecto, sino en el significado de la palabra ‘Comunión’. El sentido inmediato que damos los cristianos es la Eucaristía, pero ‘comunión’ también significa el trato familiar, entendimiento y cercanía con otras personas. Por eso, para nosotros, ‘comunión’ también se refiere a la unión que debemos tener y vivir con Dios y con el resto de miembros de la Iglesia.

 

JUZGAR. –

n uno de los temas de la reflexión que se está realizando en la Diócesis de Valencia sobre unas futuras orientaciones pastorales, se indica que «una experiencia muy corriente al echar un vistazo a la estructura diocesana es la gran diversidad de grupos, movimientos, asociaciones, Delegaciones, organismos… Todos forman la Iglesia pero lo que se percibe desde fuera es que, en la práctica, cada uno tiene su propia dinámica, su programación y calendario, funcionando en paralelo a los demás. Esto se repite muchas veces también a nivel parroquial: es frecuente que apenas se conozcan los integrantes de unos y otros grupos». (Tema 4) Y esto lo podemos comprobar en muchas de las celebraciones de nuestras parroquias: vemos a personas que se ‘juntan’ y reciben habitualmente la Comunión y se sienten unidas a Dios, pero individualmente; no se sienten en comunión con los demás miembros de la Iglesia.

Hoy estamos celebrando la Solemnidad de Corpus Christi. Como hemos escuchado en la Palabra de Dios, podemos decir que es la Solemnidad de la Comunión, en un doble sentido: por una parte, la Comunión como Sacramento de la Eucaristía, del Cuerpo y la Sangre de Cristo, del Misterio de su presencia real: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida”.

Y, por otra parte, esta presencia real es también un Misterio de ‘comunión’, de la unión que debemos tener y vivir con Dios. “El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí”. La Eucaristía, nos hace entrar en comunión íntima con Jesús y, por Él, con la fuerza del Espíritu Santo, también entramos en comunión íntima con el Padre. Pero la comunión no acaba ahí.

La comunión con Dios nos ha de llevar necesariamente a la comunión con los demás miembros de la Iglesia, con aquéllos por quienes el Hijo, acogiendo por amor la voluntad del Padre, entregó su Cuerpo y su Sangre, porque al recibir a Cristo en la Comunión sacramental aprendemos a verlos como Él, como hermanos nuestros, y debemos aprender a sentirnos unidos a ellos.

Y la celebración de la Eucaristía, participada y vivida de forma consciente y activa, nos enseña y ayuda a pasar de la Comunión a la comunión. Si lo pensamos, quienes nos reunimos compartimos la fe en Cristo Resucitado; Dios nos dirige a todos la misma Palabra; todos nos dirigimos a Dios como ‘Padre nuestro’ e intercambiamos un gesto de paz entre nosotros; y todos recibimos el mismo Cuerpo y Sangre de Cristo. Cuando celebramos la Eucaristía deberíamos plantearnos las preguntas que hemos escuchado en la 2ª lectura: “El cáliz de bendición que bendecimos, ¿no es comunión de la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión del cuerpo de Cristo?” Y sacar la misma conclusión que san Pablo: “Porque el pan es uno, nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo, pues todos comemos del mismo pan”. La celebración de la Eucaristía nos ayuda a pasar de la Comunión a la comunión porque, por mi Comunión con Dios, estoy también en comunión con los demás miembros de la Iglesia, con los que, por Cristo, con Él y en Él, formo un solo cuerpo.

ACTUAR. –

¿He tenido o tengo experiencia de vivir una relación de comunión con alguien? ¿Qué características tenía, qué sentimientos provocaba en mí? ¿Me siento realmente en comunión con Dios? ¿Y con los demás miembros de la Iglesia, empezando por los de mi comunidad parroquial? ¿Participo en la Eucaristía sabiéndome unido a quienes están conmigo, o lo hago de forma individualista?

Hoy damos gracias a Dios por este Misterio de Comunión que es la Eucaristía. Y le pedimos que este Misterio lo hagamos visible y verificable en el cuerpo que es la Iglesia: que la Comunión de cada uno con Cristo nos lleve a todos a vivir la verdadera comunión entre nosotros. 





viernes, 22 de mayo de 2026

DOMINGO DE PENTECOSTÉS - CICLO A

DOMINGO DE PENTECOSTÉS - CICLO A

Domingo 24 de mayo de 2026

 

PRIMERA LECTURA:

"Se llenaron todos del Espíritu Santo y empezaron a hablar” (Hechos 2,1-11)

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.

Al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba fuertemente, y llenó toda la casa donde se encontraban sentados. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de cada uno de ellos. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse. Residían entonces en Jerusalén judíos devotos venidos de todos los pueblos que hay bajo el cielo. Al oírse este ruido, acudió la multitud y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Estaban todos estupefactos y admirados, diciendo: «¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay partos, medos, elamitas y habitantes de Mesopotamia, de Judea y Capadocia, del Ponto y Asia, de Frigia y Panfilia, de Egipto y de la zona de Libia que limita con Cirene; hay ciudadanos romanos forasteros, tanto judíos como prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las grandezas de Dios en nuestra propia lengua».

Palabra de Dios.

 

SALMO:

"Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra” (Salmo 103)

R.  Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

 

V.  Bendice, alma mía, al Señor: ¡Dios mío, qué grande eres! Cuántas son tus obras, Señor; la tierra está llena de tus criaturas. /R. 

V.  Les retiras el aliento, y expiran y vuelven a ser polvo; envías tu espíritu, y los creas, y repueblas la faz de la tierra. /R. 

V.  Gloria a Dios para siempre, goce el Señor con sus obras; que le sea agradable mi poema, y yo me alegraré con el Señor. /R. 

 

SEGUNDA LECTURA:

"Hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo” (1 Corintios 12, 3b-7.12-13)

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios.

Hermanos: Nadie puede decir: «Jesús es Señor», sino por el Espíritu Santo. Y hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. Pero a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para el bien común. Pues, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo. Pues todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.

Palabra de Dios.

 

SECUENCIA. -


Ven, Espíritu divino,

manda tu luz desde el cielo.

Padre amoroso del pobre;

don, en tus dones espléndido;

luz que penetra las almas;

fuente del mayor consuelo.


Ven, dulce huésped del alma,

descanso de nuestro esfuerzo,

tregua en el duro trabajo,

brisa en las horas de fuego,

gozo que enjuga las lágrimas

y reconforta en los duelos.


Entra hasta el fondo del alma,

divina luz, y enriquécenos.

Mira el vacío del hombre,

si tú le faltas por dentro;

mira el poder del pecado,

cuando no envías tu aliento.

 

Riega la tierra en sequía,

sana el corazón enfermo,

lava las manchas, infunde

calor de vida en el hielo,

doma el espíritu indómito,

guía al que tuerce el sendero.

 

Reparte tus siete dones,

según la fe de tus siervos;

por tu bondad y tu gracia,

dale al esfuerzo su mérito;

salva al que busca salvarse

y danos tu gozo eterno.

 

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

V.  Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos la llama de tu amor.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

 

EVANGELIO:

"Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo; recibid el Espíritu Santo” (Juan 20, 19-23)

En la tarde de aquel día, el primero de la semana, y estando los discípulos con las puertas cerradas por miedo a los judíos, llegó Jesús, se puso en medio y les dijo: «¡La paz esté con vosotros!». Y les enseñó las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Él repitió: «¡La paz esté con vosotros! Como el Padre me envió a mí, así os envío yo a vosotros». Después sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les serán perdonados; a quienes se los retengáis, les serán retenidos».

 

PUEBLO DE DIOS QUE SALE AL ENCUENTRO

VER. –

Normalmente estamos ocupados en atender las cosas de cada día, con su carga de trabajo, quebraderos de cabeza… Y, sin darnos cuenta, va pasando el tiempo: días, semanas, meses, años… pero llega un momento en que nos preguntamos: ‘Y todo eso, ¿para qué?’ Es una pregunta que muchas veces no nos hacemos, pero que es muy importante: es la pregunta por la finalidad, el objetivo de lo que hacemos cada día y que tanto nos absorbe. Y, si no encontramos una respuesta válida, todo eso acaba convirtiéndose en una rutina sin sentido que no nos lleva a ninguna parte

JUZGAR. –

Hoy estamos celebrando la Solemnidad de Pentecostés, con la que termina el tiempo de Pascua. Durante muchas semanas hemos celebrado la Cuaresma, la Semana Santa y la Cincuentena Pascual; y hoy se nos invita a preguntamos: ‘Y todo eso, ¿para qué?’. Y hemos de encontrar una respuesta válida, de lo contrario, todo este tiempo habrá sido sólo ‘una rutina’, algo que hacemos todos los años, pero que no nos ha llevado a ninguna parte, que no nos ha aportado nada.

La Palabra de Dios que hemos escuchado nos ilumina para encontrar la respuesta sobre el sentido y la finalidad del tiempo Pascual. Hoy podemos echar una mirada atrás para tomar conciencia del camino recorrido y de los diferentes aspectos de la vida cristiana que han aparecido a la luz de la Palabra y de la reflexión que estamos realizando en Valencia sobre las futuras orientaciones pastorales diocesanas.

En el Evangelio, lo primero que Jesús ha dicho a los discípulos es: “Paz a vosotros”. Uno de los fines del tiempo Pascual es alcanzar la paz interior que nos da el encuentro con el Señor Resucitado: ¿He encontrado esa paz, aunque esté inmerso en las dificultades y problemas cotidianos?

Y a continuación Jesús ha dicho: “Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”. La paz que el Señor nos da no es para ‘estar bien’ nosotros, y quedarnos en una especie de burbuja, sino para que podamos llevar adelante la misión evangelizadora a la que Él nos envía. Como indica el lema de esta Jornada de Pentecostés, somos “PUEBLO DE DIOS QUE SALE AL ENCUENTRO”. Somos «una comunidad de discípulos misioneros, una comunidad donde cada bautizado es consciente y asume activamente su corresponsabilidad en la misión de la Iglesia. Esta conciencia nace de la certeza de que el mandato misionero no es una tarea reservada a ‘especialistas’, sino que pertenece a la naturaleza misma de la vida cristiana». (Tema 5) ¿Me siento enviado por el Señor, como discípulo misionero suyo, o no quiero implicarme en la misión? ¿Voy al encuentro de otros?

“Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo…” «La misión de la Iglesia no es obra suya, sino del Espíritu Santo. Sin el impulso y la fuerza del Espíritu Santo, es imposible consagrarse totalmente a la obra del Evangelio. Es como el ‘Maestro interior’ que forma a los discípulos, les recuerda las palabras de Cristo y los impulsa a anunciar la Buena Nueva a los pobres, sanar a los enfermos y liberar a los cautivos». (Tema 8) ¿Tengo presente al Espíritu Santo en mi oración? Si no he recibido la Confirmación, ¿me propongo recibirla, para madurar como cristiano?

Decía la 1ª lectura: “Al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar”. Y en la 2ª: “Hemos sido bautizados en un mismo Espíritu para formar un solo cuerpo”. No somos cristianos ‘por libre’, el Señor quiso que fuéramos ‘Iglesia’, comunidad, y la misión la desarrollamos unidos: «La sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia en este tercer milenio. No es una moda ni un método organizativo. Significa caminar juntos como Pueblo de Dios, escuchando la voz del Espíritu, discerniendo en comunidad y participando todos en la misión evangelizadora». (Tema 4) ¿Me siento unido al resto de miembros de la Iglesia, estoy abierto al diálogo, o me encierro en mi parroquia, grupo, movimiento…? ¿Participo en iniciativas de la Diócesis?

“Hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu”. «La llamada universal se concreta en caminos diferentes. No todas las vocaciones son iguales, pero todas participan de la misma fuente. El bautismo es el fundamento de la vida cristiana. De esta común y primera vocación recibida en el Bautismo surgen las demás vocaciones» (Tema 8). ¿Soy consciente de mi vocación bautismal? ¿He descubierto mi vocación concreta como miembro de la Iglesia?

 

ACTUAR. -

El Señor nos ha concedido celebrar la Pascua. Pero Pentecostés no es un punto final sino que, por la fuerza del Espíritu Santo, es el punto de partida para que seamos “PUEBLO DE DIOS QUE SALE AL ENCUENTRO”. Como discípulos misioneros, cada uno según su vocación pero en sinodalidad, sintámonos enviados por el Señor a anunciar el Evangelio de modo que quienes reciban nuestro testimonio también puedan decir: “cada uno los oímos hablar de las grandezas de Dios en nuestra propia lengua”.  




viernes, 15 de mayo de 2026

DOMINGO VII DE PASCUA. ASCENSIÓN DEL SEÑOR - CICLO A

DOMINGO VII DE PASCUA. ASCENSIÓN DEL SEÑOR - CICLO A

Domingo 17 de mayo de 2026

 

PRIMERA LECTURA:

"A la vista de ellos, fue elevado al cielo” (Hechos 1,1-11)

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.

En mi primer libro, Teófilo, escribí de todo lo que Jesús hizo y enseñó desde el comienzo hasta el día en que fue llevado al cielo, después de haber dado instrucciones a los apóstoles que había escogido, movido por el Espíritu Santo. Se les presentó él mismo después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles del reino de Dios. Una vez que comían juntos, les ordenó que no se alejaran de Jerusalén, sino: «aguardad que se cumpla la promesa del Padre, de la que me habéis oído hablar, porque Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo dentro de no muchos días». Los que se habían reunido, le preguntaron, diciendo: «Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino a Israel?». Les dijo: «No os toca a vosotros conocer los tiempos o momentos que el Padre ha establecido con su propia autoridad; en cambio, recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría y “hasta el confín de la tierra”». Dicho esto, a la vista de ellos, fue elevado al cielo, hasta que una nube se lo quitó de la vista. Cuando miraban fijos al cielo, mientras él se iba marchando, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: «Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que ha sido tomado de entre vosotros y llevado al cielo, volverá como lo habéis visto marcharse al cielo».

Palabra de Dios.

 

SALMO:

"Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas” (Salmo 46)

R.  Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas.

V.  Pueblos todos, batid palmas, aclamad a Dios con gritos de júbilo; porque el Señor altísimo es terrible, emperador de toda la tierra. /R. 

V.  Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas: tocad para Dios, tocad; tocad para nuestro Rey, tocad. /R. 

V.  Porque Dios es el rey del mundo: tocad con maestría. Dios reina sobre las naciones, Dios se sienta en su trono sagrado. /R. 

 

SEGUNDA LECTURA:

"Lo sentó a su derecha en el cielo” (Efesios 1, 17-23)

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios.

Hermanos: El Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo, e ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder en favor de nosotros, los creyentes, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, poder, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no solo en este mundo, sino en el futuro. Y «todo lo puso bajo sus pies», y lo dio a la Iglesia, como Cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que llena todo en todos.

Palabra de Dios.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

V.  Id y haced discípulos a todos los pueblos —dice el Señor—; yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

 

EVANGELIO:

"Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra” (Mateo 28, 16-20)

Los once discípulos fueron a Galilea, al monte que Jesús había señalado, y, al verlo, lo adoraron. Algunos habían dudado hasta entonces. Jesús se acercó y les dijo: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos míos en todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo».

DESPEDIDA DE JESÚS

VER. -

En la literatura y el cine abundan los finales en los cuales hay una despedida: por ejemplo, la saga de ‘El Señor de los Anillos’, ‘Casablanca’ o ‘E.T. el extraterrestre’. En estas despedidas se entremezclan, por una parte, la tristeza por la separación, pero también la alegría porque se sabe que esa despedida es necesaria y, aunque duela, es lo mejor: Frodo (‘El Señor de los Anillos’), si no se va, no curará de la herida interior que le ha provocado ser portador del Anillo; Ilsa (‘Casablanca’), si no se va, será atrapada por los nazis; y E. T., si no se va, será atrapado para hacer investigaciones con él. Quienes se quedan, lloran, pero saben que esos a quienes aman deben marcharse. Y seguramente los adultos hemos vivido más de una separación de este tipo, con tristeza y alegría a la vez.

JUZGAR. –

Hoy estamos celebrando la Ascensión del Señor, que es su despedida. Como hemos escuchado en la 1ª lectura: “Jesús… después de haber dado instrucciones a los apóstoles… fue elevado al cielo, hasta que una nube se lo quitó de la vista”. Como en toda despedida, hay un elemento de tristeza: “Miraban fijos al cielo, mientras Él se iba marchando…” No nos extraña que se queden “plantados mirando al cielo”, como señalan los “dos hombres vestidos de blanco” que se presentaron. A nosotros, en su situación, nos hubiera pasado lo mismo.

Pero también hay un elemento de alegría, como ha dicho Jesús en el Evangelio: “Sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos”. Pero esto no es una frase hecha, del estilo de las que solemos decir nosotros: ‘Viviré en tu corazón y en tus pensamientos’. Es una promesa real que Jesús va a cumplir: “Vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo dentro de no muchos días”. El Espíritu Santo que el Padre y el Hijo nos envían es quien asegura esa presencia constante de Jesús con nosotros

Y por eso, a diferencia de esas despedidas que hemos visto en esos libros y películas, en la despedida de Jesús brilla la esperanza, porque el reencuentro está asegurado. Así lo hemos escuchado en la 1ª lectura: “El mismo Jesús, que ha sido tomado de entre vosotros y llevado al cielo, volverá como lo habéis visto marcharse al cielo”. Y, como diremos después en el Prefacio: «No se ha ido para desentenderse de nuestra pobreza, sino que nos precede el primero como cabeza nuestra, para que nosotros, miembros de su Cuerpo, vivamos con la ardiente esperanza de seguirlo en su Reino». Es bueno que Jesús se vaya porque, como tantas veces hemos dicho durante la celebración del Jubileo, «nosotros tenemos la certeza de que la historia de la humanidad y la de cada uno de nosotros no se dirigen hacia un punto ciego o un abismo oscuro, sino que se orientan al encuentro con el Señor de la gloria». (Bula, 19)

Por eso, la celebración de la Ascensión del Señor, de su despedida, no es para quedarnos “plantados mirando al cielo”, sino que, por esa promesa de su presencia constante y por esa esperanza en el reencuentro definitivo, hemos de acoger su llamada: “Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado”. Todos los que hemos sido bautizados con Espíritu Santo somos discípulos misioneros, como dijimos el domingo pasado. Dios cuenta con todos nosotros porque, como nos recuerda el temario de reflexión sobre las futuras orientaciones pastorales diocesanas: «Hace unos años la religión se transmitía en la familia, la escuela y el barrio. Actualmente vivimos en una sociedad en la que la religión es considerada una elección más de los individuos, en aras de conseguir lo que todos buscamos: una vida feliz. Es por ello por lo que los católicos hemos de dar un testimonio alegre de nuestra fe. En primer lugar, en nuestra familia, lugar en el que nace la fe. En segundo lugar, hemos de dar testimonio en el trabajo, para que nuestra vida profesional se torne en una oportunidad de evangelizar. Finalmente, hemos de dar el primer anuncio en aquellos espacios y encuentros informales: en un café, en momentos cotidianos, cuando vamos paseando o cuando nos comunicamos a través de medios digitales». (Tema 5)

ACTUAR. –

¿He vivido alguna despedida con esa mezcla de tristeza y alegría? ¿Qué significa para mi vida cotidiana la Ascensión del Señor? ¿La esperanza en el reencuentro con Él me ayuda en el presente?

El tiempo de Pascua está llegando a su fin, pero nosotros debemos vivir la Pascua todo el año. Por eso, hagamos nuestra la petición de la 2ª lectura: “Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo, e ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder en favor de nosotros”. Así, sabiendo que está con nosotros por su Espíritu, viviremos como discípulos y apóstoles enseñando a guardar lo que Él nos ha enseñado, «con la ardiente esperanza de seguirlo en su Reino».  



sábado, 9 de mayo de 2026

DOMINGO VI DE PASCUA - CICLO A

DOMINGO VI DE PASCUA - CICLO A

Domingo 10 de mayo de 2026

 

PRIMERA LECTURA:

"Les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo” (Hechos 8, 5-8.14-17)

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.

En aquellos días, Felipe bajó a la ciudad de Samaría y les predicaba a Cristo. El gentío unánimemente escuchaba con atención lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría. Cuando los apóstoles, que estaban en Jerusalén, se enteraron de que Samaría había recibido la palabra de Dios, enviaron a Pedro y a Juan; ellos bajaron hasta allí y oraron por ellos, para que recibieran el Espíritu Santo; pues aún no había bajado sobre ninguno; estaban solo bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo.

Palabra de Dios.

 SALMO:

"Aclamad al Señor, tierra entera” (Salmo 65)

R.  Aclamad al Señor, tierra entera.

V.  Aclamad al Señor, tierra entera; tocad en honor de su nombre, cantad himnos a su gloria. Decid a Dios: «¡Qué temibles son tus obras!». /R. 

V.  Que se postre ante ti la tierra entera, que toquen en tu honor, que toquen para tu nombre. Venid a ver las obras de Dios, sus temibles proezas en favor de los hombres. /R. 

 

V.  Transformó el mar en tierra firme, a pie atravesaron el río. Alegrémonos en él. Con su poder gobierna eternamente. /R. 

V.  Los que teméis a Dios, venid a escuchar, os contaré lo que ha hecho conmigo. Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica ni me retiró su favor. /R. 

 SEGUNDA LECTURA:

"Muerto en la carne pero vivificado en el Espíritu” (1 Pedro 3, 15-18)

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro.

Queridos hermanos:

Glorificad a Cristo el Señor en vuestros corazones, dispuestos siempre para dar explicación a todo el que os pida una razón de vuestra esperanza, pero con delicadeza y con respeto, teniendo buena conciencia, para que, cuando os calumnien, queden en ridículo los que atentan contra vuestra buena conducta en Cristo. Pues es mejor sufrir haciendo el bien, si así lo quiere Dios, que sufrir haciendo el mal. Porque también Cristo sufrió su pasión, de una vez para siempre, por los pecados, el justo por los injustos, para conduciros a Dios. Muerto en la carne pero vivificado en el Espíritu.

Palabra de Dios.


R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

V.  El que me ama guardará mi palabra —dice el Señor—, y mi Padre lo amará, y vendremos a él.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO:

"Le pediré al Padre que os dé otro Paráclito” (Juan 14, 15-21)

+  Lectura del santo Evangelio según san Juan.

 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros. No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él».

Palabra del Señor.

DISCÍPULOS MISIONEROS

VER. -

Ante una convocatoria diocesana, una de las responsables comentaba: ‘Cuánto cuesta que la gente se mueva y participe en estas iniciativas. No lo ven como algo necesario’. Y esto mismo ocurre también a nivel parroquial: se hacen propuestas, convocatorias, invitaciones a participar en algún área pastoral, y la respuesta es mínima, el conjunto de la feligresía se limita al cumplimiento dominical y asistir a los ‘sacramentos sociales’ (bodas, bautizos, comuniones). Las llamadas a asumir un compromiso evangelizador tampoco se ven como algo que les afecta directamente, y que además es necesario.

JUZGAR. -

En la Diócesis de Valencia estamos llevando a cabo un proceso de reflexión y sensibilización de cara a la elaboración de unas futuras orientaciones pastorales. El material que se ha editado lleva por título ‘Dad el fruto que pide la conversión: comunión, participación y misión’, y en el Tema 5, ‘Primer Anuncio y discipulado’, se nos recuerda que «la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe en Aparecida articuló la identidad del cristiano para nuestro tiempo como una unidad inseparable: discípulo y misionero. No se puede ser discípulo sin ser misionero, ni misionero sin ser discípulo de Jesús».

Esta doble dimensión de la identidad del cristiano, que para muchos suena a algo novedoso, era lo normal y lógico para los primeros cristianos, que vivían un ‘discipulado misionero’, como hemos estado escuchado estos domingos de Pascua en la 1ª lectura. Como discípulos, “perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la fracción del pan y en las oraciones” (Hch 2, 42); como apóstoles, anunciaban que “a Jesús el Nazareno… Dios lo ha resucitado y de ello somos testigos nosotros” (2, 32); y ante la pregunta de la gente: “¿Qué tenemos que hacer, hermanos?” ellos proponían: “Convertíos y sea bautizado cada uno de vosotros” (2, 37-38)

Era un discipulado misionero que desarrollaban también en medio de las dificultades. Hoy en la 1ª lectura hemos escuchado que “Felipe bajó a la ciudad de Samaría y les predicaba a Cristo”. Felipe, uno de los siete diáconos (1ª lectura del domingo pasado), tuvo que huir de Jerusalén debido a la persecución desencadenada tras la ejecución de Esteban, pero esto no le frenó ni le hizo ocultarse, sino que siguió siendo discípulo misionero, porque «el discípulo es aquel que, habiendo encontrado a Jesús, se sienta a sus pies para aprender de Él, para conformar su vida con la de Él. El misionero es aquél que, impulsado por el amor y la alegría de ese encuentro, no puede contener el deseo de comunicarlo a otros».

Y no pensemos que Felipe tenía unas capacidades especiales; lo que a él le movía es lo mismo que debería impulsarnos a nosotros para ser discípulos misioneros: la fuerza del Espíritu Santo, el mismo Espíritu que movió a Felipe y que hemos recibido en el Bautismo y en la Confirmación y que, como ha dicho Jesús en el Evangelio, “mora con vosotros y está en vosotros”.

Este domingo de Pascua nos hace una llamada a redescubrir y renovar lo que es y significa haber recibido el Bautismo y la Confirmación: «Los sacramentos son los cauces ordinarios a través de los cuales la gracia de Dios fluye en la vida del creyente, configurándose como discípulo y capacitándose para la misión. No son actos de piedad privados, sino celebraciones eclesiales que insertan al cristiano en el misterio pascual de Cristo y lo envían al mundo como testigo. Cada sacramento, a su modo, es una fuente de vida para la misión.

El Bautismo no sólo nos limpia del pecado original, sino que nos regenera a una vida nueva, nos incorpora a Cristo y a su Iglesia. Ser bautizado es ser enviado. Esta llamada es inherente al sacramento mismo. El sacramento de la Confirmación perfecciona la gracia bautismal. Confiere una fuerza especial del Espíritu Santo para ser “testigos” de Cristo Resucitado, habilitando y comprometiendo al fiel a acoger con fe el Evangelio y a anunciarlo con palabras y obras».

«Esto tiene implicaciones pastorales radicales». Frente a la concepción individualista y acomodada de la fe cristiana, que se limita al cumplimiento y rechaza el compromiso en la misión evangelizadora, «el Bautismo y la Confirmación ‘ordenan’ a todos los fieles para la misión común de la Iglesia».

ACTUAR.

¿Llevo a cabo algún compromiso evangelizador? ¿Participo en las convocatorias y propuestas parroquiales y diocesanas? ¿Comprendo el significado del Bautismo y de la Confirmación?

Si los primeros cristianos hubieran actuado como la gran mayoría de los actuales miembros de la Iglesia, el anuncio del Evangelio no hubiera llegado a nosotros. Ser discípulos misioneros no es algo optativo, es algo que forma parte del ser cristiano, y el mismo Señor nos ha dado su Espíritu Santo para que nos impulse. Tengamos presente nuestro Bautismo, recibamos la Confirmación si no lo hemos hecho, y pongámonos en marcha, como Felipe, para responder a la misión que el Señor nos encomienda.