sábado, 4 de julio de 2026

DOMINGO XIV DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A

DOMINGO XIV DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A

Domingo 5 de julio de 2026

 

PRIMERA LECTURA:

"Mira a tu rey que viene a ti pobre” (Zacarías 9, 9-10)

Lectura de la profecía de Zacarías.

Esto dice el Señor: «¡Salta de gozo, Sion; alégrate, Jerusalén! Mira que viene tu rey, justo y triunfador, pobre y montado en un borrico, en un pollino de asna. Suprimirá los carros de Efraín y los caballos de Jerusalén; romperá el arco guerrero y proclamará la paz a los pueblos. Su dominio irá de mar a mar, desde el Río hasta los extremos del país».

Palabra de Dios.

SALMO:

"Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey” (Salmo 144)

R.  Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.

V.  Te ensalzaré, Dios mío, mi rey; bendeciré tu nombre por siempre jamás. Día tras día, te bendeciré y alabaré tu nombre por siempre jamás. /R. 

V.  El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas. /R. 

V.  Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles. Que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas. /R. 

V.  El Señor es fiel a sus palabras, bondadoso en todas sus acciones. El Señor sostiene a los que van a caer, endereza a los que ya se doblan. /R. 

SEGUNDA LECTURA:

"Si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis” (Romanos 8, 9.11-13)

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos.

Hermanos: Vosotros no estáis en la carne, sino en el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios habita en vosotros; en cambio, si alguien no posee el Espíritu de Cristo no es de Cristo. Y si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús también dará vida a vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros. Así pues, hermanos, somos deudores, pero no de la carne para vivir según la carne. Pues si vivís según la carne, moriréis; pero si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis.

Palabra de Dios.

 

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

V.  Bendito seas, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del reino a los pequeños.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

 

EVANGELIO:

"Soy manso y humilde de corazón” (Mateo 11, 25-30)

En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».”.

CUANDO YA NO PODEMOS MÁS

 

VER. –

Durante el viaje apostólico del Papa León XIV a España, en la vigilia de oración que tuvo en Barcelona, una joven preguntó al Papa: ‘¿Dónde podemos ver a Dios cuando la oscuridad es absoluta y ya no podemos más? ¿Cómo podemos confiar en Dios, cuando parece que nada, ni uno mismo, vale la pena?’ Prácticamente todos podemos hacer nuestras estas preguntas. Y, aunque esta sensación de ‘no poder más’ se puede dar a cualquier edad, es en la vida adulta cuando se da con más frecuencia, porque la acumulación de vivencias dolorosas y negativas es mayor.

 

JUZGAR. -

Por eso, hoy el Señor nos ha dicho en el Evangelio: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré”. Pero, cuando la oscuridad es absoluta y ya no podemos más, estas palabras se quedan en eso, en palabras que no tienen ninguna repercusión sobre nosotros. Por eso, es conveniente recordar lo que el Papa dijo en su respuesta, porque «en las horas de dolor, debemos abrirnos a alguien que nos ayude, que nos acompañe con discreción sin la prisa de explicarnos ese dolor, que nos tome de la mano».

El Papa empezó diciendo que Jesús no habla sin conocimiento de causa. Jesús sabe lo que es vivir esas situaciones de oscuridad, de angustia, de dolor. En Getsemaní «el Hijo de Dios está asumiendo en su propia carne toda la angustia, la soledad y el sufrimiento de la humanidad. En esas horas oscuras, muriendo en la cruz, Jesús comparte nuestro dolor y nos revela el rostro de un Dios compasivo, que carga con nuestras penas, que sufre con nosotros, llora nuestras lágrimas y permanece a nuestro lado con su presencia llena de amor y misericordia».

Recordando el grito de Jesús en la Cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mt 27, 46), el Papa dijo que, «en estos momentos, podemos pensar instintivamente que también Dios nos ha abandonado. Pero la cruz de Jesús nos dice que Dios no nos abandona, que Él sigue crucificado con nosotros en el momento del dolor y de la soledad extrema, que Él recoge no sólo nuestras lágrimas, sino el grito de nuestro sufrimiento que otros no escuchan».

El Papa destaca que el sufrimiento y la oscuridad de Jesús «se vuelve oración y grito, y que eso vale también para nosotros: frente a las situaciones más difíciles y dolorosas, cuando Dios parece ausente, debemos confiarle una vez más las cargas que llevamos en el corazón, incluso gritándole a Él, incluso protestando como Job, seguros de que de algún modo Él se hace presente y está cerca aun cuando aparentemente calla».

Pero no es un grito al vacío: como también dijo el Papa en su homilía del día de Corpus, la Eucaristía es «el don de la presencia viva de Cristo en medio de nosotros. Él, que quiso ofrecernos su vida para hacernos entrar en la comunión del Padre y convertirnos en hijos suyos, está aquí, como Pan vivo bajado del cielo, que nos alimenta con la misma vida de Dios, con un amor más fuerte que la muerte». Y desde su presencia real en la Eucaristía nos dice: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados…”.

Cuando sentimos que ‘ya no podemos más’, tanto la celebración eucarística como la adoración ante el Santísimo son el ‘lugar’ para ir al Señor y ‘gritarle’, porque «se trata de la fe en la presencia del Señor Resucitado, que está vivo y sigue pasando en medio de nosotros, que se hace pan para nuestra hambre de vida y visita los rincones de nuestro corazón y de nuestra historia, también los más oscuros».

Y el Papa León citó también unas catequesis del Benedicto XVI: «en la oración debemos ser capaces de llevar ante Dios nuestros cansancios, el sufrimiento de ciertas situaciones, de ciertas jornadas, el compromiso cotidiano de seguirlo, de ser cristianos, así como el peso del mal que vemos en nosotros y en nuestro entorno, para que Él nos dé esperanza, nos haga sentir su cercanía, nos proporcione un poco de luz en el camino de la vida». (1 febrero 2012)

Sin olvidar lo que Jesús nos ha dicho: “yo os aliviaré”. No nos quita el cansancio y el agobio, sino que nos alivia para llevarlo, porque como también dijo Benedicto XVI: «No quiere decir únicamente aguantar con espíritu sereno aquellos males que no podemos resolver. Quiere decir seguir el camino de Jesús como Él nos enseñó, afrontando los esfuerzos, sufrimientos y renuncias que este seguimiento comporta. Amar, ser generoso, trabajar al servicio de los demás, luchar por la justicia, no es fácil». (1 febrero 2012)

ACTUAR. –

Cuando sintamos con fuerza el cansancio y el agobio, y que ‘ya no podemos más’, recordemos las palabras del Papa León: «volvamos a Él con amor sincero. Abrámonos al encuentro con Él, dejemos que hidrate las sequedades de nuestro corazón». (Homilía Corpus) «Estas noches —que acompañan nuestra vida, el camino de la fe y la historia en la que vivimos— son un lugar de bendición, un espacio para renacer. Nos despojan y nos devuelven a lo esencial; nos dejan al descubierto, en nuestras luces y en nuestras sombras, devolviéndonos a la humildad de sabernos mirar en la verdad. Este ‘espacio vacío’, aun cuando se presenta bajo la forma del sufrimiento o de la insatisfacción, de la desilusión o de la incredulidad, puede ser ocasión para recibir una nueva vida, para cambiar y renovarse». (Vigilia)


 



  

sábado, 27 de junio de 2026

DOMINGO XIII DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A

DOMINGO XIII DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A

Domingo 28 de junio de 2026

 

PRIMERA LECTURA:

"Es hombre santo de Dios; se retirará aquí” (2 Reyes 4, 8-11.14-16a)

Lectura del segundo libro de los Reyes.

Pasó Eliseo un día por Sunén. Vivía allí una mujer principal que le insistió en que se quedase a comer; y, desde entonces, se detenía allí a comer cada vez que pasaba. Ella dijo a su marido: «Estoy segura de que es un hombre santo de Dios el que viene siempre a vernos. Construyamos en la terraza una pequeña habitación y pongámosle arriba una cama, una mesa, una silla y una lámpara, para que cuando venga pueda retirarse». Llegó el día en que Eliseo se acercó por allí y se retiró a la habitación de arriba, donde se acostó. Entonces se preguntó Eliseo: «¿Qué podemos hacer por ella?». Respondió Guejazí, su criado: «Por desgracia no tiene hijos y su marido es ya anciano». Eliseo ordenó que la llamase. La llamó y ella se detuvo a la entrada. Eliseo le dijo: «El año próximo, por esta época, tú estarás abrazando un hijo».

Palabra de Dios.

 

SALMO:

"Cantaré eternamente las misericordias del Señor” (Salmo 88)

Salmo responsorial

R.  Cantaré eternamente las misericordias del Señor.

 

V.  Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré tu fidelidad por todas las edades. Porque dijiste: «La misericordia es un edificio eterno», más que el cielo has afianzado tu fidelidad. /R. 

V.  Dichoso el pueblo que sabe aclamarte: caminará, oh, Señor, a la luz de tu rostro; tu nombre es su gozo cada día, tu justicia es su orgullo. /R. 

V.  Porque tú eres su honor y su fuerza, y con tu favor realzas nuestro poder. Porque el Señor es nuestro escudo, y el Santo de Israel nuestro rey. /R. 

 

SEGUNDA LECTURA:

"Sepultados con Él por el bautismo, andemos en una vida nueva” (Romanos 6, 3-4.8-11)

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos.

Hermanos: Cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús fuimos bautizados en su muerte. Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, lo mismo que Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva. Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Porque quien ha muerto, ha muerto al pecado de una vez para siempre; y quien vive, vive para Dios. Lo mismo vosotros, consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.

Palabra de Dios.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

V.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

 

EVANGELIO:

"El que no carga con la cruz no es digno de Mí. El que os recibe a vosotros, me recibe a Mí” (Mateo 10, 37-42)

En aquel tiempo dijo Jesús a sus apóstoles: “El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará. El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, tendrá recompensa de justo.

El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa”.

YA DE VACACIONES

VER. –

A estas alturas del mes de junio, para muchos las vacaciones están ya cerca. Aunque todavía tengan que seguir trabajando durante unos días, parece que las cosas de cada día se viven de otra manera. El trabajo y los problemas continúan, pero ya vamos haciendo preparativos porque, por dentro, el pensamiento y el ánimo están ‘ya de vacaciones’ y así se lleva mejor todo lo presente.

 

JUZGAR. –

La segunda lectura de este domingo nos ha recordado algo en lo que no solemos pensar habitualmente: que tenemos pendientes unas ‘vacaciones’: la vida eterna tras nuestra muerte. Y, además, no sabemos cuándo empezarán: lo que sí sabemos con seguridad es que ese día llegará.

La certeza de la muerte la podemos vivir desde el miedo, como veíamos el domingo pasado, o podemos afrontarla preparándonos con antelación, como hacemos con nuestras vacaciones estivales. Y a esto es a lo que nos invita san Pablo en estas palabras que hemos escuchado y que debemos tener muy en cuenta: “Cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús fuimos bautizados en su muerte. Por el Bautismo fuimos sepultados con Él en la muerte, para que, lo mismo que Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre”. El Bautismo es lo que nos permite vivir la certeza de la muerte con esperanza.

Para san Pablo y para los primeros cristianos, el Bautismo tenía un gran simbolismo. El catecúmeno era sumergido en el agua como expresión de estar unido a Cristo en su muerte para ‘morir’ al hombre viejo, y ‘resucitar’ con Él, renaciendo como hombre nuevo.

“Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con Él”. En el Bautismo hemos recibido la reserva segura de las ‘vacaciones’ en la vida eterna, tras nuestra muerte y resurrección. Y por eso san Pablo añade: “así también nosotros andemos en una vida nueva”. Quien ha recibido el Bautismo puede sentirse ‘ya de vacaciones’, puede vivir ya desde ahora con la mirada puesta en la Resurrección.

La esperanza en esas ‘vacaciones’ requiere que vayamos haciendo los preparativos necesarios, y eso ha de reflejarse en nuestro estilo de vida, reorganizando nuestro orden de prioridades, como nos ha pedido Jesús en el Evangelio con unas palabras muy provocativas: “El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí”; Solemos interpretar estas palabras en sentido excluyente: ‘o el amor a Jesús o el amor a la familia’, pero no es así. Jesús lo que nos pide es que Él sea el primero en nuestro amor, que seamos cristocentricos; que, por mucho que amemos a padres, madres, hijos o hijas, nuestro amor por Jesús aún sea mayor, que siempre manifestemos Quién es la fuente de nuestro amor, porque por Él es por quien sabemos y podemos amar de verdad, como Él nos ama, a quienes más amamos en el mundo.

La preparación para las ‘vacaciones’ de la vida eterna conlleva también exigencias: “el que no carga con la cruz y me sigue, no es digno de mí”. La certeza de la resurrección y del amor a Jesús no eliminan las dificultades cotidianas. Lo que Jesús nos pide es que, precisamente la esperanza que sentimos, afrontemos las cosas buenas, y también las cruces, con un ánimo nuevo.

 

También decía san Pablo: “Consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús”. El pecado es todo aquello que nos aparta de Dios y nos impide estar bien preparados para empezar las ‘vacaciones’ cuando nos llegue el momento, y hemos de rechazarlo; y estar “vivos para Dios” significa potenciar todo lo que nos une a Jesús: la oración, los Sacramentos, el amor como Él nos ha amado.

ACTUAR. -

¿Voy a poder disfrutar de unos días de descanso? ¿Estoy haciendo preparativos, me siento ‘ya de vacaciones’? ¿Pienso en las ‘vacaciones’ de la vida eterna? ¿Cómo me estoy preparando? ¿Tengo presente lo que significa haber recibido el Bautismo? ¿Mi amor a Jesús es el primero?

Por el Bautismo, el Señor nos ha reservado unas vacaciones junto a Él en el Reino de los Cielos. No sabemos cuándo comenzarán, pero desde ahora podemos sentirnos ‘ya de vacaciones’. Vivamos la alegría de la anticipación, preparémonos del mejor modo poniendo el amor a Jesús en el centro de nuestra vida. Que su amor y el recuerdo de su propia muerte y resurrección nos den fuerza para vivir cada día, con sus alegrías y sus cruces, con la esperanza de poder gozar un día plenamente de esas ‘vacaciones’ en la vida eterna junto a Él.




 

sábado, 20 de junio de 2026

DOMINGO XII DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A

DOMINGO XII DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A

Domingo 21 de junio de 2026

 

PRIMERA LECTURA:

"Libera la vida del pobre de las manos de gente perversa” (Jeremías 20, 10-13)

Lectura del libro de Jeremías.

Dijo Jeremías: «Oía la acusación de la gente: “‘Pavor-en-torno’, delatadlo, vamos a delatarlo”. Mis amigos acechaban mi traspié: “A ver si, engañado, lo sometemos y podemos vengarnos de él”. Pero el Señor es mi fuerte defensor: me persiguen, pero tropiezan impotentes. Acabarán avergonzados de su fracaso, con sonrojo eterno que no se olvidará. Señor del universo, que examinas al honrado y sondeas las entrañas y el corazón, ¡que yo vea tu venganza sobre ellos, pues te he encomendado mi causa! Cantad al Señor, alabad al Señor, que libera la vida del pobre de las manos de gente perversa».

Palabra de Dios.

SALMO:

"Señor, que me escuche tu gran bondad” (Salmo 68)

R.  Señor, que me escuche tu gran bondad.

V.  Por ti he aguantado afrentas, la vergüenza cubrió mi rostro. Soy un extraño para mis hermanos, un extranjero para los hijos de mi madre. Porque me devora el celo de tu templo, y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí. /R. 

V.  Pero mi oración se dirige a ti, Señor, el día de tu favor; que me escuche tu gran bondad, que tu fidelidad me ayude. Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia; por tu gran compasión, vuélvete hacia mí. /R.

V.  Miradlo, los humildes, y alegraos; buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón. Que el Señor escucha a sus pobres, no desprecia a sus cautivos. Alábenlo, el cielo y la tierra, las aguas y cuanto bulle en ellas. /R. 

SEGUNDA LECTURA:

"No hay proporción entre el delito y el don” (Romanos 5, 12-15)

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos.

Hermanos: Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte se propagó a todos los hombres, porque todos pecaron… Pues, hasta que llegó la ley había pecado en el mundo, pero el pecado no se imputaba porque no había ley. Pese a todo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión como la de Adán, que era figura del que tenía que venir. Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por el delito de uno solo murieron todos, con mayor razón la gracia de Dios y el don otorgado en virtud de un hombre, Jesucristo, se han desbordado sobre todos.

Palabra de Dios.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

V.  El Espíritu de la verdad dará testimonio de mí —dice el Señor—;

y vosotros daréis testimonio.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

 

EVANGELIO:

"No tengáis miedo a los que matan el cuerpo” (Mateo 10, 26-33)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay encubierto, que no llegue a descubrirse; ni nada hay escondido, que no llegue a saberse. Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a la luz, y lo que os digo al oído, pregonadlo desde la azotea. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehenna. ¿No se venden un par de gorriones por un céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo: valéis más vosotros que muchos gorriones. A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos.

MIEDOS

VER. –

El miedo es una emoción básica, que se experimenta ante la percepción de un peligro, real o imaginario. El miedo está presente en nuestra vida desde el principio, pero su concreción va cambiando a medida que crecemos: en la infancia es el miedo a la oscuridad, a quedarse sin los padres… en la juventud es el miedo a lo que piensen de nosotros, al desamor… y en la edad adulta es cuando más diversificado aparece el miedo: a la enfermedad y al dolor, a perder el empleo, a la violencia, al porvenir… y, sobre todo, el miedo a la muerte. Aunque encontramos muchos ‘consejos’ para superarlo, lo cierto es que el miedo nunca desaparece completamente de nosotros y nos puede hacer sufrir mucho. Y precisamente en la edad adulta es cuando nos resulta más difícil reconocer nuestros miedos, porque ‘tenemos miedo’ de que nos consideren débiles y cobardes.

 

JUZGAR. –

Quizá por eso, el Evangelio que acabamos de escuchar va dirigido a todos y cada uno de nosotros. Jesús ha repetido por tres veces: “No tengáis miedo”. Él, verdadero Hijo de Dios, «se encarnó por obra del Espíritu Santo, nació de María, la Virgen, y así compartió en todo nuestra condición humana menos en el pecado» (Plegaria eucarística IV). Jesús sabía lo que es el miedo, como le ocurrió en Getsemaní “empezó a sentir espanto y angustia”. (Mc 14, 33). Y, por eso, Él es el único que puede librarnos de todos los miedos.

Si se trata de miedos provocados por otras personas o por las circunstancias, Jesús nos dice: “No tengáis miedo a los hombres…”. Podemos temer los problemas que nos vengan desde ámbitos familiares, sociales, laborales, políticos… o las consecuencias de las decisiones de quienes ostentan el poder en el mundo, frente a las que nos sentimos solos e indefensos. Pero Jesús nos invita a ‘mirar más allá’, hacia Dios y su presencia en la historia y en nuestra historia personal. A veces no comprenderemos el porqué de muchas situaciones, pero Jesús nos asegura que Él está a nuestro lado, acompañándonos, y que Él tendrá la última palabra.

Otras veces se trata de miedos indefinidos, para los que no hay una causa concreta pero que no podemos dejar de sentir, y que nos van dejando en una situación de abatimiento, desesperanza, y que van ‘matándonos’ por dentro… Frente a ellos, Jesús nos dice: “No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma”. Jesús nos recuerda que somos cuerpo y alma; y que el cuerpo puede desaparecer por enfermedad, accidente, asesinato… por muchas razones, pero el alma que hemos recibido de Dios es inmortal, y queda fuera del alcance de lo que los demás o las circunstancias puedan hacernos.

Y, unido a esto, si se trata del miedo a la muerte, Jesús nos dice: “¿No se venden un par de gorriones por un céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Por eso, no tengáis miedo: valéis más vosotros que muchos gorriones”. Es una llamada a recordar que somos hijos de Dios, que Dios es nuestro Padre, y que para Él somos lo más importante. Y, como escuchamos en la solemnidad de la Santísima Trinidad, “tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en Él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3, 16), y por eso Jesús quiso morir en la Cruz y resucitar, para “liberar a cuantos, por miedo a la muerte, pasaban la vida entera como esclavos”. (Hb 2, 15) Jesús, que sufrió la muerte, nos acompaña en el momento de nuestra muerte; por eso no debemos tener miedo. Es verdad que nos resulta difícil, casi imposible, pero Jesús nos pide que confiemos en Él.

ACTUAR. –

¿Tengo identificados mis miedos? ¿Cómo me afectan en mi vida diaria? ¿La Palabra de Dios me ayuda a superarlos? ¿Qué siento al escuchar decir a Jesús: “No tengáis miedo?” ¿Confío en Él?

El miedo es una emoción que forma parte de nuestra naturaleza humana, y no faltan motivos de todo tipo para tener miedo. Jesús no nos dice que los neguemos ni que nos refugiemos en un falso espiritualismo para huir de ellos, sino que seamos realistas y los afrontemos, apoyándonos en Él.

Cuando sintamos que el miedo nos atenaza, pidámosle ayuda, para que nos recuerde que somos hijos de Dios y ‘que hasta los cabellos de la cabeza tenemos contados’, y que, por muchas que sean las razones para sentir miedo, podemos confiar en Él y en su Palabra.




jueves, 11 de junio de 2026

DOMINGO XI DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A

DOMINGO XI DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A

Domingo 14 de junio de 2026

PRIMERA LECTURA:

"Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa” (Éxodo 19, 2-6)

Lectura del libro del Éxodo.

En aquellos días, llegaron los hijos de Israel al desierto del Sinaí y acamparon allí, frente a la montaña. Moisés subió hacia Dios. El Señor lo llamó desde la montaña diciendo: «Así dirás a la casa de Jacob y esto anunciarás a los hijos de Israel: “Vosotros habéis visto lo que he hecho con los egipcios y cómo os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí. Ahora, pues, si de veras me obedecéis y guardáis mi alianza, seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra. Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa”».

Palabra de Dios.

SALMO:

"Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño” (Salmo 99)

R.  Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.

V.  Aclama al Señor, tierra entera, servid al Señor con alegría, entrad en su presencia con vítores. /R. 

V.  Sabed que el Señor es Dios: que él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño. /R. 

V.  El Señor es bueno, su misericordia es eterna, su fidelidad por todas las edades. /R. 

SEGUNDA LECTURA:

"Si fuimos reconciliados por la muerte del Hijo, ¡con cuánta más razón seremos salvos por su vida! (Romanos 5, 6 11)

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos.

Hermanos: Cuando nosotros estábamos aún sin fuerza, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; ciertamente, apenas habrá quien muera por un justo; por una persona buena tal vez se atrevería alguien a morir; pues bien: Dios nos demostró su amor en que, siendo nosotros todavía pecadores, Cristo murió por nosotros. ¡Con cuánta más razón, pues, justificados ahora por su sangre, seremos por él salvados del castigo! Si, cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, estando ya reconciliados, seremos salvados por su vida! Y no solo eso, sino que también nos gloriamos en Dios, por nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación.

Palabra de Dios.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

V.  Está cerca el reino de Dios; convertíos y creed en el Evangelio.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO:

"Llamando a sus doce discípulos y los envió” (Mateo 9,36-10,8)

+  Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

En aquel tiempo, al ver Jesús a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor». Entonces dice a sus discípulos: «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies». Llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y toda dolencia. Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, el de Zebedeo, y Juan, su hermano; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo, y Tadeo; Simón el de Caná, y Judas Iscariote, el que lo entregó. A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: «No vayáis a tierra de paganos ni entréis en las ciudades de Samaría, sino id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis».

Palabra del Señor.

DISCÍPULOS Y APÓSTOLES

VER. –

Desde hace unos años estamos viviendo un cambio de época, y el ritmo de ese cambio se ha ido acelerando. Vemos que en lo familiar, laboral, social, político, educativo… los conceptos, estructuras y valores que sustentaban esos ámbitos y que creíamos firmes y estables cambian o desaparecen casi de la noche a la mañana. Y, como estamos viendo en la reflexión que se está realizando en la diócesis de Valencia sobre unas futuras orientaciones pastorales, la consecuencia es que «muchas personas se sienten desorientadas. La velocidad de los cambios, la presión de lo inmediato… crean un clima interior que favorece la confusión sobre quiénes somos y hacia dónde nos dirigimos». (Tema 6 “Vocación, servicio, ministerio)

JUZGAR. –

Después de las solemnidades de la Santísima Trinidad y Corpus Christi, hoy en la liturgia retomamos el ritmo de los domingos del Tiempo Ordinario. Y en este ‘tiempo ordinario’ de nuestra vida, el Evangelio que hemos escuchado nos debe resonar de un modo especial para afrontar las consecuencias de este ‘cambio de época’ en el que estamos metidos de lleno.

“Al ver Jesús a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban… como ovejas que no tienen pastor”. El Señor no se queda al margen de este cambio de época, y sabe lo difícil que nos resulta. Y se compadece y actúa, aunque no del modo que nosotros esperaríamos o nos gustaría.

“Entonces dice a sus discípulos: «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies»”. Ante esta desorientación y confusión que sufrimos, lo primero que debemos hacer es cuidar la oración, de forma confiada y perseverante, para que el Señor envíe personas que sepan descubrir esta llamada y abrir caminos de esperanza.

“Llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad… Estos son los nombres de los doce apóstoles…” El Señor actúa con y por medio de sus discípulos que ahora son también apóstoles, es decir, son llamados y enviados por Él, personalmente, a ofrecer la Buena Noticia del Evangelio a todos los que sufren.

Pero no hemos de pensar que esta llamada y envío es ‘para otros’: junto a los nombres de los doce apóstoles, debemos poner los nuestros. Todos somos llamados, tenemos una vocación, porque «la vocación cristiana nace de una iniciativa previa: Dios llama. No llama a unos pocos privilegiados, sino a todos, sin excepción». El Señor hoy también nos llama porque cuenta con nosotros como trabajadores de su mies, y esto «tiene consecuencias reales: la vocación se convierte en un camino posible para cualquier creyente, sea cual sea su situación. No se trata de alcanzar un ideal perfecto, sino de dejar que Dios entre en la vida y la transforme desde dentro».

Y así, «cuando alguien descubre que es llamado y que su vida tiene un sentido querido por el Señor, todo se ilumina de manera distinta. Cambia la forma de afrontar el sufrimiento, las decisiones, las relaciones, los límites, y también los deseos más profundos. La vocación ayuda a caminar con serenidad, esperanza y disponibilidad».

Y esta llamada es para vivirla y compartirla, es un servicio porque «no existe la vocación orientada a uno mismo: toda llamada es, en última instancia, para los demás. Vivir la vocación es escuchar una palabra que da dirección, una palabra que no domina ni oprime, sino que ayuda a integrar la vida. En un mundo que propone identidades cambiantes y fugaces, la vocación invita a descubrir una identidad recibida, estable y confiable».

El Señor nos envía como apóstoles a las “ovejas sin pastor” de este cambio de época, porque «en este contexto frágil, la vocación cristiana no pesa ni complica la vida; ofrece una luz que permite comprender la existencia con mayor hondura. La fe recuerda que la vida no es un recorrido sin dirección, sino una historia que puede leerse desde Dios».

ACTUAR. –

En este cambio de época y la desorientación que nos provoca, «la cuestión de fondo es preparar el oído y el corazón para escuchar y recibir, con agradecimiento, la llamada que Dios tiene para cada uno de nosotros», para ser sus discípulos y apóstoles de hoy. La edad no es una excusa: «Solemos pensar que la llamada vocacional se da sólo en la juventud. Es verdad que esta cuestión, de forma existencial y vital, se da en los primeros años de nuestra vida de manera privilegiada, pero no exclusiva. La vocación es algo que acompaña toda nuestra vida».

Y tampoco es una excusa nuestro estado de vida, porque «por el Bautismo, todos los bautizados son corresponsables de la misión de la Iglesia. La llamada universal se concreta en caminos diferentes. No todas las vocaciones son iguales, pero todas participan de la misma fuente. El bautismo es el fundamento de la vida cristiana. De esta común y primera vocación recibida en el Bautismo surgen las demás vocaciones: al orden sacerdotal, a la vida consagrada, al matrimonio, a la vida laical comprometida, ya sea en la atención a los pobres, en el acompañamiento, en la pastoral de la salud, en la atención de mayores …» Todos somos trabajadores de su mies, llamados y enviados para ofrecer un camino de esperanza a tantos que hoy viven “como ovejas que no tienen pastor”. 



 

sábado, 6 de junio de 2026

SANTISIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO - CICLO A

SANTISIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO - CICLO A

CORPUS CHRISTI

Domingo 7 de junio de 2026

 PRIMERA LECTURA:

"Te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres” (Deuteronomio 8, 2-3.14b-16a)

Lectura del libro del Deuteronomio.

Moisés habló al pueblo diciendo: «Recuerda todo el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto, para afligirte, para probarte y conocer lo que hay en tu corazón: si observas sus preceptos o no. Él te afligió, haciéndote pasar hambre, y después te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres, para hacerte reconocer que no solo de pan vive el hombre, sino que vive de todo cuanto sale de la boca de Dios. No olvides al Señor, tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de esclavitud, que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, con serpientes abrasadoras y alacranes, un sequedal sin una gota de agua, que sacó agua para ti de una roca de pedernal; que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres».

Palabra de Dios.

 

SALMO:

"¡Glorifica al Señor, Jerusalén” (Salmo 147)

R.  Glorifica al Señor, Jerusalén.

V.  Glorifica al Señor, Jerusalén; alaba a tu Dios, Sion. Que ha reforzado los cerrojos de tus puertas, y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. /R. 

V.  Ha puesto paz en tus fronteras, te sacia con flor de harina. Él envía su mensaje a la tierra, y su palabra corre veloz.  /R.

V.  Anuncia su palabra a Jacob, sus decretos y mandatos a Israel; con ninguna nación obró así, ni les dio a conocer sus mandatos. /R. 

 

SEGUNDA LECTURA:

"El pan es uno; nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo” (1 Corintios 10, 16-17)

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Corintios.

Hermanos: El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión de la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión del cuerpo de Cristo? Porque el pan es uno, nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo, pues todos comemos del mismo pan.

Palabra de Dios.

 SECUENCIA

Alaba, alma mía, a tu Salvador;

alaba a tu guía y pastor

con himnos y cánticos.

 

Pregona su gloria cuanto puedas,

porque él está sobre toda alabanza,

y jamás podrás alabarle lo bastante.

 

El tema especial de nuestros loores

es hoy el pan vivo

y que da vida.

 

El cual se dio en la mesa de la sagrada cena

al grupo de los doce apóstoles

sin género de duda.

 

Sea, pues, llena, sea sonora,

sea alegre, sea pura

la alabanza de nuestra alma.

 

Pues celebramos el solemne día

en que fue instituido

este divino banquete.

 

En esta mesa del nuevo rey,

la pascua nueva de la nueva ley

pone fin a la pascua antigua.

 

Lo viejo cede ante lo nuevo,

la sombra ante la realidad,

y la luz ahuyenta la noche.

 

Lo que Jesucristo hizo en la cena,

mandó que se haga

en memoria suya.

 

Instruidos con sus santos mandatos,

consagramos el pan y el vino,

en sacrificio de salvación.

 

Es dogma que se da a los cristianos,

que el pan se convierte en carne,

y el vino en sangre.

 

Lo que no comprendes y no ves,

una fe viva lo atestigua,

fuera de todo el orden de la naturaleza.

 

Bajo diversas especies,

que son accidentes y no sustancia,

están ocultos los dones más preciados.

 

Su Carne es alimento y su Sangre bebida;

más Cristo está todo entero

bajo cada especie.

 

Quien lo recibe no lo rompe,

no lo quebranta ni lo desmembra;

recíbese todo entero.

 

Recíbelo uno, recíbenlo mil;

y aquel lo toma tanto como estos,

pues no se consume al ser tomado.

 

Recíbenlo buenos y malos;

más con suerte desigual

de vida o de muerte.

 

Es muerte para los malos,

y vida para los buenos;

mira cómo un mismo alimento

produce efectos tan diversos.

 

Cuando se divida el Sacramento,

no vaciles, sino recuerda

que Jesucristo tan entero

está en cada parte como antes en el todo.

 

No se parte la sustancia,

se rompe solo la señal;

ni el ser ni el tamaño

se reducen de Cristo presente.

 

He aquí el pan de los ángeles,

hecho viático nuestro;

verdadero pan de los hijos,

no lo echemos a los perros.

 

Figuras lo representaron:

Isaac fue sacrificado;

el cordero pascual, inmolado;

el maná nutrió a nuestros padres.

 

Buen Pastor, Pan verdadero,

¡oh, Jesús!, ten piedad.

Apaciéntanos y protégenos;

haz que veamos los bienes

en la tierra de los vivientes.

 

Tú, que todo lo sabes y puedes,

que nos apacientas aquí siendo aún mortales,

haznos allí tus comensales,

coherederos y compañeros

de los santos ciudadanos.

 

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

V.  Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo —dice el Señor—; el que coma de este pan vivirá para siempre.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

 

EVANGELIO:

"Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida” (Juan 6, 51-58)

«Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente; y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo». Los judíos discutían entre ellos: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?». Jesús les dijo: «Os aseguro que si no coméis la carne del hijo del hombre y no bebéis su sangre no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre vive en mí y yo en él. Como el Padre que me ha enviado vive y yo vivo por el Padre, así el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo; no como el que comieron los padres, y murieron. El que come este pan vivirá eternamente».

 DE LA COMUNIÓN A LA COMUNIÓN

VER. –

Durante los domingos de mayo, y hasta la Solemnidad de Corpus Christi, muchos niños reciben la Primera Comunión, que en la mayoría de los casos es también la última, aunque no vamos a profundizar en este aspecto, sino en el significado de la palabra ‘Comunión’. El sentido inmediato que damos los cristianos es la Eucaristía, pero ‘comunión’ también significa el trato familiar, entendimiento y cercanía con otras personas. Por eso, para nosotros, ‘comunión’ también se refiere a la unión que debemos tener y vivir con Dios y con el resto de miembros de la Iglesia.

 

JUZGAR. –

n uno de los temas de la reflexión que se está realizando en la Diócesis de Valencia sobre unas futuras orientaciones pastorales, se indica que «una experiencia muy corriente al echar un vistazo a la estructura diocesana es la gran diversidad de grupos, movimientos, asociaciones, Delegaciones, organismos… Todos forman la Iglesia pero lo que se percibe desde fuera es que, en la práctica, cada uno tiene su propia dinámica, su programación y calendario, funcionando en paralelo a los demás. Esto se repite muchas veces también a nivel parroquial: es frecuente que apenas se conozcan los integrantes de unos y otros grupos». (Tema 4) Y esto lo podemos comprobar en muchas de las celebraciones de nuestras parroquias: vemos a personas que se ‘juntan’ y reciben habitualmente la Comunión y se sienten unidas a Dios, pero individualmente; no se sienten en comunión con los demás miembros de la Iglesia.

Hoy estamos celebrando la Solemnidad de Corpus Christi. Como hemos escuchado en la Palabra de Dios, podemos decir que es la Solemnidad de la Comunión, en un doble sentido: por una parte, la Comunión como Sacramento de la Eucaristía, del Cuerpo y la Sangre de Cristo, del Misterio de su presencia real: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida”.

Y, por otra parte, esta presencia real es también un Misterio de ‘comunión’, de la unión que debemos tener y vivir con Dios. “El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí”. La Eucaristía, nos hace entrar en comunión íntima con Jesús y, por Él, con la fuerza del Espíritu Santo, también entramos en comunión íntima con el Padre. Pero la comunión no acaba ahí.

La comunión con Dios nos ha de llevar necesariamente a la comunión con los demás miembros de la Iglesia, con aquéllos por quienes el Hijo, acogiendo por amor la voluntad del Padre, entregó su Cuerpo y su Sangre, porque al recibir a Cristo en la Comunión sacramental aprendemos a verlos como Él, como hermanos nuestros, y debemos aprender a sentirnos unidos a ellos.

Y la celebración de la Eucaristía, participada y vivida de forma consciente y activa, nos enseña y ayuda a pasar de la Comunión a la comunión. Si lo pensamos, quienes nos reunimos compartimos la fe en Cristo Resucitado; Dios nos dirige a todos la misma Palabra; todos nos dirigimos a Dios como ‘Padre nuestro’ e intercambiamos un gesto de paz entre nosotros; y todos recibimos el mismo Cuerpo y Sangre de Cristo. Cuando celebramos la Eucaristía deberíamos plantearnos las preguntas que hemos escuchado en la 2ª lectura: “El cáliz de bendición que bendecimos, ¿no es comunión de la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión del cuerpo de Cristo?” Y sacar la misma conclusión que san Pablo: “Porque el pan es uno, nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo, pues todos comemos del mismo pan”. La celebración de la Eucaristía nos ayuda a pasar de la Comunión a la comunión porque, por mi Comunión con Dios, estoy también en comunión con los demás miembros de la Iglesia, con los que, por Cristo, con Él y en Él, formo un solo cuerpo.

ACTUAR. –

¿He tenido o tengo experiencia de vivir una relación de comunión con alguien? ¿Qué características tenía, qué sentimientos provocaba en mí? ¿Me siento realmente en comunión con Dios? ¿Y con los demás miembros de la Iglesia, empezando por los de mi comunidad parroquial? ¿Participo en la Eucaristía sabiéndome unido a quienes están conmigo, o lo hago de forma individualista?

Hoy damos gracias a Dios por este Misterio de Comunión que es la Eucaristía. Y le pedimos que este Misterio lo hagamos visible y verificable en el cuerpo que es la Iglesia: que la Comunión de cada uno con Cristo nos lleve a todos a vivir la verdadera comunión entre nosotros.