Domingo XXV del Tiempo Ordinario Ciclo A
Domingo 20 de diciembre de 2024
PRIMERA LECTURA:
“Mis planes no son vuestros planes” (Isaías 55, 6-9)
Lectura del libro de Isaías.
Buscad al Señor mientras se deja encontrar, invocadlo
mientras está cerca. Que el malvado abandone su camino, y el malhechor sus
planes; que se convierta al Señor, y él tendrá piedad, a nuestro Dios, que es
rico en perdón. Porque mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no
son mis caminos —oráculo del Señor—. Cuanto dista el cielo de la tierra, así
distan mis caminos de los vuestros, y mis planes de vuestros planes.
Palabra de Dios.
SALMO:
“Cerca está el Señor de los que lo invocan” (Salmo 141)
R/. Cerca está el Señor de los que lo invocan.
V.-
Día tras día, te bendeciré y alabaré tu nombre por siempre jamás. Grande es el
Señor, merece toda alabanza, es incalculable su grandeza. R/.
V.-
El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el
Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas. R/.
V.-
El Señor es justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones. Cerca
está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente. R/.
SEGUNDA LECTURA:
“Para mí la vida es Cristo” (Filipenses 1, 20c-24.27a)
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses.
Hermanos: Cristo será glorificado en mi cuerpo, por mi vida o
por mi muerte. Para mí la vida es Cristo y el morir una ganancia. Pero, si el
vivir esta vida mortal me supone trabajo fructífero, no sé qué escoger. Me
encuentro en esta alternativa: por un lado, deseo partir para estar con Cristo,
que es con mucho lo mejor; pero, por otro, quedarme en esta vida veo que es más
necesario para vosotros. Lo importante es que vosotros llevéis una vida digna
del Evangelio de Cristo.
Palabra de Dios.
R.- Aleluya, aleluya, aleluya.
V.-
Abre, Señor, nuestro corazón, para que aceptemos las palabras de tu Hijo.
R.- Aleluya, aleluya, aleluya.
EVANGELIO:
“¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?” (Mateo 20,
1-16)
Pues el reino de los cielos se parece a un propietario que al
amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con
ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media
mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo: “Id también
vosotros a mi viña y os pagaré lo debido”. Ellos fueron. Salió de nuevo hacia
mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a
otros, parados, y les dijo: “¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin
trabajar?”. Le respondieron: “Nadie nos ha contratado”. Él les dijo: “Id
también vosotros a mi viña”. Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: “Llama
a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por
los primeros”. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno.
Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también
recibieron un denario cada uno. Al recibirlo se pusieron a protestar contra el
amo: “Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a
nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”. Él replicó a uno
de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un
denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es
que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener
tú envidia porque yo soy bueno?”. Así, los últimos serán primeros y los
primeros, últimos».
“OFERTA DE EMPLEO”
VER. –
Según los datos de la Encuesta de Población Activa del
segundo trimestre de 2026, publicada por el INE, en España hay 2.495.300
parados. Dentro de esta dolorosa realidad nos encontramos con dos
circunstancias llamativas: por una parte, que hay miles de puestos de trabajo
vacantes que no se logran cubrir, debido a diversos factores, como puede la
falta de capacitación para ejercerlos o las condiciones laborales abusivas que
se ofrecen; y, por otra parte, están los parados mayores de 50 años, que
superan el millón y que ya no encuentran trabajo debido a prejuicios por
edadismo.
JUZGAR. –
Hoy en el Evangelio hemos escuchado la parábola conocida como
‘los trabajadores de la viña’, en la que encontramos la ‘oferta de empleo’ que
Dios nos hace a todos. Normalmente, cuando se escucha esta parábola, una
reacción común en quienes no la conocen es sentirse de acuerdo con la protesta
que hacen los trabajadores de primera hora; desde nuestra mentalidad materialista
nos parece injusto que reciban la misma paga que quienes sólo han trabajado una
hora. Pero hemos de recordar que en las parábolas los detalles y personajes
están en función de la verdad de fe que se quiere transmitir.
Y la verdad de fe es que Dios “quiere que todos se salven”
(cfr. 1Tim 2, 4), que todo el que lo desee pueda formar parte de su Reino. Y
esta verdad de fe Jesús la escenifica con esta parábola en la que “un
propietario salió a contratar jornaleros para su viña”. Dios es ese
propietario, los jornaleros somos nosotros, llamados a ser discípulos
misioneros que anuncian el Evangelio, la viña es el mundo, y la paga (“un
denario”) al final de la jornada (nuestra vida) es la vida eterna en el Reino
de los cielos.
El propietario realiza su ‘oferta de empleo’ en diferentes
momentos a lo largo del día: “al amanecer, a media mañana, a mediodía, a media
tarde y al caer la tarde”. Y llama a todo tipo de jornaleros: los del amanecer
serían los mejor capacitados y por eso los más solicitados; y los que han
estado “el día entero sin trabajar” serían los menos capacitados, los que nadie
desearía contratar, pero esto al propietario no le importa: para él lo
importante es que respondan a su llamada, sea cuando sea.
Con esta parábola, Jesús nos está diciendo que Él nos llama a
todos a su Reino, que en la viña que es el mundo hay trabajo para todo el que
quiera ser discípulo y apóstol suyo, como camino de santidad.
Que para la misión evangelizadora no se requieren unas
cualidades especiales, que no pongamos la excusa de ‘no sé hacerlo’; como dijo
el Papa Francisco al Foro Internacional de Acción Católica: «Eviten caer en la
tentación perfeccionista de la eterna preparación para la misión. Se aprende a
evangelizar evangelizando».
Que para Dios no hay edadismo, que Él sale a nuestro
encuentro a lo largo de toda nuestra vida, desde la infancia hasta la ancianidad,
porque como también dijo el Papa Francisco, «todos pueden misionar aunque todos
no puedan salir a la calle o al campo. Es muy importante el lugar que le
brindan a las personas mayores».
Que lo más importante para Dios no es cuándo se responde a su
invitación ni la cantidad o tipo de trabajo desarrollado en la misión
evangelizadora, sino el hecho mismo de responder a su llamada.
Que, teniendo presente la protesta de los primeros jornaleros
de la parábola, si nosotros somos también ‘jornaleros desde el amanecer’, si
hemos tenido el regalo haber conocido al Señor desde la infancia y haber sido
‘contratados’ por Él desde una temprana edad, ante todo hemos de sentirnos
dichosos y agradecidos por ello, y no poner el punto de atención en “el peso
del día y el bochorno”, en el esfuerzo y renuncias que hemos realizado como
discípulos misioneros.
Y, además, como discípulos misioneros, hemos de ser
acogedores con quienes se van incorporando a la comunidad parroquial: «estamos
llamados a cultivar la cercanía, apertura al diálogo, paciencia y acogida
cordial que no condena». (Proyecto Empalabra – Tema 6 Primer Anuncio y
Discipulado), alegrándonos sinceramente porque Dios es bueno y a todos ofrece
la misma paga, ese “denario” que es la vida eterna en el Reino de los Cielos.
ACTUAR. –
¿He respondido a las llamadas que Dios me hace para trabajar
en su viña? ¿Dónde creo que puedo desarrollar mejor la misión evangelizadora?
¿Soy acogedor con las ‘nuevas incorporaciones’?
La misión evangelizadora se concreta particularmente en la
parroquia. Respondamos a la ‘oferta de empleo’ del Señor y formemos entre todos
«comunidades vivas capaces de engendrar discípulos misioneros, un lugar en el
que los cristianos se sienten en casa, comprendidos, espacios de fraternidad y
acogida, el lugar en el que el discípulo es estimulado, apoyado y motivado en
su vocación y misión» (Proyecto Empalabra Tema 7 Comunidad y pastoral).