viernes, 6 de febrero de 2026

V DOMINGO TIEMPO ORDINARIO - CICLO A

V DOMINGO TIEMPO ORDINARIO - CICLO A

Domingo 8 de febrero de 2026            - Declara la Guerra al Hambre -

                                     

PRIMERA LECTURA:

"Surgirá tu luz como la aurora” (Isaías 58, 7-10)

 

Lectura del libro de Isaías.

Esto dice el Señor:

«Parte tu pan con el hambriento,

hospeda a los pobres sin techo,

cubre a quien ves desnudo

y no te desentiendas de los tuyos.

 

Entonces surgirá tu luz como la aurora,

enseguida se curarán tus heridas,

ante ti marchará la justicia,

detrás de ti la gloria del Señor.

 

Entonces clamarás al Señor y te responderá;

pedirás ayuda y te dirá: “Aquí estoy”.

 

Cuando alejes de ti la opresión,

el dedo acusador y la calumnia,

cuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo

y sacies al alma afligida,

brillará tu luz en las tinieblas,

tu oscuridad como el mediodía».

 

Palabra de Dios.

 

SALMO:

"El justo brilla en las tinieblas como una luz” (Salmo 111)

R.  El justo brilla en las tinieblas como una luz.

V.  En las tinieblas brilla como una luz el que es justo, clemente y compasivo. Dichoso el que se apiada y presta, y administra rectamente sus asuntos. /R. 

V.  Porque jamás vacilará. El recuerdo del justo será perpetuo. No temerá las malas noticias, su corazón está firme en el Señor. /R. 

V.  Su corazón está seguro, sin temor. Reparte limosna a los pobres; su caridad dura por siempre y alzará la frente con dignidad. /R. 

 

SEGUNDA LECTURA:

"Os anuncié el misterio de Cristo crucificado” (1 Corintios 2, 1-5)

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios.

Yo mismo, hermanos, cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y este crucificado. También yo me presenté a vosotros débil y temblando de miedo; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

Palabra de Dios.

 

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

V.  Yo soy la luz del mundo —dice el Señor—; el que me sigue tendrá la luz de la vida.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

 

EVANGELIO:

"Vosotros sois la luz del mundo” (Mateo 5, 13-16)

 

+  Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos».

Palabra del Señor.

 

DECLARA LA GUERRA AL HAMBRE

VER. -

Desde hace unos años estamos comprobando cómo nuestro mundo está dejando de ser un lugar pacífico. Según el Instituto para la Economía y la Paz, además de las guerras que centran la información (Ucrania, Palestina…), hay 59 conflictos armados activos en el mundo, la cifra más alta desde la Segunda Guerra Mundial. Hay un incremento de enfrentamientos, guerras o amenazas de guerras, y se constata un debilitamiento de los mecanismos diplomáticos para la resolución de conflictos: tan solo el 4% de las guerras termina en acuerdos negociados.

 

JUZGAR. -

Por eso, hoy que celebramos la Jornada de Manos Unidas contra el Hambre, sorprende que el lema para este año sea: «Declara la guerra al hambre». Para entender su significado, debemos recordar que en 1955, la Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas (UMOFC) hacía público un manifiesto en el que anunciaba su compromiso de poner su capacidad de movilización y de sensibilización al servicio de una causa que no podía esperar: la lucha activa contra el hambre en el mundo. Este manifiesto terminaba con esta frase: «Declaramos la guerra al hambre». En España, las Mujeres de la Acción Católica tomaron el testigo, propusieron un día de ayuno voluntario, e hicieron un llamamiento para combatir tres tipos de hambre: de pan, de cultura y de Dios. Así nació en 1959 la primera Campaña Contra el Hambre.
Desde entonces, Manos Unidas, la Asociación de la Iglesia Católica en España para la ayuda, promoción y desarrollo de los países más empobrecidos, sigue manteniendo la misma esperanza de que el mundo pueda verse libre, por fin, de la lacra del hambre. Su misión es luchar contra la pobreza, el hambre, la enfermedad… y también erradicar las causas estructurales que las producen. Lo hace a través de proyectos de desarrollo y también mediante campañas de sensibilización.

Manos Unidas nos recuerda que, como dijo el Papa Benedicto XVI, ‘combatir la pobreza es construir la paz’ (Mensaje Jornada Paz 2009). Y el Papa Francisco, en ‘Fratelli tutti’ 235, recordó: «Quienes pretenden pacificar a una sociedad no deben olvidar que la falta de un desarrollo humano integral no permite generar paz. Sin igualdad de oportunidades, las diversas formas de agresión y de guerra encontrarán un caldo de cultivo que tarde o temprano provocará su explosión». La paz y el desarrollo integral de las personas se complementan y por eso hay que ‘declarar la guerra al hambre’. La justicia social lleva a la construcción de la fraternidad universal, y la Palabra de Dios que hemos escuchado es una llamada a comprometernos en el desarrollo humano integral para generar la deseada paz.

En la 1ª lectura hemos escuchado: “Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, cubre a quien ves desnudo”. Es una llamada a atender las necesidades básicas de toda persona, y añade: “y no te desentiendas de los tuyos”. Cualquier ser humano es ‘de los tuyos’, de los nuestros, un hermano, porque todos somos imagen de Dios y tenemos derecho a una vida digna. Y la lectura también indicaba las consecuencias de atender a los necesitados: “Entonces surgirá tu luz… ante ti marchará la justicia…” Trabajar por el desarrollo humano integral es el camino para alcanzar la paz que deseamos.

Y no hacen falta capacidades especiales, como nos recordaba la 2ª lectura: “Cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría… sino en la manifestación y el poder del Espíritu”. Ese Espíritu que hemos recibido en nuestro Bautismo y que impulsa nuestra vocación cristiana y que hace realidad lo que Jesús nos ha dicho en el Evangelio: “Vosotros sois la sal de la tierra, sois la luz del mundo…” Ya somos la ‘sal y luz’ que se necesita para luchar contra el hambre; no nos volvamos ‘sosos’ por la indiferencia, ni ‘apaguemos’ la luz por el miedo. Y el Señor también nos ha dicho: “Brille así vuestra luz, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos”. Manos Unidas es uno de los brazos del candelero que es la Iglesia entera: ‘colguémonos’ de Manos Unidas para que la Luz de Cristo alumbre a todos los que viven en nuestra casa común.

ACTUAR. -

Hoy el Señor, por medio de Manos Unidas, nos dice a cada uno: «Declara la guerra al hambre», porque es uno de los caminos para alcanzar la verdadera paz. Unámonos al manifiesto de las mujeres de la UMOFC: «todas unidas y en conexión con todos aquéllos que se consagran a la misma tarea, podemos mucho más de lo que creemos. No se necesita más para acometer la empresa. Declaramos la guerra al hambre».




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