viernes, 10 de abril de 2026

DOMINGO II DE PASCUA - CICLO A

DOMINGO II DE PASCUA O DE LA DIVINA MISERICORDIA- CICLO A

Domingo 12 de abril de 2026

 

PRIMERA LECTURA:

"Los creyentes vivían todos unidos y tenían todo en común” (Hechos 2, 42-47)

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.

Los hermanos perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones. Todo el mundo estaba impresionado, y los apóstoles hacían muchos prodigios y signos. Los creyentes vivían todos unidos y tenían todo en común; vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno. Con perseverancia acudían a diario al templo con un mismo espíritu, partían el pan en las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón; alababan a Dios y eran bien vistos de todo el pueblo; y día tras día el Señor iba agregando a los que se iban salvando.

Palabra de Dios.

 

SALMO:

"Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia” (Salmo 117)

R.  Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.

 

V.  Diga la casa de Israel:

eterna es su misericordia.

Diga la casa de Aarón:

eterna es su misericordia.

Digan los que temen al Señor:

eterna es su misericordia. /R. 

V.  Empujaban y empujaban para derribarme,

pero el Señor me ayudó;

el Señor es mi fuerza y mi energía,

él es mi salvación.

Escuchad: hay cantos de victoria

en las tiendas de los justos. /R. 

V.  La piedra que desecharon los arquitectos

es ahora la piedra angular.

Es el Señor quien lo ha hecho,

ha sido un milagro patente.

Este es el día que hizo el Señor:

sea nuestra alegría y nuestro gozo. /R.

 

SEGUNDA LECTURA:

"Mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha regenerado para una esperanza viva” (1 Pedro 1, 3-9)

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro.

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor, Jesucristo, que, por su gran misericordia, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha regenerado para una esperanza viva; para una herencia incorruptible, intachable e inmarcesible, reservada en el cielo a vosotros, que, mediante la fe, estáis protegidos con la fuerza de Dios; para una salvación dispuesta a revelarse en el momento final. Por ello os alegráis, aunque ahora sea preciso padecer un poco en pruebas diversas; así la autenticidad de vuestra fe, más preciosa que el oro, que, aunque es perecedero, se aquilata a fuego, merecerá premio, gloria y honor en la revelación de Jesucristo; sin haberlo visto lo amáis y, sin contemplarlo todavía, creéis en él y así os alegráis con un gozo inefable y radiante, alcanzando así la meta de vuestra fe: la salvación de vuestras almas.

Palabra de Dios.

Secuencia


Ofrezcan los cristianos

ofrendas de alabanza

a gloria de la Víctima

propicia de la Pascua.

 

Cordero sin pecado

que a las ovejas salva,

a Dios y a los culpables

unió con nueva alianza.

 

Lucharon vida y muerte

en singular batalla,

y, muerto el que es la Vida,

triunfante se levanta.

 

«¿Qué has visto de camino,

María, en la mañana?»

«A mi Señor glorioso,

la tumba abandonada,

los ángeles testigos,

sudarios y mortaja.

¡Resucitó de veras

mi amor y mi esperanza!

 

Venid a Galilea,

allí el Señor aguarda;

allí veréis los suyos

la gloria de la Pascua».

 

Primicia de los muertos,

sabemos por tu gracia

que estás resucitado;

la muerte en ti no manda.

 

Rey vencedor, apiádate

de la miseria humana

y da a tus fieles parte

en tu victoria santa.


 

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

V.  Porque me has visto, Tomás, has creído —dice el Señor—; bienaventurados los que crean sin haber visto.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

 

EVANGELIO:

"A los ocho días llegó Jesús” (Juan 20, 19-31)

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban Los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo»; a quiénes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos. Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo». A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros». Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». Contestó Tomás: «¡Señor y Dios míos!». Jesús les dijo: «¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto». Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

EXPLICAR NUESTRA “JERGA”

VER. -

El diccionario define ‘jerga’ como un lenguaje especial que usan entre sí los individuos de ciertos grupos. Hace unos días, en un programa de radio, hablaban sobre la jerga que utilizan hoy en día los jóvenes para referirse a algunos sentimientos, actitudes, conceptos… palabras y expresiones que para ellos son conocidas y habituales pero que los adultos no entendemos y nos las tienen que explicar para saber de qué están hablando. Son muchos los colectivos y profesiones que tienen su jerga propia, y también en la Iglesia la tenemos: una jerga que a menudo resulta extraña a quienes la oyen.

JUZGAR. -

La Diócesis de Valencia ha iniciado un proceso de reflexión y sensibilización de cara a la elaboración de unas futuras orientaciones pastorales diocesanas, y en el material de reflexión que se ha publicado se habla de la ‘Necesidad de transformación en un cambio de época’ (Tema 2) porque hoy en día «muchas personas han crecido sin referencias cristianas. A menudo no han escuchado nunca el Evangelio de forma viva y cercana. El lenguaje de la fe resulta extraño o incomprensible».

Desde la Vigilia Pascual y durante toda la octava de Pascua que hoy finaliza, en la Iglesia está resonando el gran anuncio: “Jesús, el crucificado, ¡ha resucitado!” Para nosotros, es el centro de nuestra fe, la razón de nuestra esperanza… pero muchas personas no entienden nuestra ‘jerga’, no saben a qué nos referimos cuando hablamos de ‘Resurrección’. Muchos no aceptan este concepto y lo rechazan como un sin sentido, o lo consideran algo irracional y quieren pruebas tangibles, como el apóstol Tomás: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo”; otros entienden la Resurrección como una aparición fantasmal, o la confunden con la reencarnación, o con una especie de ‘muerto viviente’…

Pero esta falta de comprensión no hemos de verla como un obstáculo, sino como una llamada: «Han cambiado las personas por dentro, su manera de entender el mundo. Y, si cambia el mundo, también tiene que cambiar la manera en que la Iglesia anuncia el Evangelio y acompaña a las personas. Es el mismo mensaje con un modo nuevo de proclamarlo: ‘’nuevo ardor, nuevos métodos, nueva expresión’. El mundo actual presenta oportunidades únicas para la evangelización. La sed de Dios no ha desaparecido, más bien está cambiando de lenguaje y de formas».

¿Cómo encontrar ese ‘nuevo lenguaje’ que necesitamos para seguir proclamando el Evangelio? ¿Cómo mostrar lo que es y significa la Resurrección de Cristo? En el material de reflexión se nos proponen varias pistas: «Escuchar con respeto y sin miedo las preguntas de las personas; ofrecer espacios donde puedan experimentar a Jesús de manera viva, no solo oír hablar de Él; y proponer comunidades sencillas, acogedoras, participativas». Y, si nos fijamos, esto es lo que hicieron los primeros cristianos, como hemos escuchado en la 1ª lectura: “Perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones…Vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno. Con perseverancia acudían a diario al templo con un mismo espíritu, partían el pan en las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón…” Éste era el ‘lenguaje’ que utilizaban: vivían su fe con normalidad, en sus diferentes dimensiones: la oración, la celebración, la formación, la acción caritativa… Y ese estilo de vida era el ‘lenguaje’ que los demás ‘comprendían’, no tanto por sus palabras como por los actos que refrendaban esas palabras. Y por eso el anuncio del Evangelio progresaba: “todo el mundo estaba impresionado… eran bien vistos de todo el pueblo; y día tras día el Señor iba agregando a los que se iban salvando”.

ACTUAR. -

Respondiendo a la llamada que el Papa Francisco hizo en ‘Evangelii Gaudium’, «ha llegado el momento de afrontar con decisión un cambio de costumbres, estilos, lenguajes, horarios, modos de relacionarnos y formas de organizar la parroquia, porque estamos en un mundo que ha cambiado».

El ejemplo de las primeras comunidades cristianas nos ha de motivar a explicar nuestra ‘jerga’, hacerla comprensible con un estilo de vida que resulte significativo para las personas de hoy, «buscando una fidelidad creativa a la Tradición viva de la Iglesia, atreviéndonos a nuevas formas de estar presentes y de servir en la vida de los hombres y mujeres de hoy. Pasar de un lenguaje religioso cerrado, a un lenguaje comprensible, cercano a las preguntas reales de las personas: el trabajo, la familia, la soledad, el sufrimiento, la fiesta, la sexualidad, el futuro». (Tema 3)

Celebrar la Pascua, la Resurrección de Jesús, «es una invitación a salir de lo conocido, a buscar y construir estilos de comunidad y comunicación basados en el encuentro, el apoyo mutuo y la misericordia. Así podremos transformar nuestras costumbres y lenguajes para que todos, hoy y aquí, puedan recibir la Buena Noticia de Jesús resucitado». (Tema 2)



DOMINGO II DE PASCUA - CICLO A