sábado, 9 de mayo de 2026

DOMINGO VI DE PASCUA - CICLO A

DOMINGO VI DE PASCUA - CICLO A

Domingo 10 de mayo de 2026

 

PRIMERA LECTURA:

"Les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo” (Hechos 8, 5-8.14-17)

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.

En aquellos días, Felipe bajó a la ciudad de Samaría y les predicaba a Cristo. El gentío unánimemente escuchaba con atención lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría. Cuando los apóstoles, que estaban en Jerusalén, se enteraron de que Samaría había recibido la palabra de Dios, enviaron a Pedro y a Juan; ellos bajaron hasta allí y oraron por ellos, para que recibieran el Espíritu Santo; pues aún no había bajado sobre ninguno; estaban solo bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo.

Palabra de Dios.

 SALMO:

"Aclamad al Señor, tierra entera” (Salmo 65)

R.  Aclamad al Señor, tierra entera.

V.  Aclamad al Señor, tierra entera; tocad en honor de su nombre, cantad himnos a su gloria. Decid a Dios: «¡Qué temibles son tus obras!». /R. 

V.  Que se postre ante ti la tierra entera, que toquen en tu honor, que toquen para tu nombre. Venid a ver las obras de Dios, sus temibles proezas en favor de los hombres. /R. 

 

V.  Transformó el mar en tierra firme, a pie atravesaron el río. Alegrémonos en él. Con su poder gobierna eternamente. /R. 

V.  Los que teméis a Dios, venid a escuchar, os contaré lo que ha hecho conmigo. Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica ni me retiró su favor. /R. 

 SEGUNDA LECTURA:

"Muerto en la carne pero vivificado en el Espíritu” (1 Pedro 3, 15-18)

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro.

Queridos hermanos:

Glorificad a Cristo el Señor en vuestros corazones, dispuestos siempre para dar explicación a todo el que os pida una razón de vuestra esperanza, pero con delicadeza y con respeto, teniendo buena conciencia, para que, cuando os calumnien, queden en ridículo los que atentan contra vuestra buena conducta en Cristo. Pues es mejor sufrir haciendo el bien, si así lo quiere Dios, que sufrir haciendo el mal. Porque también Cristo sufrió su pasión, de una vez para siempre, por los pecados, el justo por los injustos, para conduciros a Dios. Muerto en la carne pero vivificado en el Espíritu.

Palabra de Dios.


R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

V.  El que me ama guardará mi palabra —dice el Señor—, y mi Padre lo amará, y vendremos a él.

R.  Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO:

"Le pediré al Padre que os dé otro Paráclito” (Juan 14, 15-21)

+  Lectura del santo Evangelio según san Juan.

 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros. No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él».

Palabra del Señor.

DISCÍPULOS MISIONEROS

VER. -

Ante una convocatoria diocesana, una de las responsables comentaba: ‘Cuánto cuesta que la gente se mueva y participe en estas iniciativas. No lo ven como algo necesario’. Y esto mismo ocurre también a nivel parroquial: se hacen propuestas, convocatorias, invitaciones a participar en algún área pastoral, y la respuesta es mínima, el conjunto de la feligresía se limita al cumplimiento dominical y asistir a los ‘sacramentos sociales’ (bodas, bautizos, comuniones). Las llamadas a asumir un compromiso evangelizador tampoco se ven como algo que les afecta directamente, y que además es necesario.

JUZGAR. -

En la Diócesis de Valencia estamos llevando a cabo un proceso de reflexión y sensibilización de cara a la elaboración de unas futuras orientaciones pastorales. El material que se ha editado lleva por título ‘Dad el fruto que pide la conversión: comunión, participación y misión’, y en el Tema 5, ‘Primer Anuncio y discipulado’, se nos recuerda que «la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe en Aparecida articuló la identidad del cristiano para nuestro tiempo como una unidad inseparable: discípulo y misionero. No se puede ser discípulo sin ser misionero, ni misionero sin ser discípulo de Jesús».

Esta doble dimensión de la identidad del cristiano, que para muchos suena a algo novedoso, era lo normal y lógico para los primeros cristianos, que vivían un ‘discipulado misionero’, como hemos estado escuchado estos domingos de Pascua en la 1ª lectura. Como discípulos, “perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la fracción del pan y en las oraciones” (Hch 2, 42); como apóstoles, anunciaban que “a Jesús el Nazareno… Dios lo ha resucitado y de ello somos testigos nosotros” (2, 32); y ante la pregunta de la gente: “¿Qué tenemos que hacer, hermanos?” ellos proponían: “Convertíos y sea bautizado cada uno de vosotros” (2, 37-38)

Era un discipulado misionero que desarrollaban también en medio de las dificultades. Hoy en la 1ª lectura hemos escuchado que “Felipe bajó a la ciudad de Samaría y les predicaba a Cristo”. Felipe, uno de los siete diáconos (1ª lectura del domingo pasado), tuvo que huir de Jerusalén debido a la persecución desencadenada tras la ejecución de Esteban, pero esto no le frenó ni le hizo ocultarse, sino que siguió siendo discípulo misionero, porque «el discípulo es aquel que, habiendo encontrado a Jesús, se sienta a sus pies para aprender de Él, para conformar su vida con la de Él. El misionero es aquél que, impulsado por el amor y la alegría de ese encuentro, no puede contener el deseo de comunicarlo a otros».

Y no pensemos que Felipe tenía unas capacidades especiales; lo que a él le movía es lo mismo que debería impulsarnos a nosotros para ser discípulos misioneros: la fuerza del Espíritu Santo, el mismo Espíritu que movió a Felipe y que hemos recibido en el Bautismo y en la Confirmación y que, como ha dicho Jesús en el Evangelio, “mora con vosotros y está en vosotros”.

Este domingo de Pascua nos hace una llamada a redescubrir y renovar lo que es y significa haber recibido el Bautismo y la Confirmación: «Los sacramentos son los cauces ordinarios a través de los cuales la gracia de Dios fluye en la vida del creyente, configurándose como discípulo y capacitándose para la misión. No son actos de piedad privados, sino celebraciones eclesiales que insertan al cristiano en el misterio pascual de Cristo y lo envían al mundo como testigo. Cada sacramento, a su modo, es una fuente de vida para la misión.

El Bautismo no sólo nos limpia del pecado original, sino que nos regenera a una vida nueva, nos incorpora a Cristo y a su Iglesia. Ser bautizado es ser enviado. Esta llamada es inherente al sacramento mismo. El sacramento de la Confirmación perfecciona la gracia bautismal. Confiere una fuerza especial del Espíritu Santo para ser “testigos” de Cristo Resucitado, habilitando y comprometiendo al fiel a acoger con fe el Evangelio y a anunciarlo con palabras y obras».

«Esto tiene implicaciones pastorales radicales». Frente a la concepción individualista y acomodada de la fe cristiana, que se limita al cumplimiento y rechaza el compromiso en la misión evangelizadora, «el Bautismo y la Confirmación ‘ordenan’ a todos los fieles para la misión común de la Iglesia».

ACTUAR.

¿Llevo a cabo algún compromiso evangelizador? ¿Participo en las convocatorias y propuestas parroquiales y diocesanas? ¿Comprendo el significado del Bautismo y de la Confirmación?

Si los primeros cristianos hubieran actuado como la gran mayoría de los actuales miembros de la Iglesia, el anuncio del Evangelio no hubiera llegado a nosotros. Ser discípulos misioneros no es algo optativo, es algo que forma parte del ser cristiano, y el mismo Señor nos ha dado su Espíritu Santo para que nos impulse. Tengamos presente nuestro Bautismo, recibamos la Confirmación si no lo hemos hecho, y pongámonos en marcha, como Felipe, para responder a la misión que el Señor nos encomienda.  



DOMINGO VI DE PASCUA - CICLO A