sábado, 19 de mayo de 2018

DOMINGO DE PENTECOSTÉS.

COMENTARIO AL EVANGELIO

Hay una costumbre antigua que puede ayudarnos a entender el significado del don del Espíritu Santo. Se trata de la costumbre de “dejar algo en prenda”. Habitualmente estaba ligado a un préstamo. El receptor del préstamo “dejaba algo en prenda” como prueba de que devolvería lo prestado, en este sentido es equivalente al aval que hoy se requiere al solicitar un préstamo. También la prenda podía estar ligada con la marcha de una persona. Cuando alguien tiene que ausentarse podía dejar algo en prenda como garantía de que iba a volver. En el extremo, una persona podía quedarse “en prenda” de otra, como por ejemplo ocurre en la historia de José, cuando Simeón queda “en prenda, mientras sus hermanos van a llevar las provisiones a su tierra (Gn 42, 19s). Pues bien el Espíritu es la “prenda” de la salvación.
Jesucristo sube al cielo, es decir, participa de la gloria de su Padre, y ha prometido volver, para que nosotros también participemos de esta misma vida divina. Mientras viene nos deja “en prenda” su Espíritu Santo. Por un lado El Espíritu Santo es garantía de que Cristo es veraz (Él dará testimonio de mí, dice el Señor), y por otro, el Espíritu es ya participación en la misma vida divina. mientras caminamos por este mundo, a la espera del encuentro definitivo con Cristo, el Espíritu nos irá dando la vida que recibe del Padre, La vida de Cristo que Él ha querido compartir con nosotros.